Cristina Campabadal, experta financiera: «Recomiendo una quedada al mes con amigas para tomar un vino y solo hablar de dinero»
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Dice que hay que elegir un buen momento, pero siempre tratar el tema, sobre todo antes de irse a vivir con alguien. También anima a sentarse delante de la cuenta con frecuencia, y hacer una visita al banco cada dos meses
15 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hablar de dinero sigue siendo, para muchas personas, una conversación incómoda. En Un elefante en una habitación financiera, Cristina Campabadal (Barcelona, 1982) invita a romper ese tabú y a mirar de frente nuestras finanzas personales. Ella, que ha estado «dentro», ha trabajado en un banco y en gestión patrimonial, sabe qué es lo que más le incomoda a un banquero, pero aun así señala que el cliente debe hacerlo igual. Su experiencia, a raíz de la crisis del 2008, le enseñó mucho, y advierte del respeto que hay que tener a hipotecarse.
—¿Qué conversaciones sobre dinero dirías que casi nadie tiene a tiempo?
—Cuando una pareja se conoce, normalmente este tema no se suele tratar. Y antes de vivir juntos es superimportante. No cuánto tiene, sino cómo lo gestiona y cómo piensa sobre el tema. Imagínate que soy superconservadora y me da mucho miedo perder dinero, suelo invertir en cosas que me dan tranquilidad, no me la juego, digamos. En cambio, me dice mi marido, que es superarriesgado, quiere intentar ganar un 20 %, pero también puede perder un montón más. Entonces, no vamos a poder invertir juntos. Pero incluso en temas más sencillos: ¿cuentas conjuntas o separadas? ¿Qué valor le das al dinero? ¿Te lo gastas así a lo loco o lo valoras mucho y has crecido en una familia que te ha enseñado a ahorrar? A la hora de vivir en pareja, hay muchos conflictos, si no se han hablado. Hay que conocer a la otra persona no solo en sus hobbies, o cómo es, sino también cómo es con el dinero.
—¿Las cuentas separadas ahorran más de una discusión?
—Hay momentos que sí y otros que no. Depende de cómo sea cada uno. Si eres superindependiente, llevas diez años ahorrando, te has gestionado tu dinero y tal, yo no recomiendo ponerlo todo a nombre de los dos. Lo que sí recomendaría es que cuando pasas de soltera, digamos, a juntarte, tener tus cuentas separadas, pero aparte una común para gastos e incluso si tenéis planeado ahorrar para un viaje o para un coche o un proyecto en común, una de ahorro conjunto, porque eso une mucho.
—Pero si llegaste con ahorros , que sigan siendo tuyos...
—Exacto, unos ahorros o simplemente no quieres echar cuentas de cuánto te gastas en peluquería o en lo que sea. Al final, la libertad de gestión es muy importante, porque ahora que trabajan tanto hombres como mujeres, y las parejas si se tiene trabajo, suelen gestionarlo conjunto, pero veo también ese cierto punto de intimidad, que no es nada malo, pero si te quieres tomar un helado, no tienes por qué justificarlo o que el otro vea todo lo que haces. Pero hay parejas que, al contrario, deciden todo conjunto, ver todo lo que hace cada uno y ya está. Depende mucho de cómo sean como pareja, pero no se quieren menos las que tienen cuentas separadas. Porque en eso también hay confusión, simplemente es una forma de gestión diferente.
—¿Cuál es el mayor tabú financiero?
—En qué invertimos o cómo ahorramos. Esto no se habla entre amigos ni familia. Estamos muy acostumbrados a no hablar del tema, tanto en casa como fuera, y es un problema porque cuando un tema no lo tratas con nadie, no aprendes de cómo lo hacen otros o no puedes hacer comparativa de cómo lo haces tú. No sé si por vergüenza o miedo a mostrar que no se sabe de finanzas, cuando, en general, nadie sabe porque no nos han enseñado. No pasa nada. Otro tema muy tabú es no hablar con los banqueros como se debe. Hay que exigirles que nos respondan a nuestras dudas, que se tomen su tiempo. Hay que superar la vergüenza y a preguntar cuando no se entiende.
—Hablas como exbanquera...
—Exacto, porque estuve diez años en banca y otros diez en gestión patrimonial independiente, donde revisábamos el trabajo de los banqueros. Conozco muy bien todo, tanto desde fuera como desde dentro. Yo misma he visto, por ejemplo, que la gente se animaba más a preguntar cuando las banqueras éramos mujeres, daba menos corte decir: «Oye, esto no lo he entendido, me lo vuelves a explicar». Me acuerdo de que mis colegas me decían: «Yo hablo muy técnico porque creo que me entienden». Y le decía: «No, tienes que hablar sencillo porque a lo mejor les da vergüenza decirte que no lo han entendido». Para mí es el tabú más grande: la comunicación, no hablarlo. Y el cómo hablarlo.
—¿No acertamos con el momento?
—En pareja, cuando se va a hablar de dinero hay que hacerlo en un momento en que se esté muy relajado, no cuando llegas del trabajo, ahí puede haber conflictos. En cambio si abordas el tema un domingo por la mañana, desayunando con un cafetito y dices: «¿Por qué no vemos cómo lo estamos haciendo? ¿Qué proyecto tenemos a cinco años? ¿Un colchoncito o invertimos en algo? ¿Qué necesitamos?».
—Hablando de banqueros, ¿cuál es la pregunta que más les incomoda?
—Quizá sobre comisiones, y es una pregunta obligada que debe hacer el cliente siempre. ¿Qué comisiones implica esta inversión? ¿O cuánto me dais por esta cuenta remunerada? ¿O cuánto me cobráis por esta tarjeta? Creo que les incomoda, pero da igual, hay que preguntarlo porque es muy importante para el cliente.
—¿Qué prácticas del sector son más dañinas y hemos normalizado?
—Ahora cada vez hay más empatía, pero antes, no, había más frialdad. La gente está empezando a ver que quiere ser bien tratada. Antes tú entrabas en un banco y el primero que te atendía acababa siendo tu banquero. Ahora no, elegimos a nuestros banqueros, por eso hay un capítulo con diferentes perfiles, para saber a cuál elegir y cómo detectarlos, porque es muy importante que tenga empatía. Si solo mira el interés de la entidad, te puede perjudicar muchísimo o que inviertas de una manera errónea. Se ha deshumanizado mucho, cada vez hay menos empleados, menos atención al cliente y a la hora de gestionar nuestro dinero necesitamos que alguien nos lo explique, se tome su tiempo, nos pregunte...
—¿Qué producto financiero puede parecer inocente pero suele ser trampa?
—Una trampa puede ser que te ofrezcan algo a diez años y tengas 80 años. Más que un producto en sí, es el tipo de inversión. Si tienes 80 años y tienes 40.000 ahorrados, y te ofrecen ponerlos en un fondo que vence dentro de siete o diez años, está muy mal, porque lo vas a necesitar antes seguro. Tienes que tener cierta liquidez, que venza en un año renovable, pero no a siete. No es un producto, sino equivocarse en lo que necesita un cliente. Y ofrecer cosas que no se entienden. El cliente tiene que irse habiendo entendido perfectamente dónde ha puesto el dinero. Y el crédito también puede ser una trampa. Si te insisten en tener tarjetas de crédito, y no se han fijado que a lo mejor estás en el paro y no vas a poder pagar esos 100 euros a final de mes...
—¿Qué porcentaje del sueldo o ahorros propones dedicar a inversión?
—Sería un error decir que todo el mundo lo hiciera igual. No es lo mismo si tienes personas a tu cargo; si no tienes hijos, pero piensas tenerlos... El tipo de ahorro que necesitas hacer es más elevado en esta época. Pero, en general, sería muy bueno si de la nómina puedes ahorrar, pasar a una cuenta de ahorro, entre un 10 % y un 20 %. Si solo puedes un 5 % porque estás en una época difícil, no importa.
—¿Qué emoción dirías que destruye más el patrimonio: el miedo, la culpa, el ego o el querer aparentar?
—Todo eso es un problema. Pero el peor y donde veo más peligro, sobre todo para los jóvenes, es en querer aparentar. Es un absurdo muy grande, porque además, las grandes fortunas a las que he asesorado, ya no me dedico a eso, pero los millonarios de verdad no quieren aparentar. Hasta disimulan para ahorrarse muchos problemas. Lo que veo en internet me parece una película. El miedo es el segundo, por eso lo del elefante en la habitación financiera. Es algo a lo que nos tenemos que enfrentar, son nuestras finanzas personales, aunque no nos guste, y tenemos que saber manejarlas. Hay que perder el miedo a hablar de dinero, a sentarte frente a tu cuenta una vez al mes y ver en qué has gastado, cuánto te queda...
—Podría ser un hábito sencillo que nos genere paz financiera... ¿Alguno más?
—Sí, exacto. Otro sería, por ejemplo, si ves algo que te gusta y te quieres comprar, pensar en cómo me voy a sentir una hora después. Porque en el momento de la compra sientes cierta satisfacción, pero al cabo de una hora ese pico, al no ser una necesidad, cae, y te sientes culpable por haberte gastado esos 20 euros. Haría un ejercicio previo para evitar compras impulsivas. También, aparte de sentarte con tu cuenta, ir cada dos meses al banco para saber qué fondos tienen o qué están recomendando, porque tú estás pagando por ese servicio de asesoramiento cuando pagas comisiones. Y recomiendo hacer una quedada una vez al mes para tomar un café o un vinito, con amigas, y ese día solo hablar de dinero. No preguntarse lo que se tiene, que es de muy mal gusto, crea comparaciones y la gente se puede sentir mal, sino más de decir: «¿Has conseguido ahorrar en algún momento? ¿Cómo lo has hecho? ¿En qué has invertido?...». Ves otras realidades y no significa que tengas que hacer lo mismo que tu amiga, pero si normalizas estas conversaciones, puedes aprender, salir de dudas, tomar nota para preguntarle a tu banquero...
—¿Qué consejo financiero le darías a alguien de 20 años?
—Que se forme en finanzas. Que abra una cuenta, pregunte mucho, y no se crea lo que vea en internet. Que incluso que apunte y una vez al mes, si puede, le haga tres preguntas a sus abuelos, tíos, padres, profesor... ¿qué han hecho bien? ¿Qué errores cometieron? Y que se lo gasten en viajes y en sus intereses, pero un cojíncito de verdad que te salva la vida.
—¿Y a uno de 50?
—Que se quite todas las ideas que tiene sobre el dinero hasta ese momento, que haga como una limpieza mental, y diga: «No soy el que tenía 20 o 30 años. ¿Cómo debo gestionar ahora mismo mi dinero?». Cada 5 o 10 años, haría un reset, para pensar: «¿Tengo que seguir ahorrando en esto ahora? ¿O cómo hacerlo?». No seguir siempre siendo los mismos con el dinero, evolucionar.
—¿Hay alguna creencia que hayas cambiado radicalmente con los años?
—Yo aprendí mucho sobre el tema de hipotecarse y el crédito en la crisis del 2008. Tomé muy malas decisiones con 20 y pocos años por desconocimiento y exceso de confianza. Lo que he aprendido yo también con un palazo recibido es decir: «No sientas esa ligereza cuando vayas a pedir una hipoteca o un préstamo», piénsatelo muy bien y estate muy seguro de que incluso en el peor de los casos podrás pagarlo.