David Landazábal: «Mis padres murieron en un accidente, mi hermano en otro, y yo también casi pierdo la vida»

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David Landazábal, con su sobrina Silvia en el Día Mundial de las Víctimas de Siniestros Viales y ante el monumento Contra el Olvido y la Indiferencia, de Rosa Serra Puigvert, en Madrid.
David Landazábal, con su sobrina Silvia en el Día Mundial de las Víctimas de Siniestros Viales y ante el monumento Contra el Olvido y la Indiferencia, de Rosa Serra Puigvert, en Madrid. -

De la noche a la mañana su vida de derrumbó. Se quedó huérfano y sin rumbo. Tras muchos años perdido, encontró su salvación al reconocer sus errores. Ahora es vicepresidente de Stop Accidentes y esta es su historia

15 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

David Landazábal es de esas personas a los que la vida le ha enseñado demasiado pronto que todo puede cambiar en apenas unos segundos. Que su situación familiar, tal y como la conocía, deja de existir de la noche a la mañana. «Cuando tenía 19 años, un conductor de carretera se salió de su carril. Había bebido y chocó contra el vehículo en el que iban mis padres. Mi padre falleció en el acto y mi madre, 11 días después», explica, con todo lo que supone para un joven de esa edad perder a sus padres en estas circunstancias. Este suceso le truncó por completo su vida. No solo a él, también a sus hermanos: «Mis padres tenían cuatro hijos. El mayor, de 24 años; mi hermana de 23; yo, que en ese momento tenía 19, y mi hermano pequeño, que solo tenía 7 añitos. Desde ese momento, nuestra vida fue un desastre. Imagínate». «Además, el otro vehículo no tenía seguro y la indemnización que tuvimos en aquel momento fue de un millón de pesetas, 250.000 pesetas para cada uno de los hijos, que nos lo pagó el Consorcio de Seguros. Los cuatro nos tuvimos que buscar la vida. Los mayores nos pusimos a trabajar, aunque teníamos la ayuda de nuestras abuelas y de la familia. Y el pequeño tuvo una pensión hasta que cumplió 20 años», explica.

David encaminó su futuro laboral hacia el mundo de la dirección de obras. Pero recuerda que estuvo perdido durante mucho tiempo: «La muerte de mis padres fue como un salto al vacío. En los siguientes 14 meses tuve una vida terrorífica. Me dio por salir. Me convertí en alcohólico y probé todo tipo de sustancias. Lo único que quería era huir de la realidad que me había tocado vivir. Fue un año salvaje».

Pero si un accidente de tráfico le hundió la vida, otro le hizo darse cuenta de que si seguía por ese camino, acabaría muy mal. «En diciembre del año siguiente, tuve un siniestro muy grave con una moto. Fue en el Paseo de la Castellana. El impacto fue tal que estuve muerto unos tres minutos. Estuve dos meses en el hospital y me tuvieron que hacer a lo largo de los años un total de 15 intervenciones. La última hace relativamente poco, hace unos ocho años», cuenta.

«En ese momento en el que tienes el cuerpo destrozado, te preguntas qué más te puede pasar. Y ahí me estabilicé bastante. Pero dentro de mí todavía quedaban resquicios complicados. He vivido siempre con mucha ansiedad, porque no entendía nada. Es verdad que va pasando el tiempo y que formas una familia, pero te queda algo en el fondo que no terminas de entender», indica.

Por si esto fuera poco, su hermano pequeño también tuvo una vida complicada y le pasó algo parecido a lo que le había sucedido a él: «Quedarte huérfano de tus padres con apenas 7 años es muy difícil y no entiendes nada. Entonces, a él le pasó algo parecido a mí. Tuvo unos meses muy malos. Salió una noche, y no se le ocurrió otra cosa que beber y coger el coche para irse a su casa. En una rotonda, a unos 200 metros de su casa, se salió de la carretera y se mató». Por si esto fuera poco, unos meses después de este terrible accidente, a su hermano mayor le diagnosticaron cáncer y falleció cuatro años después: «Muchas veces me he preguntado si la decisión de una persona —aquel conductor que provocó el accidente de sus padres— ha causado todo este efecto mariposa. Y eso es lo que intento transmitir cuando doy las charlas».

David es ahora vicepresidente de Stop Accidentes, da charlas en las autoescuelas para la recuperación de puntos, acude a centros de integración, cárceles e institutos y acaba de escribir un libro, La cultura de la prisa. «Entré en Stop Accidentes por todo lo que me había pasado. Después de todo esto, me sancionaron dos veces y perdí ocho puntos en el plazo de un mes. Una fue por saltarme un stop, y la otra, por un semáforo en ámbar», indica. «Fui a hacer un curso de recuperación de puntos a la autoescuela y conocí a Fernando Muñoz, que era el vicepresidente de Stop Accidentes. Yo no sabía que iba a dar una charla. Y al contarnos su testimonio, me impresionó muchísimo. Se plantó allí, delante de nosotros, a contarnos cómo había perdido a su hijo en un accidente de tráfico. Según terminó, me levanté y le conté lo que había pasado y se quedó impresionado cuando le dije que yo también quería hacer lo que él estaba haciendo». Así fue como comenzó a colaborar con esta oenegé y a dar charlas de forma voluntaria.

«Para mí ayudar a otras personas ha supuesto muchísimas cosas positivas. Una de ellas ha sido encontrarle sentido a todo lo que me había ocurrido. Entendí que las cosas pasan, y que la vida es lo que es. El pasado está ahí y no se puede cambiar. Pero sí puedo aprender de ello. Y el primer paso es rectificar de mis errores», comenta, antes de confesar: «Yo soy alcohólico rehabilitado. Ya no tengo ningún problema con el alcohol. Llevo siete años dando charlas y con la sensación de que a través de esta manera de trabajar se pueden salvar vidas». «Todo esto que hago también sirve para que mis hijos vean que una persona puede pasarlo mal, pero si quiere salir, tiene capacidad para hacerlo. Esa responsabilidad hacia mis hijos también es importante», explica.

Una manera de escapar

David cuenta que él siempre tuvo un contacto continuo con el alcohol: «Sabía que tenía un problema. Tenía épocas de consumir muchísimo y de conducir, además, habiendo bebido. Tenía la necesidad de beber. Te ocurren tantas cosas que se convierte en una manera de escapar o de excusarte. No tienes herramientas para afrontarlo. Y en un determinado momento me traté con psicólogos y empecé a mejorar. Ahí ya tenía prácticamente 50 años. Pero desde que entré en Stop Accidentes, mejoré muchísimo. Fue como culminar todo ese camino y estar a otro nivel». La muerte de su hermano pequeño había hecho mella en él, pero también su divorcio. «Cuando muere mi hermano pequeño, yo estoy en pleno proceso de separación. Todo se complica. Pero al cabo de uno meses empiezo a tratar con una amiga de mi hermano, que conocía de hace tiempo. Empezamos a tener contacto, porque estamos muy afectados los dos y ahí comienza una relación de amistad. Ahora es mi mujer actual. A partir de ese momento empiezo a tener un cambio importante y a ser consciente de todas las cosas. También empiezo a valorar lo que tengo. Para mí, la clave de mi cambio es, por un lado, mi mujer y mis hijos, y por el otro, Stop Accidentes».

Orgulloso de sus hijos

Porque si de algo está orgulloso es de sus tres hijos. «Yo sé que son conscientes de todo por lo que he pasado, conocen perfectamente mi historia y no necesito que me digan nada. Solo que lo vean y que ellos actúen en consecuencia. A ninguno le gusta el alcohol y son muy responsables. Eso me tiene muy contento y, a la vez, muy tranquilo, porque tienen una conciencia firme en ese sentido y cuando salen un grupo de amigos, siempre hay uno que no bebe», añade. Además, pocas cosas le satisface más que ayudar a otras personas: «Cuando voy a un centro de integración, les cuento todo esto y les llama muchísimo la atención, porque yo no voy a echarles la bronca ni a decirles que son terroríficos. Yo voy a contarles que yo me he equivocado, que he hecho muchas cosas mal. Pero que si quieres, puedes salir de esa situación y puedes cambiar. Contar las cosas como han ocurrido me parece básico. No solo para los demás, sino también para ti mismo. A mí me ayuda, y espero que también ayude a los demás». No tenemos duda de ello.