Esta ciudad, la segunda de Irlanda, con nombre del condado homónimo, tiene fama de ser la capital culinaria del país. Lo es, pero da mucho más de sí. Ahora, a un suspiro de Galicia
08 jul 2026 . Actualizado a las 13:05 h.Galicia también limita al norte con Irlanda, mar por medio. Siempre merece la pena adentrarse en ella a través de la mitología, por ejemplo, con el célebre Libro de las Invasiones (Lebor Gabála Érenn), con Breogán y con Ith, pero en los tiempos actuales la compañía Aer Lingus (y la apuesta clara de Turismo de Irlanda) acaba de ponerlo más fácil y rápido: los lunes y los jueves, el sur del país es un paseo de poco más de una hora sobre el mar, de orilla a orilla y en el aire, desde Santiago. En un suspiro se aterriza en Cork, la segunda ciudad del país y capital del condado del mismo nombre. Una zona de fuerte personalidad: que a nadie sorprenda ver un mapa señalizando esta tierra con su nombre, Cork, y todo lo demás del país, hasta el norte, Not Cork. El descenso ya ayuda a entender que entramos en un país verde, muy verde, no solo de tréboles sino de fincas esmeralda, mucha agua y fuerza suficiente para haber despertado desde hace más de un siglo el interés de los grandes intelectuales de Galicia en busca de un espejo al que mirarse. Como en Irlanda, como en Irlanda, escribía Brañas. Para situarse: la ciudad de Cork, con una universidad en la que también se enseña gallego, erguida en una zona pantanosa atravesada por el río Lee, que en el centro se desdobla y forma un curiosa isla almendrada, tiene algo más de 200.000 habitantes. El condado, equivalente a la provincia, forma parte de la de Munster (que allí habría de corresponder con la región), con más o menos medio millón habitantes repartidos en una superficie similar a la coruñesa.
La ciudad tiene muchas famas, y la de capital culinaria es una de ellas, tal vez la más conocida. Nada extraño, a poco que se tome uno un tiempo en los restaurantes, muy cerca de un extraordinario puerto natural, o que siga la agenda de los festivales gastronómicos del año. O simplemente pase por el Mercado Inglés (desde 1788), con productos de calidad que compiten por atraer por el olor y por la vista. Esa es una de las paradas necesarias, lo mismo que la catedral de San Finbar (Saint Fin Barre's Cathedral), joya neogótica diseñada por William Burges y consagrada en 1870, en un enclave que ha sido lugar de culto cristiano desde el siglo VII. Vale la pena acercarse hasta la iglesia de Santa Ana, de 1722 (no confundir con la otra catedral, la de Santa María y Santa Ana), subir los 132 peldaños que llevan al campanario, observar su mecanismo (hay que colocarse cascos, por el ruido) y disfrutar de las vistas a los cuatro puntos cardinales.
Si el tiempo acompaña (ahora en verano, es muy probable) vale mucho la pena alquilar una bicicleta eléctrica con Cork Harbour Greenway Cycle Tour, desde St. Patrick's Quay y disfrutar de un llano y extraordinario paseo junto al río, rodeado de árboles y tranquilidad. Y parada, entre otros lugares, en el castillo de Blackrok (siglo XVI), donde además hay un observatorio robótico y centro de visitantes con exposiciones y actividades relacionadas con la exploración espacial y lo extraterrestre.
En el trayecto seguro que se ha observado una enorme estructura cual rascacielos, de momento en esqueleto constructivo, llamada a ser el edificio más alto del país. Y posiblemente una gran nave en Centre Park Road abarrotada de negocios y animación en la que vale la pena parar para pasear y degustar.
BESAR UNA PIEDRA
Pero, como ya se ha dicho, Cork no es solo ciudad, y el territorio condal tiene mucho para ver. No es mala idea alquilar un coche y perder el miedo (salvo en las rotondas) a conducir por la izquierda con el volante a la derecha, como se hace en más de setenta países. Sí, también en Irlanda. El castillo de Blarney, a unos ocho kilómetros, con sus imponentes jardines (nada versallescos, y además estos días están llenos de bilitroques) es punto obligado de destino. Con suerte no habrá mucha cola para subir a lo alto y besar la piedra en una posición estirada, con la cabeza sobre el vacío y lo más digno que uno pueda. A cambio, recibirá el don de la elocuencia, o eso se cuenta. Mientras uno hace cola se pueden ir leyendo las diferentes versiones legendarias sobre este lugar tan mítico, fascinante y recomendable de Irlanda.
Otra buena para es la centenaria destilería Midleton, la del whisky Jameson (y otros). Aunque uno no sea forofo de esta bebida, acaba entendiendo su importancia, historia y sabores en las rutas guiadas por las entrañas de este lugar a través de las catas. Como curiosidad (una de tantas), tiene el alambique más grande del mundo. En este tipo de experiencias es igualmente recomendable pasarle por el pozo de bar Franciscan, una cervecería heredera de un monasterio franciscano donde ya elaboraban esta bebida hace casi mil años. Además de probar, se aprende mucho.
¿Qué otros lugares elegir, entre los muchos tan interesantes de esta parte de Irlanda? Cobh no debe faltar. Por su catedral, por su puerto, su historia migratoria, sus calles. Es una villa pequeña a la que llegan (impacta un poco) trasatlánticos de miles de viajeros, pero todo fluye de una manera natural, nada choca. Hay que visitar el museo dedicado al Titanic. Más que museo, toda una experiencia para descubrir cómo era la vida a bordo para los pasajeros del barco y los hechos que rodearon su hundimiento, días después de haber hecho su última escala, precisamente en Cork. Como el puerto-bahía es enorme, hay opciones de recorrerlo a través de las lanchas rápidas de Cork Harbour Boat Hire, toda una experiencia con varias opciones. Tal vez la mejor sea la que obliga a enfundarse el traje de aguas, sentarse como en una moto, agarrarse delante y a disfrutar con las olas. Y Kinsale. Nunca debe faltar en una visita a Cork. Una localidad histórica, ligada a la historia naval del país, que tuvo tiempos gloriosos y decadentes, y ahora es un encantador espacio por el que callejear y descubrir sus alrededores. Sobre todo, la espectacular fortaleza de Charles Fort, que forma parte del sello Heritage Ireland. Para la visita hay guías y trípticos en español.
Los acantilados cercanos parece que están esperando por las fotos, como imagen identitaria del país. Para dormir en Kinsale es buena opción el Trident Hotel Kinsale, y para comer lo típico, el Fishy Fishy. En Cork, The Montenotte Hotel, un lugar con opciones muy variadas, incluidas las de gran lujo (lo que aquí llamaríamos cabañas en medio de la naturaleza), con amplias instalaciones y un bar de película con actuaciones en directo (y para la práctica: muchos empleados son españoles y eso lo hace todo más sencillo). Además, el 4 de febrero de 1980, U2 ofreció un concierto en el Country Club Hotel, que ahora es el Montenotte. En la azotea, David Corio tomó la famosa sesión de fotos utilizada en la portada del recopilatorio U218 y el libro U2 By U2. Un apunte musical para incidir en que Cork está lleno de locales donde, por las noches, hay música en directo. Y muy buena, generalmente.