«El error más común en un divorcio es contárselo a todos», dice quien se agarró al trabajo para superar su divorcio. «Quise que mi dolor no quedara ahí y lo convertí en un movimiento social», indica esta abogada que acaba de publicar su experiencia en «Del divorcio se sale»
31 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El divorcio sigue siendo unas de las experiencias vitales más dolorosas y desconcertantes para muchas personas, pero Elena Crespo (San Sebastián, 1978), una reconocida abogada matrimonialista, sostiene en su libro Del divorcio se sale que puede ser un punto de inflexión para «transformar tu vida y sacar tu mejor versión». «Hay mucha gente que espera años para dar el paso sabiendo que la relación está rota, porque hay que ser valiente para divorciarse», dice quien quiso hacer de su proceso un movimiento social y ayudar a otras personas.
—¿Qué hay que saber antes de casarse?
—El noviazgo está para conocerse. Es importante fijarse en cómo es esa persona, si tiene valores parecidos a ti, y es fundamental hablar de las cuestiones económicas, que siempre son un poco tabú. Antes de casarnos tendríamos que tener muy claro cómo nos vamos a distribuir económicamente, la contribución a las cargas de la familia, si uno va a poner más que el otro, en qué régimen económico nos vamos a casar... Y sería interesante tener asesoramiento jurídico, porque, al final, es un contrato.
—Hay que pensar casi en el divorcio...
—Sí. Yo antes de casarme hice unos capítulos prenupciales, porque hay que tener muy claras, además del proyecto emocional, biológico y familiar, las cuestiones patrimoniales económicas. Si una mujer va a hacer una reducción de jornada, sería bueno pactar, en caso de separación, cómo se queda. El uso de la casa, si vamos a tener ayuda, quién va a hacer las tareas... Si tu pareja es empresaria y empieza a generar deudas o préstamos, si te casas en gananciales, tú vas a estar obligada también. ¿Cuántas personas se encuentran con estos problemas? Muchas veces son cuestiones incómodas, que no podemos sacar a la luz, porque, a lo mejor, si las tocamos, no nos casamos. Pero es fundamental para que luego no haya sorpresas. Al final, la familia es una empresa familiar.
—¿Se puede tener un buen divorcio?
—Hay muchas maneras de divorciarse. Lo más importante es cómo se gestiona. A veces no depende de uno mismo, sino de la otra persona. No es lo mismo ser dejado a que te dejen, los duelos, los tiempos... Aunque sea un divorcio superamistoso, con el mismo abogado, evidentemente no es un trance fácil. Y hay que pasarlo. Es como una enfermedad, la tienes que pasar. Cuando las personas han sufrido una enfermedad grave, y se curan, luego ven un sentido, un propósito en su vida. Porque han conectado con un dolor muy fuerte, que te hace replantearte muchas cosas a nivel interno. Cuando te divorcias, no solo es tu pareja, sino también las amistades, las familias...
—Quien lo lleve deseando tiempo, quizás lo vea como una liberación, y ese coste emocional no es tan grande...
—Claro, vas viviendo diferentes etapas y evidentemente el tiempo lo cura todo. Lo ves como una liberación y piensas: «Lo tenía que haber hecho antes». ¿Cuántas personas lo dicen? Muchas, porque el ser humano tiende a aguantar demasiado, a pesar de que mucha gente hoy en día diga que no se aguanta nada. No, no, la gente aguanta demasiado hasta que da el paso. No es de un día para otro. Yo tengo casos que esperan tres y cinco años. Saben que la relación está rota, pero no lo hacen. Porque hay que ser valiente para divorciarse.
—¿Es bueno ese tiempo para ir digiriéndolo, para llegar más fuerte emocionalmente, o es mejor hacerlo una vez que ya tienes la idea en la cabeza?
—Depende. Hay gente que necesita desengancharse poquito a poco, y cuando se divorcia ya no es un drama, porque ha vivido el duelo durante la relación. Eso les pasa mucho a las mujeres. A los hombres les viene más de golpe. A veces es necesario reorganizarse. Si no tienes recursos económicos, puede ser mejor el decir: «Primero me busco un negocio, tengo clientas» o «voy a hacer un máster, o esto para formarme y que así no golpeen tan fuerte cuando me divorcie». Yo creo que es mejor ir poco a poco preparándose, con todo bien claro, y pensar en cómo te vas a quedar económicamente. La mayoría de la gente antes de divorciarse suele hacer terapia y también hace una consulta, o dos, al abogado de familia. Es importante no tomar decisiones de forma impulsiva.
—¿Has conocido casos de personas que se arrepientan?
—Generalmente, no. Incluso alguna clienta que ha tomado la decisión de forma impulsiva de un día para otro, y no se arrepiente.
—¿Qué factores suelen complicar más una ruptura: los económicos, los emocionales o la custodia?
—La custodia es un punto muy fuerte, porque hoy en día, a pesar de que los hombres y las mujeres somos iguales, en principio, a las mujeres les cuesta mucho el aceptar una custodia compartida. Venimos del modelo tradicional familiar, donde suele haber una separación de roles, aunque la mujer se ha incorporado al mundo profesional y laboral, muchas reducen la jornada, o han tenido excedencias, o se encargan... Las labores de la casa y de los hijos recaen más en la mujer. Y cuando viene el divorcio les sorprende mucho que los hombres de repente quieran la custodia compartida.
—¿Es principal motivo de discordia?
—Sí, porque a la custodia exclusiva va ligada al uso de la casa... Y luego las cuestiones patrimoniales, la parte económica también es un gran puntal de mucha disputa.
—¿Cuál es el caso más complicado que hayas visto?
—Para mí los más duros son los de sustracción internacional de menores. Cuando una pareja mixta, uno es español y el otro es extranjero, o los dos son extranjeros, que reside en España se divorcia, y que uno de los dos diga: «Me quiero volver a mi país de origen». Entonces cogen y se marchan, sin avisar, de un día para otro, y se llevan al niño. Lo sacan del colegio o de la guardería. Son casos costosos económicamente, y también duros a nivel psicológico. También son difíciles cuando hay liquidación de patrimonio.
—¿Has visto a alguna pareja discutir por algo absurdo?
—Por los muebles, por la Thermomix... Por las mascotas también se discute muchísimo.
—¿Cuál es el error más común que comete la gente en un divorcio?
—Uno es hablar con todo el mundo, explicárselo a todos, incluso al del bar, buscan asesoramiento, y eso creo que no es muy bueno. Segundo, no pedir ayuda, porque para casarse las personas hacen una gran fiesta y se gastan mucho dinero, pero cuando llega el divorcio, no hay recursos. Para mí un error es no buscar a un abogado especializado en derecho de familia o ayuda psicológica. Es importante para cerrar la relación tener un terapeuta de pareja y hacerlo de la forma más amistosa posible. Otro error común es hablar mal del otro progenitor a tus hijos, hacer interferencias parentales, no tener comunicación, o que sea mala, mediatizar a los hijos, y ya no quiero hablar de malos tratos, físicos o psicológicos. Evidentemente, esos ya son los peores grados del divorcio, cuando hay malos tratos.
—¿Que uno de los dos abandone la casa antes del divorcio es un error?
—Esto me lo preguntan mucho los hombres, ¿qué hago?, ¿me voy ?, porque muchos tienen miedo a una denuncia falsa. Y los abogados siempre decimos: «No pasa nada por irte, pero tienes que tener en cuenta que puede que la madre de tus hijos no te deje verlos». Porque hasta que haya un juicio pueden pasar seis meses. Yo tengo padres que llevan ese tiempo sin verlos, porque la madre no les deja, o solo si ella está delante. Si se quedan, corren el riesgo de que haya una denuncia falsa, de que se inicie el procedimiento de violencia contra la mujer, aunque luego eso se archive, que va a tardar a lo mejor un año y medio. Entonces, como la Justicia es lenta, porque hay colapso, muchos para evitar un conflicto se marchan aunque también corren ese riesgo de no ver a los hijos en un tiempo. Otros se quedan hasta que se celebre un juicio para no perder fuerza negociadora. Pero si te vas no es un abandono de familia.
—¿Por qué se divorcia la gente?
—La infidelidad, la monotonía, el desencanto. El ritmo de vida hoy en día tampoco ayuda. También pienso, y tengo una teoría, y es que muchas veces las parejas no son reales. Muchas veces elegimos a una pareja no porque te guste mucho o la desees físicamente, sino por interés. Dices: «Esta persona me conviene porque tiene ese trabajo y me puede dar una mejor vida», o «esta persona me ofrece más estabilidad que la otra». No tiene por qué ser todo interés económico, sino estilos de vida. O los valores coinciden, pero esa persona realmente no te atrae físicamente. Y dices: «Mejor esto que... », porque cuesta mucho que una pareja quiera una estabilidad hoy en día, nadie quiere un compromiso, sobre todo los hombres. Hay combinaciones un poco particulares, que están abocadas al fracaso, antes o después. Hay mucha falta de sexo. ¿Por qué? Porque hay mucho asco psicofísico, la persona no te atrae. Y si no hay sexo, no es una pareja. Es un compañero de piso. Y eso acaba en divorcio.
—¿Qué opinas de las fiestas del divorcio: un avance saludable o pueden frivolizar un proceso que sigue siendo complejo y emocionalmente doloroso?
—Lo veo bien. Es una forma de celebrar tu soltería, que lo has pasado mal. En mi divorcio, que fue de forma amistosa, me acuerdo que celebré la firma del convenio, me fui a cenar con una amiga. Cada paso era un avance. Me acuerdo de que me compré, y lo digo en el libro, un collar de perlas y un descapotable y dije: «Ya que entro en el divorcio, soy una divorciada como Dios manda». También hay que celebrar las nuevas vidas.
—Dices también que del divorcio se sale más reforzado. ¿A ti qué te ayudó?
—Lo más terapéutico para mí fue mi trabajo. El conectar con ese dolor y decir: «Quiero ayudar a otras personas».Yo ya me dedicaba al derecho de familia y pensé que ese dolor no lo podía dejar ahí, lo tenía que compartir y hacer de mi divorcio un movimiento social. Convertí mi divorcio en un movimiento, y creé el pódcast Del divorcio se sale. Está bien llorar, pero no puedes victimizarte y quedarte anclado en el divorcio destrozado. Aprovéchalo para sacar la mejor versión de ti.