Miguel Lozano, récord de España que ha descendido a 122 metros de profundidad: «Es más peligroso conducir que hacer apnea»
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«La apnea es una buena herramienta para la gestión emocional y el estrés diario», explica el barcelonés
23 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El océano es el más antiguo de los sabios. Para Miguel Lozano (Barcelona, 1979) la apnea es un deporte introspectivo: cuanto más te sumerges, más dentro de ti exploras. «A pesar de que en mi pueblo costero de Barcelona no hay tradición pesquera fuerte, las personas tenemos una relación especial con el mar. Mi padre me llevaba con gafas, tubo y aletas. Me despertó una curiosidad y tranquilidad en el agua», relata. Lo que comenzó como un pasatiempo de esnórquel recreativo dio un vuelco entre el 2004 y 2005, cuando descubrió que era un deporte competitivo con una metodología rigurosa. Devoró manuales, hizo maletas, comenzó a viajar y retomó esa conexión con el mar que había nacido años atrás cuando era solo un niño. Antes de dar el salto profesional, solo entrenaba en piscinas. No buscaba tiempo, técnica o distancia, sino relajarse después del trabajo. La curiosidad se fue convirtiendo en pasión. «Al inicio era más terapéutico que deportivo. Luego me fui a vivir a Dahab (Egipto), donde hay una comunidad de apnea en el famoso Blue Hole. Ahí empezó todo».
Esta práctica milenaria no es nueva. Ya en la Grecia clásica, los Urinators se sumergían para recuperar anclas o monedas, mientras los pescadores usaban la skandalopetra —una piedra hidrodinámica— para recolectar esponjas. Siglos después, en 1949, Raimondo Bucher, pionero del buceo mundial, rompió los límites modernos al descender a 30 metros con equipo técnico de máscaras y aletas. Sin embargo, para el catalán, el abismo no requiere una búsqueda concreta: «Es aprender sobre una actividad que te da momentos de paz y conexión entre cuerpo, mente y naturaleza. Al enfrentarte a tu instinto de supervivencia, aprendes sobre tus miedos y cómo gestionarlos».
Lozano compara la apnea con la exploración espacial, en su sitio web hay un eslogan que reza: «12 personas han pisado la Luna en toda la historia de la humanidad, solo 8 hemos descendido hasta los -120 metros». A pesar de la épica de la cifra, insiste en que no solo busca romper récords y límites fisiológicos por mero ego: «Es una exploración hacia dentro, no hacia fuera». Esa es la frontera que separa la apnea del buceo tradicional. Bucear suele ser recreativo, mientras que la apnea deportiva se sostiene sobre la biomecánica, la técnica, la compensación y la relajación. «Te enseña a gestionar mejor el aire y a ser más eficiente», apunta.
Su gran referente es el legendario Umberto Pelizzari, heredero de la escuela de Enzo Maiorca y Jacques Mayol, los eternos rivales de la película El gran azul (1988). Frente a metodologías más agresivas basadas en una lucha física, Lozano ha preferido abrazar esta corriente más filosófica. «Su valor principal es la aceptación de la vulnerabilidad. Es una especie de rendición más que de combate», explica. Hoy en día todo se ha estandarizado porque se sabe que son igual de importantes la respiración como la fuerza.
BAJAR PARA ENCONTRARSE
La rutina de un entrenamiento diario para un apneísta es un proceso que va por ciclos. Al inicio de la temporada, el gimnasio y la piscina mandan para ganar tolerancia a la hipercapnia (exceso de CO2) y la hipoxia (falta de oxígeno). «Cuando ya tienes experiencia, el objetivo es acumular más volumen de trabajo en piscina y gimnasio para ganar fuerza y tolerancia a la falta de oxígeno», puntualiza. Los meses previos a la competición, el entrenamiento se vuelve milimétrico: estiramientos diarios, flexibilidad, técnica de aleteo y profundidad específica.Una de las cuestiones más fascinantes que pueden surgir es cómo se gestionan emociones como el miedo o la ansiedad cuando se desciende a las profundidades. «La mayoría de las veces estamos tan concentrados en lo técnico que nos olvidamos de eso, pero puede haber pensamientos intrusivos previos a la bajada, cuando te dicen: “queda 1 minuto”. El instinto aflora, el corazón se acelera y la adrenalina se dispara. La clave es mantener la atención fija en la visualización».
A pesar de la creencia compartida de lo contrario, la apnea es una actividad segura siempre que se cumplan las condiciones de seguridad adecuadas. En competición, la tasa de mortalidad es de un caso por cada 50.000 apneístas. «Es más arriesgado conducir un coche que hacer apnea», sentencia con rotundidad. Y agrega: «Podemos perder el conocimiento, pero la fisiología está de nuestra parte: a más profundidad, más oxígeno concentrado en sangre». Aunque la bajada se realiza en absoluta soledad, el ascenso cuenta con un estricto protocolo de seguridad por un «sistema de parejas» que bajan para encontrarse en los últimos 10 metros. Lozano ha sufrido cuatro o cinco síncopes en su carrera, todos persiguiendo un récord mundial. El primero fue en Bahamas en el 2012. «El cerebro apaga el control motor para conservar el oxígeno en los órganos vitales. Me asistieron y en 15 segundos estaba despierto. Significa que tuve que ir muy profundo para perder el conocimiento. No es habitual», aclara para desmitificar el peligro.
Una inmersión a 120 metros o más dura entre 4 y 5 minutos. Curiosamente, es uno de los deportes más longevos. Aunque cada vez hay más gente joven, los mejores apneístas del mundo se sitúan entre los 35 y los 45 años, una edad en la que se busca más la concentración y el entorno natural que la pura explosividad. Aunque su descenso más icónico ocurrió en Roatán (Honduras) al alcanzar los -122 metros en el 2016, hoy Lozano gestiona dos escuelas en Canarias y Egipto en las que combina formaciones y avistamiento de fauna. Al analizar la geografía, es honesto respecto a las aguas del norte: «Galicia, por sus corrientes, temperaturas frías y aguas turbias, no ofrece las condiciones idóneas para la apnea profunda, lo que empuja a los aficionados gallegos a migrar sobre todo a las Islas Canarias. He hecho apnea en casi todo el mundo, pero Tenerife es posiblemente el mejor lugar del planeta para practicarla», confiesa. Actualmente, el mapa de la apnea se divide entre el auge de Europa del Este y el boom en el Sudeste asiático de países como Corea, Filipinas o Indonesia. «Los mejores están en esas zonas». España, por el momento, no es una potencia. «Francia e Italia sí lo son porque cuentan con más cultura de club y financiación», lamenta Lozano. Aún así, el panorama español cuenta con talentos destacados como Fran Quesada o Isabel Sánchez-Arán «Para estar con los mejores hay que entrenar y competir en esos sitios, y eso depende de recursos. La apnea se autofinancia en muchos casos, y las marcas confían menos en deportes minoritarios». Toda esta exploración interior le ha llevado a una conclusión rotunda: «La apnea es un espejo de uno mismo: te enseña quién eres, tus miedos, tu parte animal».