Rafa Alonso, psicólogo experto en bienestar laboral: «Tan malo es que tu jefe te mande un mensaje fuera de tu horario como que tú tengas el correo del trabajo en el móvil»

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Rafa Alonso, psicólogo experto en «burnout»
Rafa Alonso, psicólogo experto en «burnout» -

El especialista en «burnout» da las claves para luchar contra el estrés en este área. «Hay gente que no se va de un empleo a otro con mejores condiciones solo porque tiene amigos dentro», afirma

03 may 2026 . Actualizado a las 13:00 h.

Rafa Alonso es psicólogo y experto en burnout o «síndrome del trabajador quemado», un estado de agotamiento físico, mental y emocional provocado por el estrés laboral crónico que él mismo vivió en primera persona. «No sabía lo que era hasta me rompí del todo. Hubo un conflicto con la empresa en el que había diferentes visiones entre lo que la dirección contemplaba y lo que contemplaba yo. Arrastré un ritmo de trabajo muy alto, una falta de límites por mi parte, una excesiva complacencia... Estuve de baja por ansiedad y fue un proceso largo», explica. Ahora, el especialista ayuda a las personas que están pasando por ello. 

—¿Cómo puede identificar alguien que tiene síntomas?

—Lo más típico suele ser cuando tú empiezas a darte cuenta de que, a pesar de que descansas, no llegas a desconectar ni mentalmente, ni emocionalmente, ni físicamente. Estos primeros síntomas lo que nos están diciendo es que comienza a desaparecer la línea entre tu trabajo y tu vida personal. Estás más cansado e irritable y muchas tareas que antes te resultaban sencillas, empiezan a hacerse bola. También ocurre que se pierden las ganas de socializar, porque cuando llega el fin de semana, lo que se quiere es no tener mucho contacto social porque ya se tiene durante la semana. Las personas entran en un estado en el que todo cuesta muchísimo más y les da igual las horas que duerman porque no descansan.

—¿Puede ocurrir si nos cambian de área o de puesto de trabajo?

—Sí, claro. Esto es muy común, bien porque te cambien de puesto o bien porque tus condiciones de trabajo de pronto cambien. Si este cambio que hace la empresa no se realiza con unos objetivos bien planteados y unas funciones bien claras, lo que va a generar es una incertidumbre en ti. Vas a decir: «Ahora tengo que hacer otro tipo de trabajo y no sé si me van a pagar más por ello o cómo me van a medir». El burnout aquí suele generarse porque hay incertidumbre con tu rol.

—¿Crees que existe más en la empresa privada o en la Administración?

—Si me llegas a preguntar hace seis meses, te diría, sin duda, que en la empresa privada. Pero la realidad es que cada vez tengo más clientes de la Administración pública, y es por un hecho en concreto. Cuando tú estás en la privada, una de las soluciones puede ser cambiarte de empresa. En cambio, en la pública, a lo mejor no puedes ni dejar tu plaza ni cambiarte tan fácilmente. Entonces, tienes que estar aguantando una situación y no puedes hacer nada.

«Cada vez tengo más clientes de la Administración pública. Cuando estás en la privada, una de las soluciones puede ser cambiarte de empresa. En la pública, a lo mejor no puedes ni dejar tu plaza ni cambiarte tan fácilmente»

—Pero si te pides una baja, ¿no estás más vigilado en la privada que en la pública?

—Yo creo que estás vigilado en ambas. La realidad es que, bajo mi punto de vista, la baja es en muchos casos es la única manera que tienen las personas de poder empezar a recuperarse del burnout. Si tú tienes una situación que es supercompleja en tu empresa, a pesar de que tú hagas terapia, si esas condiciones externas no cambian, lo más probable es que vuelvas a tenerlo y no te cures. Muchos empleados de la privada se dan cuenta durante la baja de que la única solución posible es cambiar de trabajo porque no van a cambiar a sus jefes. Sin embargo, los que trabajan en la Administración pública deben entender que tienen muy poco margen de maniobra porque la situación es la que es.

—¿Existe el miedo a volver después?

—Es lo más normal. Cuando alguien está de baja, sobre todo cuando es larga, lo que ocurre es que esa persona desconecta del foco de malestar, pero cuando ve que está bien, habla con su médico y le da el alta, vuelve a reconectar con el foco y ahí suele producirse una bajada. Lo que existe es miedo a volver otra vez a lo mismo y es superimportante tener herramientas de protección para que no vuelva a pasar.

—¿Como cuáles?

—Los factores externos no son controlables, pero los internos sí. Tenemos que hacer un trabajo muy grande de autoconocimiento. Preguntarnos: «¿Por qué yo soy una persona especialmente complaciente?» o «¿por qué he olvidado mis aficiones?». Pensar en aquello que me hace reconectar con lo que soy. Todas aquellas acciones que me alivien fuera de mi horario laboral debo aumentarlas, aunque sea, en un 10 %. Y todo lo que me drene energía y que tenga que ver con el trabajo, tratar de disminuirlos en otro 10 %. En ese proceso vas a empezar a mejorar y te darás cuenta de que tu vida no gira en torno a tu trabajo. Siempre hago entender a las personas que su empleo no puede convertirse en el centro de su vida y que ganen control fuera de esta esfera.

«Todas aquellas acciones que me alivien fuera de mi horario laboral debo aumentarlas, aunque sea, en un 10 %. Todo lo que me drene energía y que tenga que ver con el trabajo, tratar de disminuirlos en otro 10 %»

—Cobro menos y hago el mismo trabajo que otro compañero con el mismo puesto. ¿Qué hago?

—Esto tiene difícil solución, y aquí ya te hablo como persona que ha trabajado en Recursos Humanos. En un mundo ideal, la empresa debería disponer de un procedimiento interno de equidad salarial que tenga que ver más con unas tablas salariales internas, que van a ser obligatorias este año, en el que todas las personas tengan muy claro cuál es el salario al que pueden aspirar. Pero lo más común es que haya personas que haciendo el mismo trabajo cobren más que tú, porque la empresa ha decidido que esto sea así. Lo que yo suelo recomendar es que tengas una conversación con tu superior y le hables de esa situación, pero no desde la emocionalidad. Normalmente las personas hablan desde ahí y realizan comparativas, pero hay que hacerlo desde la objetividad y el impacto que tú generas en la empresa. Si tú quieres que a ti te igualen el salario, aunque esto sea injusto, tienes que demostrarles que vas a generar un impacto que vale esa subida. Si con todo esto y con la conversación no eres capaz, la única manera de poder ganar más dinero es cambiándote de empresa.

—«El premio por trabajar bien es tener más trabajo». ¿Las personas que menos protestan son las que más trabajan?

—Esto tiene que ver con la psicología humana. Lo que ocurre es que si tú eres el líder de una empresa, muchas veces de forma inconsciente tiras y echas mano de esas personas que son muy eficientes para que te solucionen el problema y aprendes que esas personas que se quejan, que son más lentas o que cometen fallos, lo que están haciendo es añadirle más problemas a tu problema. Por eso vas a por aquellas que sabes que no te va a decir que no y que te lo va a solucionar rápido. ¿Qué ocurre? Que se generan injusticias. El empleado eficiente tiene rasgos de personalidad por los que dice: «Me gusta la responsabilidad, ser una persona que soluciona y esto luego se verá recompensado». El problema es que después no se reconoce realmente al que de verdad es eficiente frente al que está en ese perfil bajo en su rinconcito cobrando y trabajando mucho menos que él.

—¿Normalizamos que nuestros jefes nos manden mensajes de trabajo cuando no estamos en horario laboral?

—Sí. Tan malo es que tu jefe te mande un mensaje fuera de horario laboral como que tú tengas el correo del trabajo en el móvil. Esto último no depende de tu jefe, sino de que quieres ser una persona implicada y responsable. El problema es cuando empieza a borrarse la línea entre tu vida personal y laboral. Aquí se trata de que te pongas tú mismo límites internos.

—¿Se le pueden poner límites a los jefes?

—Tengo muchos clientes que hacen psicoterapia a la vez que están conmigo y me dicen: «Es que mi psicóloga me ha dicho que ponga límites, los puse y me despidieron». Siempre digo que los límites dentro del ecosistema laboral tienen sus propias reglas del juego. Cambia bastante cuando una persona entra a trabajar a una empresa estableciéndolos desde el principio y una que no los ha puesto nunca y de pronto comienza a hacerlo. Tú puedes ponérselos a un jefe, lo que pasa es que hay que cuidar mucho cómo y de qué tipo. En una empresa suele tener consecuencias, por eso se trabaja de forma que se reduzcan. ¿Cómo? Sabiendo en qué momento hacerlo, qué tipo de frases utilizar...

—¿Es cierto que la gente joven no quiere ser jefe?

—Sí, y es normal que no quieran, porque están viendo que no compensa ser jefe, lo vemos en muchos sectores de personas que tienen un nivel de responsabilidad muy alto. Además, serlo también te pone en una posición en la que estás en medio de muchos frentes. Puedes tener un buen sueldo y unas buenas condiciones, pero sacrificas tiempo. Ahora mismo, las nuevas generaciones dicen: «Yo pongo en una balanza lo que quiero en la vida, y lo que quiero es que mi trabajo sea una herramienta para mí, para poder vivir como yo quiero. ¿Me encantaría ganar mucho dinero? Sí, pero como veo que no voy a ser capaz de comprarme una casa, un coche... ». Ese dinero que ganan lo van a utilizar en aquello que de verdad les llena en la vida y como saben que teniendo ese puesto lo que va a ocurrir es que tendrán menos tiempo, más carga y tampoco podrán permitirse comprar nada... Por eso no quieren.

«Es normal que los jóvenes no quieran ser jefes, porque están viendo que no compensa»

—¿Deberíamos buscar un aliado?

—Hay estudios que dicen que tener amigos en el trabajo mejora la salud mental, y es verdad. Hay gente que no se va de un trabajo, que objetivamente considera que no es el mejor, porque tiene amigos dentro. No quieren irse a otro con mejores condiciones en el que no conozcan a nadie, porque hay un miedo a perder estas relaciones de calidad en el ambiente laboral. También existe quien no tiene amigos dentro y está feliz, pero cuenta con un aliado. Alguien que, aunque no te vayas de cervezas, te apoya, te entiende y te echa un capote si lo necesitas.