Dejarse y volver resulta les resulta muy fácil. Varias psicólogas explican si estos vaivenes son frecuentes y cómo se debe afrontar el darse otra oportunidad. «Retomar una relación no es necesariamente un error ni una garantía de éxito», afirman
19 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hace unos días conocíamos que Alice Campello y Álvaro Morata volvían a estar juntos por tercera vez. La historia del —¿todavía?— matrimonio, que parecía de cuento de hadas con cuatro hijos en común, ha atravesado múltiples baches de idas y venidas durante su historia. Pero ellos no han sido los únicos dentro del famoseo que han decidido dejar y retomar su relación más de una vez. Jennifer Lopez y Ben Affleck comenzaron a salir en el 2002, tras conocerse en el rodaje de Gigli. Llegaron a comprometerse, pero dos años después cancelaron su boda y se dejaron. El destino jugó sus cartas y 20 años más tarde, en el 2021, volvieron a estar juntos. Esta vez sí se casaron, pero terminaron divorciándose en el 2024. En el panorama español, Amelia Bono y Manuel Martos dieron por finalizada su relación de 15 años —y en la que dieron la bienvenida a cuatro retoños— para darse una segunda oportunidad poco después. No prosperó, aunque mantienen un buen trato. Pero si hablamos de idas y venidas, Laura Matamoros y Benji Aparicio se llevan la palma. La pareja, que tiene dos hijos, llegó a dejarse hasta tres veces en un lapso de cinco años. Entonces, ¿las segundas partes nunca fueron buenas? Las psicólogas Eugenia Gómez-Ulla, Adriana Martínez y Lara Ferreiro lo explican.
Afrontar los sentimientos
«En una relación conviven muchas cosas a la vez. Muy a menudo el amor con el malestar, la ilusión, el cansancio... Hay muchos factores, como estos, que pueden inclinar la balanza hacia un lado u otro en distintos momentos. Pueden existir muchísimos motivos para terminar una relación y, a la vez, esos motivos convivir con que sigues queriendo a tu pareja. A la hora de romper, lo más esperable es que exista ambivalencia después de haber estado con quien quieres», afirma Eugenia Gómez-Ulla. «Es una situación más habitual de lo que parece, y suele traer consecuencias emocionales importantes para al menos uno de los dos miembros de la pareja. Muchas veces, detrás de estos vaivenes existe una dificultad para afrontar los sentimientos difíciles que acompañan a una ruptura definitiva: tristeza, ansiedad, o incertidumbre sobre el futuro sin esa persona», explica Adriana Martínez.
«A la hora de romper, lo más esperable es que exista ambivalencia después de haber estado con quien quieres»
Sin embargo, es necesario sanar heridas antes de retomarla. «Las segundas oportunidades, en general, no son buenas, pero al final depende de qué haya cambiado desde la ruptura. Hay que empezar a quitarse de la cabeza que el amor basta para que una reconciliación funcione, pero la realidad es que los sentimientos no solucionan por sí solos los problemas que llevaron a la separación», indica Lara Ferreiro. «Creo que se puede intentar de nuevo siempre y cuando los motivos que llevaron a la separación se hayan trabajado y haya unas garantías mínimas de que las cosas van a ser diferentes. En contra de lo que se suele decir popularmente, sí puede haber segundas partes buenas e incluso mejores que las primeras si ambos miembros de la pareja trabajan para que aquello que no funcionó la primera vez se maneje de un modo distinto», puntualiza Adriana Martínez.
«Se puede intentar de nuevo siempre y cuando los motivos que llevaron a la separación se hayan trabajado»
Después de dejarlo con alguien, nuestra cabeza hace de las suyas. Ahí es cuando entra lo que la psicología denomina «memoria rosa». «Es lo que se llama la idealización retrospectiva. Tras una ruptura, el cerebro no recuerda la relación de forma objetiva y tendemos a minimizar los conflictos y a magnificar los buenos momentos. Esta visión parcial puede hacer que una reconciliación parezca la solución perfecta», afirma Ferreiro. Manejar los impulsos y darse un tiempo es fundamental. «Es importante que lo que sentimos no sea lo único que tengamos en cuenta a la hora de tomar la decisión de volver con una expareja. Hace falta ese período de reflexión donde veamos si efectivamente existe alguna condición distinta al momento donde se decidió zanjar la relación para no ir directos hacia el mismo sitio. Volver no es necesariamente un error ni es una garantía de éxito. La diferencia suele estar en si la reconciliación realmente responde a una decisión consciente o si tiene que ver más con una respuesta a la emoción del momento, más de ese corto plazo o propia del proceso de duelo», añade Gómez-Ulla.
Y, salvo Jennifer Lopez y Ben Affleck, todas las parejas mencionadas al principio tienen hijos en común. Las tres psicólogas coinciden en que los pequeños necesitan entornos estables. «Cuando hay hijos de por medio, la decisión de volver con un ex se vuelve mucho más compleja porque ya no afecta únicamente a la pareja, sino a todo el sistema familiar. De hecho, es bastante frecuente reconciliarse exclusivamente por los hijos. Como psicóloga, siempre digo que los niños necesitan padres emocionalmente sanos más que padres juntos a cualquier precio», afirma Ferreiro.
«Es frecuente reconciliarse exclusivamente por los hijos. Como psicóloga, siempre digo que los niños necesitan padres emocionalmente sanos más que padres juntos a cualquier precio»
¿Cómo se debe volver a empezar? «Para consolidar los cambios, es recomendable que la reconciliación se produzca de forma gradual, con calma y tranquilidad, prestando especial atención a lo que va ocurriendo en el proceso», indica Martínez. «Después de una reconciliación suele aparecer una fase en la que todo parece perfecto, conocida como “segunda luna de miel”. El problema surge cuando vuelven la rutina, las diferencias y los conflictos cotidianos. Es importante recordar que volver no elimina automáticamente los problemas», cuenta Ferreiro. Aun así, es normal sentir dudas. «Es esperable que al inicio pueda existir cierta desconfianza, que haya miedo y que podamos precisar de nuestra pareja algunos cuidados especiales que quizás en el pasado no necesitáramos. Esto no significa que sean malas o que impliquen dependencia y sean para siempre. Pero, a veces, después de una ruptura muy dolorosa, necesitamos cuidarnos de una forma especial y delicada hasta volver a caminar hacia cierta estabilidad», concluye Gómez Ulla.