Vicens Lozano, experto en el Vaticano: «Al papa Francisco le dieron la espalda muchos de los que le votaron. Le hicieron la vida imposible»
YES
Nos adentramos en los muros de la Santa Sede para conocer las intrigas y las luchas de poder, pero también los escándalos. «Cuando se enteró Benedicto XVI de que había un prostíbulo en el Vaticano, lo cerró de manera inmediata», apunta Lozano
19 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Si hay alguien que conoce los entresijos del Vaticano, las conspiraciones, los escándalos, las intrigas que se cuecen en los cónclaves una vez que se cierran las puertas del capilla Sixtina para elegir un nuevo papa, ese es Vicens Lozano (Vic, 1956). Este periodista e historiador catalán ya lo demostró con su primer libro Intrigas y poder en el Vaticano, una crónica de los secretos y escándalos mejor guardados del Estado más pequeño del mundo. También con el Vaticangate. Y ahora con León XIV, sombras bajo la cúpula, donde narra los secretos mejor guardados del último cónclave. Conozcamos un poco más de la mano de este experto en el Vaticano lo que se esconde dentro de la Santa Sede. Ora pro nobis...
—¿Por qué eliges el último cónclave?
—Porque estoy muy enterado de todo lo que pasó dentro. He vivido tres cónclaves y este es en el que ha habido más presiones. Hubo una batalla interna, soterrada, muy fuerte. Y por el momento en que está viviendo la humanidad, era crucial ver qué salía. Si el nuevo papa iba a ser un continuista de las reformas del papa Francisco o, si habría una regresión.
—Mencionas a un asesor de la curia, un empresario de éxito al que denominas Il Dottore, que maneja los hilos del Vaticano como si fuera un cardenal...
—Sí, es un asesor que tiene todas las claves de lo que está ocurriendo en el Vaticano. Y es una de las personas más próximas al papa León XIV. He conocido a muchos asesores a lo largo de los años, laicos y religiosos. Participan en estos juegos de ambición e intrigas que ha habido en la historia del Vaticano.
—¿Cuál fue el golpe maestro del León XIV para hacerse con el pontificado?
—Él no participó en la operación secreta que reunió a un pequeño grupo de progresistas y reformistas, que intentaba que no se perdiera el legado de reformas del papa argentino. Los asesores consiguieron los votos. Fueron muchos más que los 89 necesarios para elegir a un jefe de la Iglesia y convencieron a cardenales moderados del sector tradicionalista para que votaran a una figura de consenso, situado entre la tradición y las reformas.
—¿Cómo es León XIV?
—Tiene una imagen tradicional de la Iglesia, por la manera en la que viste, y por que ha elegido vivir nuevamente en el palacio apostólico. Pero, en el fondo, es un auténtico reformista. Cree en la necesidad de reformar la Iglesia para hacer lo mismo que quería hacer el papa Francisco: recuperar los principios del Evangelio; recuperar lo que ya se había aprobado en el Concilio Vaticano hace 60 años de tener una Iglesia más colegial, más abierta y participativa. Y adaptar la Iglesia al siglo XXI en los anacronismos.
—¿Pero en qué momento dio el paso para asumir ese reto?
—Él no salía en ninguna de las quinielas. No se enteró de que había esta operación para ir conquistando votos del sector tradicionalista, del sector que no habían insultado al papa Francisco. Aquellos que no lo había definido como hereje, comunista y un anticristo, y que no lo habían acusado de querer destruir a la Iglesia, como otros.
—¿A qué desafíos se enfrenta este papa?
—El principal dentro de la Iglesia es el tema de la unidad. La Iglesia ha estado dividida en dos almas desde hace décadas, un alma conservadora y otra más progresista y reformista. También transformar la Iglesia en un gobierno colegiado, donde el papa tenga la última palabra, pero cediendo responsabilidades e intentando un consenso mínimo para llevar a cabo las reformas.
—¿Y a nivel exterior?
—Devolver al mundo la cordura. Abandonar esta ley de la selva que hace que la violencia sea el centro de la política internacional. E intentar que el diálogo sea la base de la diplomacia internacional. El papa es una persona que siempre ha establecido puentes de diálogo. Lo ha hecho durante muchos años como prior de los Agustinos, también en Perú donde se ha enfrentado a organizaciones ultraconservadoras católicas que lo han querido manipular y lo han querido echar. En definitiva, el papa es un maestro del ajedrez. Es matemático de profesión, con una mentalidad científica muy organizada, al mismo tiempo que es un gran estratega. Es un personaje que puede convertirse, como ya lo fue el papa Francisco, en un líder moral y ético del siglo XXI.
—¿Veremos algún día la ordenación de mujeres?
—Es uno de los grandes retos de la Iglesia. El papa Francisco ya planteó la posibilidad de que en un futuro las mujeres pudieran ser ordenadas. Y situó a mujeres religiosas y laicas al frente del gobierno de la Iglesia. Y este papa sigue haciendo lo mismo. Esto es un antes y un después muy importante. Pero llegar a la ordenación sacerdotal... de momento la cosa está parada en el estudio de cómo se puede implementar. Pero también hay que pensar que el papa no gobierna solo para una Europa laica, donde estos temas parecen muy claros. El matrimonio homosexual, la abolición del celibato... todos esto en la Europa laica está muy claro, pero en países de África aún hay homosexuales condenados a pena de muerte. El papel de la mujer en Latinoamérica no es el mismo que en Europa. Los derechos no son los mismos. La Iglesia es universal, pero las culturas son diversas, entonces estos temas están sobre la mesa y poco a poco veremos si se acaban implementando en un futuro.
—¿Y el tema de los abusos sexuales? El papa Francisco pidió perdón, pero para las víctimas el perdón no es suficiente.
—No, no. En absoluto es suficiente. Pero ya es un avance. Es el reconocimiento de la existencia de un auténtico cáncer en la Iglesia. El papa Francisco fue el primer papa que empezó a trabajar el tema en serio. Porque anteriormente se había dado apoyo a los criminales y se había desoído a las víctimas. El papa León XIV continúa en la misma línea de tolerancia cero con este tema dando luz verde a las investigaciones de la Iglesia. Evidentemente, es consciente de que este es un problema tremendo dentro de una institución que predica «dejad que los niños se acerquen a mí», pero no para que sean violados, obviamente. Es una mancha negra en la historia de la Iglesia.
—Relatas otros escándalos en tus libros...
—Sí, fundamentalmente de abuso de poder y de corrupción. El último gran escándalo se produjo con la compra de un inmueble en Londres con dinero que iba destinado a los pobres para especular en el mercado inmobiliario. La actuación del Instituto de Obras de la Religión, más conocido como la Banca Vaticana, ha sido muy deficiente durante muchos años. Desde el fallido Banco Ambrosiano hasta hoy. El papa Francisco modificó la Banca Vaticana, la hizo más transparente e implementó toda la normativa para que se pudiera equiparar con la actuación de cualquier banco a nivel internacional. También eliminó a la Banca Vaticana de la lista de paraísos fiscales. Con el tema del Vatileaks —filtración de documentos que involucran a la Santa Sede en casos de corrupción y chantajes a obispos homosexuales— se descubrieron más de 3.000 cuentas en la Banca Vaticana que nada tenían que ver con la religión, y que muchas de ellas estaban vinculadas al crimen organizado, a la mafia, al tráfico de drogas, de armas, etc. Era un centro de reciclado de dinero del crimen organizado internacional. Esto ya no es así. Ha habido reformas muy importantes que este papa va a tener que proyectar aún más.
—¿Es verdad que Benedicto XVI cerró un prostíbulo en el Vaticano?
—Sí, eso formaba parte del escándalo del Vatileaks, que estaba basado en tres pilares fundamentales: La lucha de poder en el Vaticano; el tema económico y las 3.000 cuentas descubiertas en la Banca Vaticana; y el descubrimiento de que existía dentro del Vaticano un prostíbulo, donde había hombres y mujeres, regentado por algunos miembros de la curia vaticana, que el papa Benedicto hizo cerrar de manera inmediata. Todo esto le supuso una gran losa sobre su espalda, que no pudo resistir y por eso tomó la decisión histórica y valiente de renunciar.
—¿Por qué hablas de esto en tus libros? Tus fuentes te habrán criticado...
—Porque esa es la realidad. Creo en la necesidad de contar que una institución como la Iglesia, que tiene muchas partes positivas, también tiene sus partes negativas. Y si una organización quiere cambiar, es vital conocer la realidad.
—Das una especial trascendencia a las reformas del papa Francisco, ¿cómo salió elegido un papa tan revolucionario?
—Hay un antes y un después del papa Francisco. Rompió muchos paradigmas y muchos tabúes en la Iglesia. Él fue elegido a raíz de los escándalos del Vatileaks, que acabaron con la renuncia de Benedicto XVI. A partir de ahí se generó una dinámica dentro de los cardenales para elegir a una figura que estuviera lejos de la curia vaticana, una personaje del fin del mundo, como él mismo dijo, y además un jesuita al que se le encargaron cambios en un momento en el que la Iglesia vivía una crisis de imagen muy potente ante el mundo. Pero cuando se dieron cuenta de que no eran cambios puramente cosméticos, mucha gente que lo había apoyado le dio la espalda. Y pasaron a engrosar la lista de sus enemigos que, durante 12 años, le hicieron la vida imposible intentando abortar las reformas que había iniciado y tratando de desprestigiarlo delante del mundo, calificándolo de loco, de que tenía enfermedades mentales y de que no era un papa que estuviera en condiciones de capitanear la Iglesia.
—¿Se puede decir que fue el mejor papa de nuestra era?
—Yo creo que hubo dos grandes papas en el siglo XX y XXI. Uno fue Juan XXIII, que convocó el Concilio Vaticano II y generó grandes esperanzas de cambios en la Iglesia, que luego fueron interrumpidas por los pontificados más conservadores de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y luego está el papa Francisco, que propuso las reformas necesarias para la Iglesia y que el actual papa León XIV intentará llevar a cabo. Veremos cómo León XIV se enfrenta a la gente que perdió el cónclave.