Iris tiene 27 años y trabaja de ganadera con su hermano Noel, de 25: «Estudei Moda e as vacas dábanme medo, pero agora estou encantada»

YES

Noel e Iris, en la ganadería en la que trabajan en Veiga do Pumar, en Castro de Rei.
Noel e Iris, en la ganadería en la que trabajan en Veiga do Pumar, en Castro de Rei. Pablo Fernández

Los dos decidieron unirse a la explotación ganadera de sus padres en Castro de Rei tras formarse en otros sectores. Admiten que los inicios no fueron fáciles, pero ahora ven claro su futuro

16 may 2026 . Actualizado a las 09:48 h.

Aunque tiene claro que ve su futuro en la explotación ganadera que regentan sus padres en Castro de Rei (Lugo), Iris Escanlar recuerda entre risas la primera vez que llegó a las cuadras y se puso a trabajar en la granja. «Alucinaron todos porque non tiña idea de nada, e achegarme ás vacas case me daba medo», reconoce. Creció rodeada del ganado de su familia, pero asegura que no tenía «ningún tipo de interese polas vacas» y que le daba igual «todo o que había alí». Tanto era así que con 17 años hizo las maletas y se mudó a Oviedo. Allí estudió los cuatro años de la carrera de Diseño Industrial de Moda, a lo que siguió un máster en Madrid y varios cursos de formación en un ámbito, el de la moda, por el que apostó desde adolescente.

Sus estudios terminaron en el 2022, y covid mediante, la búsqueda del primer empleo al volver a Lugo se le complicó más de la cuenta. «Cando estivemos na casa confinados, botaba unha man cando podía», recuerda. Aquellos primeros días no fueron fáciles, pero con el paso del tiempo fue descubriendo que quizás había pecado de intransigencia en lo que al negocio familiar se refería. «Empezou a gustarme e os meus pais déronme a opción de quedar ou de buscar traballo fóra. Eu díxenlles que me quedaba, que probaba. E gustoume tanto que aquí sigo», cuenta. A trabajar en la granja empezó oficialmente en enero del 2023, y nada la ha parado desde entonces. «E iso que son un desastre andante. Recordo que sempre me ía meter onde non debía e acababa enterrada ata os narices», añade a modo de broma.

De esos primeros pasos como ganadera pasaron ya tres años, y ahora, con 27, se dedica plenamente a trabajar en la explotación de sus padres. «Eu nunca me imaxinei que fose acabar traballando aquí», sostiene. No solo ella tomó la decisión de seguir el legado de su familia, que se dedica a la ganadería desde hace tres generaciones. Junto a Iris también trabaja su hermano Noel. Él tiene 25 años, y también apostó por incorporarse a la explotación familiar tras estudiar un año de un ciclo superior de Informática. Aquellos estudios no le convencieron demasiado.

«Cando estaba acabando o primeiro curso xa me dei conta de que o meu non era traballar sentado», explica. En su caso, sí que se había planteado la opción de convertirse en ganadero, pero tampoco se quería cerrar ninguna puerta fuera del nido. Ahora, también tiene claro que su futuro está con sus reses. «Son unha persoa que sempre busco algo que facer e aquí non me aburro», dice entusiasmado. Porque trabajar en una explotación láctea como la de su familia no solo requiere cuidar a los animales. Iris y Noel se reparten, junto a sus padres, todas las tareas que exige la granja a diario.

«Hai días que berramos entre os dous, pero en xeral levámonos ben», desvela Iris sobre la relación con Noel. «Ás veces, por exemplo, temos os dous plans un día pola tarde e temos que poñernos de acordo», añaden. Porque ahora no solo son hermanos. También son socios y deben ponerse de acuerdo entre ellos para decidir qué faenas harán cada día y garantizar que el trabajo sale adelante sin contratiempos. No les resulta difícil. «Para non ter que madrugar todos os días, turnámonos para muxir as vacas. Un día faino un, e ao seguinte faino outro», cuentan.

Los dos hermanos, Iris y Noel, se reparten el trabajo y se turnan para realizar las tareas que exige la explotación.
Los dos hermanos, Iris y Noel, se reparten el trabajo y se turnan para realizar las tareas que exige la explotación. Pablo Fernández

Además, mientras Iris dedica una parte del día al trabajo de oficina —gestionando la agenda y una parte importante del papeleo propio de cualquier empresa—, Noel maneja la maquinaria, y confiesa que disfruta haciéndolo. «Cando chega algunha ferramenta nova, ando un par de días nela, e despois xa lle explico como funciona ao resto», cuenta el joven. Pero hay mucho más trabajo. La jornada empieza pronto, alimentando a las novillas, y continúa limpiando las cuadras —algo que no convence mucho a Noel y que suele hacer Iris— y retirando el estiércol. «Despois comemos, descansamos un par de horas, e logo facemos algunha que outra cousa máis ata que dan as sete. Nese momento, empezamos a muxir», relatan.

MUCHO TIEMPO LIBRE

Tan motivados como ellos están sus padres. Ven asegurado el futuro del negocio, y de una forma u otra, sienten que la decisión de sus hijos les ha cambiado la vida. «Teñen moito máis tempo libre. Eles, por exemplo, pola semana non muxen porque o facemos nós, e levan o día un pouco mellor», reflexiona Noel. Los dos hermanos recibieron desde el primer momento el apoyo de sus familiares, y también de sus amistades. «Todas as miñas amigas dixéronme que facía ben, e que era unha envexa ter algo na casa onde poder agarrarse agora que non é fácil atopar un traballo ben remunerado no sector da moda», asegura Iris, que cuenta con el apoyo incondicional de su pareja.

«Ao meu mozo gústalle isto incluso máis que a min, e cando necesito axuda sempre vén e nunca se opón», elogia. Además, tanto Iris como Noel coinciden en las ventajas de vivir donde crecieron y en las facilidades que el trabajo les da —al organizarse con sus padres y un empleado— para tener tiempo libre y disfrutar de su juventud. «A min a cidade non me gusta nada e encántame saír da casa e ver todo isto. Teño os amigos a dez minutos e mil cousas que facer», cuenta el hermano pequeño, que no dejó de entrenar con su equipo de fútbol desde que empezó a trabajar como ganadero. «A miña vida en Oviedo e en Madrid era moi movida, e gústame estar aquí», añade la mayor, que se confiesa una apasionada de los viajes. Su trabajo no la frena. «Para iso non me poñen ningún problema e sempre podo coller algún que outro día», agradece.

Desde que iniciaron su andadura en la explotación, los dos hermanos, que viven independizados en propiedades familiares no muy lejos de la granja, también apostaron por modernizar el negocio y por mejorar las instalaciones. «Imos facer unha nave nova, cambiamos o tanque do leite e algunha cousa así máis que vai xurdindo», comentan mientras se preparan para afrontar una nueva jornada de trabajo.

Sus padres suelen mostrarse receptivos a sus propuestas, y uno de los cambios que más ha transformado su trabajo desde que empezaron es la nueva sala de ordeño que pusieron en marcha. «Na vella botabamos tres horas e media para muxir as vacas, pero agora é unha hora e media», explica Noel. Para aplicar esos nuevos sistemas e innovar en su trabajo, los dos hermanos recuerdan la importancia que tuvo el asesoramiento que recibieron de la Oficina Rural de Meira. «Dúbidas de vez en cando saen, claro. Pero sempre que as temos imos alí falar con Amparo e xa nos axuda», relatan. Se refieren a Amparo Rivas, la tutora que los acompañó durante el proceso de incorporación a la granja y que les explicó cómo acceder a las ayudas para gente joven que se une al sector.

Durante ese tiempo realizaron los cursos que la Administración exige para obtener la subvención, y quieren seguir formándose. «Van saíndo sempre cursos de benestar animal e agora imos empezar cun para aprender a inseminar», avanzan. Un experto acudirá a su granja para enseñarles «cousas do día a día que fan moita falta». Porque seguir adquiriendo conocimiento resulta fundamental para una apuesta de futuro como la suya. Entre las 220 vacas que ordeñan —de las alrededor de 400 que tienen en total— y «algunhas de carne, bois e algún becerro», Iris y Noel han conseguido dedicarse a algo que les apasiona y admiten que el aprendizaje es constante. Cada jornada surge un nuevo reto al que enfrentarse.

«Sempre hai algo que facer e eu collo a pala, monto no tractor ou poño o pastor. Moverme todo o día e ter a liberdade para facelo encántame», dice el joven. Su hermana, que recuerda como llegó «sen saber nada de nada», dedica ahora una buena parte de su tiempo a tratar con los veterinarios y a detectar si las vacas padecen algún problema de salud. «Pásoo moi mal cando unha vaca morre. É a peor parte, sen dúbida», añade Iris. Pero pese a las complicaciones que pueden surgir, cuenta que lo más gratificante de su trabajo es el contacto con los animales. «Aínda que son moitas, valas coñecendo a todas e estableces unha conexión forte con elas», desvela.