Esta gallega soplará las velas en poco más de un mes. Prejubilada desde el año pasado, está en uno de los momentos más pletóricos de su vida: haciendo lo que siempre quiso hacer y sin dar explicaciones a nadie
13 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.María Jesús, Cachi, López está disfrutando de una nueva etapa en su vida: la de la libertad, sin compromisos ni obligaciones. El próximo 23 de agosto cumplirá 64 años. No los aparenta: ni por fuera ni por dentro. «Creo que ahora mismo estoy en el momento de las asignaturas pendientes, ¿sabes? De hacer cosas que siempre quise hacer y que nunca pude», cuenta mientras se toma un café con leche de avena. En su agenda, ahora que está prejubilada, hay muchas actividades. «Pues, por ejemplo, parece mentira que siempre haya trabajado en una empresa textil y nunca supiese coser. Ahora voy a clases de costura». Es una de sus tareas, pero también hay otras, como aprender gallego: «Nunca lo estudié en el cole y ahora hago conversación». También le encanta leer, así que en su agenda de la semana no falla asistir al club de lectura. «Y también hago voluntariado con la asociación contra el cáncer, que es algo muy bonito, es como un máster de gratitud». A Cachi le gusta cuidarse: «Hago bastante deporte y voy cinco días a la semana al gimnasio: hago pilates y mucho ejercicio de fuerza». ¿Algo más? «Nada más, hija, vivo y me río y me despreocupo». Los 60 a Cachi le trajeron más cosas además de tiempo para hacer lo que siempre había querido. «En el tema de relaciones con los demás, es un momento un poco egoísta. Con los amigos la relación como que se intensifica porque no sé si es que los necesitas más o tienes más tiempo para dedicarles. Y después hay otra parte, otras personas a las que aprendes a decir “no” y empiezas a separar lo que no te interesa. EsTa es la parte un poco egoísta».
CUMPLEAÑOS CON TARTA
Ella pertenece a esa nueva generación en la que la edad es solo un número. Se podría decir que los 60 son los nuevos 50 o que los 50 son los nuevos 60. «En realidad la edad da igual». Para ella, soplar velas siempre fue una suerte: «En mi casa es obligatorio celebrar los cumpleaños con tarta y soplando las velas. De hecho, recuerdo algún año que mi hijo estaba estudiando fuera, que no estaba en casa, y que siempre le enviaba una tarta con su vela para que pudiese soplarla. Es una tradición que no se puede saltar».
Cachi se prejubiló en octubre del año pasado, con 63 años. «La verdad es que llevo trabajando de siempre, desde los 18 años», recuerda. «Cuando acabé el cole no pudieron pagarme una carrera. Entonces hice un curso de secretariado internacional y empecé ya con trabajos aquí. Después, como mi hermana vivía en Inglaterra, decidí irme a vivir y a trabajar allí», cuenta. Me busqué la vida en Londres de camarera en el museo Británico y después en el de Historia Natural. «Y allí fue donde conocí a mi marido, que es de Madrid. Había acabado la carrera y estaba allí estudiando inglés».
Ya con su pareja, Cachi se mudó a Gales, donde empezó a trabajar en una empresa de pesca. De allí se fueron a Cornualles. En total, estuvieron siete años viviendo fuera. «Por el medio nos casamos y después me quedé embarazada y nos mudamos a A Coruña: primero vine yo y un tiempo después mi marido». De esa etapa conserva buenos amigos: «Mi mejor amigo vive allí y voy todos los años a verlo o intentamos vernos en algún otro sitio. El año pasado por ejemplo, con otra amiga italiana, coincidimos en Italia, una maravilla».
Para Cachi, después de una vida fuera de Galicia, de haber criado a su hijo y de trabajar sin parar desde los 18 años hasta los 63, ahora no hay nada que la pare. «Es que esta, la de los 60, está siendo una etapa muy feliz. Primero porque es un momento en el que realmente le das muy poca importancia a las cosas. Lo único malo es estar enfermo y, salvo eso, si hay salud, no hay nada realmente importante. Con tener un poquito para gastar, para comer y un sitio donde dormir ya está», confiesa.
Cuando mira a su alrededor y se compara con otras personas de su edad cree que esa sensación de sentirse uno más joven es algo que pasa en cualquier momento. «Yo creo que todos nos vemos y nos sentimos más jóvenes cuando nos encontramos con gente de nuestra edad. En realidad, lo bueno de los 60 es que no sientes que tengas ninguna limitación. Lo único que hago, con diferencia a cuando era más joven, es que soy más cuidadosa con mi cuerpo en el sentido de que, por ejemplo, si bajo unas escaleras voy con más cuidado. Pero eso solo porque quiero seguir haciendo deporte, seguir divirtiéndome, seguir saliendo a cenar y a disfrutar. Soy muy fiestera y me gusta salir a cenar y tomar algo con mis amigos. Y, sobre todo, seguir viajando mucho», cuenta Cachi, que, asegura, «no sé si cuando tenga 80 años voy a poder viajar tanto o si voy a poder hacer los mismos viajes, así que ahora estamos haciendo todo lo que siempre habíamos querido, como ir a Asia».
UNA MADRE MUY MODERNA
Otra de las pasiones de esta coruñesa es la moda. Sobre si cree que hay diferencia entre cómo se vestía antiguamente con 60 años y cómo se viste ahora ella pone como ejemplo a su madre: «Mi madre ya era muy moderna vistiéndose y siempre recuerdo que se interesaba por la moda. Era una persona muy activa y siempre se vestía muy moderna de joven. De hecho, un día recuerdo que la vi con unos pantalones de cebra, no tenía miedo a nada. En general, creo que en A Coruña todo el mundo, da igual la edad que tenga, se preocupa por la moda y viste muy bien. Veo gente joven siguiendo las tendencias y gente de 60 preocupada también por la moda. Me gusta ir de tiendas y me encanta que mi madre me lo haya inculcado».
Para Cachi, todas las actividades que hace, todas las oportunidades que se le presentan ahora que ya no trabaja son momentos perfectos para aprender. «Yo intento sacarle partido a todo. Por ejemplo, voy a un club de lectura en la biblioteca de Durán Loriga y soy una de las más jóvenes. Tengo una compañera que tiene 94 años. Es una maravilla hablar con ella, que te cuente cosas, ver cómo está. La gente que va allí es gente mayor de edad, pero no de cabeza. Van a una actividad que las mantiene ocupadas y despiertas. Son gente mayor con un cuerpo mayor, pero nada más. Y para mí esa es la lección más importante: la edad es solo un número, pero hay siempre muchas oportunidades para disfrutar de cada momento con pequeñas cosas».
A sus casi 64 años Cachi cuenta que pocos sueños le quedan por cumplir: «Si mi familia tiene salud y puedo seguir viajando es lo más importante». «Te diría que lo tengo casi todo. Mi sueño sería quedarme así, rodeada de mi familia y mis amigos. Con mi marido siempre bromeamos diciendo que no nos va a tocar la lotería porque ya nos tocó el día que nos conocimos».