Tienen 43 y 47 años y se conocieron en el 98. Desde ese momento, este matrimonio gallego, ahora, con dos hijos, es inseparable. Creen que la clave para durar es compartir aficiones. Pero, ojo, porque siguen discutiendo «todos os días por tonterías», cuentan entre risas
08 jul 2026 . Actualizado a las 14:17 h.Tania Doldán Pérez y Walter Pardo Añón tienen 43 y 47 años. Él le saca a ella cuatro. Tenían 19 y 22 cuando formalizaron su relación. Corría el año 2000, aunque se conocieron en el 98, «cando eu fixen a mili», recuerda Walter. Los dos son de Malpica, en el corazón de la Costa da Morte. Fue en una noche de ocio, en el pub local Prisma, que sigue abierto, cuando entablaron su primera conversación. Lo recuerdan perfectamente. Pardo hacía guardias en la Cruz Roja los viernes o los domingos. Era el cierre de las fiestas locales y en el pueblo ya solo quedaban los lugareños. Fue ella la que dio el primer paso: «Saía polas escaleiras vestido da Cruz Vermella e díxenlle algo así como: ‘‘Así calquera fai as gardas!”». Él picó el anzuelo, y a partir de ahí ya fue quien tomó la iniciativa.
Eran los tiempos de la conocida Ruta da Parrochiña, la movida nocturna en la villa que atraía a los jóvenes, de modo que volvieron a coincidir en el Prisma. «Non sabía como se chamaba!», suelta él, «pero era tan guapa, cun sorriso que enchía o local de alegría». Fue lo que lo hechizó. «Chegaba o venres, e alí estaba eu xogando ao futbolín, ao lado das escaleiras, a ver se entraba ela», rememora entre risas. «Facíame rir moito, pasábao moi ben», comenta ella.
Walter era lonjero en Malpica, mientras que ella iniciaba la ingeniería de Caminos en A Coruña, por lo que se veían solo los fines de semana. Al llevar, literalmente, «media vida xuntos» y al haber sido, por partida doble, su primer amor, son muchas las anécdotas vividas. En esos comienzos, usaban las cabinas de telefonía para comunicarse. Su primer viaje fue por el norte de España en coche. «Entramos en Ondárroa de noite e había tres-catro tipos con metralleta», relatan. En Oviedo, su reserva en un alojamiento se traspapeló, y no les quedó más remedio que dormir en el coche, pero al problema le buscaron una fácil solución: «Había unha festa e fomos», narran entre risas.
Gaiteiros
Tania y Walter son dos personas muy conocidas en la localidad coruñesa ya que juntos fundaron la asociación cultural Malante, de música y baile tradicional. En el 2028, la entidad alcanzará los 25 años. Doldán hacía de ayudante de los profesores en la escuela municipal, y Pardo asistía a clase. Él asumió el cargo de presidente, pero ella era la que siempre llevó todo, reconocen. Es precisamente el hecho de compartir aficiones lo que definen como una de las claves del éxito para durar juntos tantos años. «É importante que o tempo libre sexa común, no sentido, por exemplo, de que a nós gústanos o folclore. Hai unha foliada? Pois imos os dous. Se tes unha parella coa que non compartes un hobby, é complicado, pensamos», coinciden en señalar. De hecho, aseguran que han conocido varios casos de parejas en los que no compartir los gustos fue el detonante de la relación.
También estuvieron cuatro años en la comisión de fiestas del pueblo. «Xunto cos nosos compañeiros, fixemos a primeira Festa da Xuventude o Xoves Santo e houbo un lío material co cura. Non sei como despois diso nos casou [risas]», confiesan. Recientemente fueron de excursión con Malante a Carboeiro y se llevaron a los dos hijos, Borja, de 9 años, y Antía, de 5. Y eso que el mayor no les ha salido gaiteiro, todo al contrario. «Unha prima de Walter dime que eu sempre lle digo que si a el, a facer unha travesía a nado, a abrir un pub, a presentarse ás eleccións á alcaldía...», recuerda Tania que no le queda más remedio que reconocerlo. Pardo Añón fue el regidor de Malpica desde el 2019 hasta el 2021, cuando salió adelante una moción de censura. «Walter non leva cargo de alma porque foi moi festexeiro. Tiña un pub en Ponteceso [luego tuvo otro, el Sodoma, ya en Malpica], e un día, eu marchei para a casa porque tiña que estudar. Díxenlle que me dese un toque cando chegase á casa, porque daquela non se podía gastar [risas], para quedar tranquila. Eran as dez da mañá, e aínda non chegara, e dime: ‘‘Estou indo almorzar a Valladolid e volvo''». La malpicana no dio crédito (lógico). Resulta que fue una cosa de amigos que se les fue de las manos. Habían conocido a unos chavales de Valladolid en Malpica y, tras una noche de juerga —de trabajo para Walter—, decidieron darles una sorpresa. A Tania no le sentó muy bien la propuesta, digamos. «Estiven enfadada quince días! Eu é que son moi formal, ja ja», dice.
La pedida de mano, en esta pareja tan simpática, también fue memorable. «Desapareceu todo o día», empieza ella relatando. Iba de compras con el hermano, en realidad, en busca del anillo. «Chegou á casa, despois de non falarme en todo o día, e díxome: ‘‘Vístete que imos cear''. E eu, toda enfadada. Despois levoume ao porto, a onde iamos pasear ao principio. Eu non quería, pero fun porque me aburriu de tanto insistirme, aínda que eu non sospeitaba nada», añade. De repente, empezó a haber fuegos artificiales enfrente de ellos, pero Tania siguió a lo suyo: «Dixen: ‘‘A xente de Malpica tamén bota fogos así porque si'', e sacoume o anel». El resto ya es historia.
La boda se celebró en el 2014. Teniendo una exitosa asociación que era ya una familia, no quisieron dejar a nadie fuera, aunque hoy en día se acuerdan de un matrimonio al que no invitaron por no meterlos en un compromiso, algo de lo que ahora se arrepienten. Ambos tienen, además, familias muy numerosas. Había 249 personas, solo fallaron dos. En el restaurante A Lagoa, de Vimianzo, no dieron crédito, trasladan los malpicáns: «Dixéronnos que adoitaba fallar o 20 %. Tamén lle avisamos de que en Malpica eramos moi bebedores e tiveron que ir buscar más licores polos bares de Vimianzo. Todos quedamos moi contentos». Esa misma noche pusieron rumbo a Estados Unidos. Al regreso a casa, sus colegas les tenían preparada una sorpresa: les llenaron todo el pasillo del piso con vasos de plástico con agua, y les envolvieron la cama con la pancarta que anunciaba su enlace y papel film. Esa velada en el sofá, luego de llegar tremendamente cansados, tampoco la olvidan.
Tania y Walter se convirtieron en padres en el 2017. «Borja foi o primeiro neto e o primeiro sobriño para as dúas familias. Eramos 50 no hospital», rememoran. Antía nació en plena pandemia, una época que marcó especialmente al hijo mayor, que empezaba a descubrir el mundo. «Os avós saudábano dende a ventá, polo confinamento, e o día que puido entrar nas súas casas, non quería. Díxonos que pensou que os avós non o querían. Non entendía o de que había un bicho», trasladan.
NACIÓ LA PEQUEÑA
El nacimiento de la pequeña fue totalmente distinto, con los dos progenitores solos, sin familia, en el centro hospitalario. Por aquel entonces, Pardo Añón ya era alcalde, otro gran reto que no hizo mella en el matrimonio. Ahora sigue siendo el concejal portavoz del PSOE municipal, en la oposición. «Os nenos foron outro proxecto noso. Con un só non notamos moito a diferenza coa vida anterior porque xa estabamos adestrados [por la asociación]. Con dous si porque é máis traballo á hora de bañalos, darlles de comer, etcétera», explican. Los dos trabajan y se sienten muy agradecidos por el apoyo que les brindan sus padres con los niños. Siendo alcalde de Malpica y en plena pandemia, Walter confiesa que disfrutó poco de la pequeña. ¿Sigue vivo el amor después de tanto tiempo?, se preguntarán muchos. «Reñimos todos os días por tonterías como o tema da prancha, cando se prancha a roupa, ao saír da lavadora ou cando a vas poñer», afirman. No hay mejor demostración de que la cosa va viento en popa. «Para min é ter entendemento, non dicir, marcho! Se che gusta a persoa, hai que saber falarse. Mais agora, pasar o traballo con outra? —bromea—. O seu olor, o tacto da pel, a min iso faime feliz», concluye el malpicán.
Ellos acertaron a la primera y demostraron que el amor existe y triunfa en plena juventud.