Los expertos opinan sobre el reto de la igualdad real: «Llegaremos antes a Marte que a la corresponsabilidad en el hogar»
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¿Es España país para madres?, ¿pueden asumir por igual el hombre y la mujer los que llaman «los mil días de la vida del bebé»?, ¿las parejas pueden ser equitativas en todas las tareas del hogar y del cuidado?, ¿qué coste anual tiene la brecha de género en casa? Este martes, la Asociación Yo No Renuncio, liderada por Laura Baena, presentó al presidente del Gobierno una serie de propuestas para defender un pacto de Estado por la Conciliación
30 abr 2026 . Actualizado a las 00:02 h.El coste de las tareas del hogar y de los cuidados se hace más que visible, contante y pesado, a la vista de los datos. Esa gota malaya del día a día que no se paga se traduce, en realidad, en millones de euros al año. Y en la explicación de esta brecha casera entra no la retórica desigual de las parejas, de hombres y mujeres y el sesgo de su educación familiar, sino las cifras de informes como el del Coste de oportunidad de la brecha de género del 2025 de ClosinGap, liderado por Repsol, que cuantifica el impacto de la desigualdad entre mujeres y hombres en conciliación en el 6,4% del PIB del 2023; son más de 95.580 millones de euros anuales los que supone la desigualdad en ese tipo de trabajos no remunerados que van de mudar las camas o fregar la cocina hasta quedarse con un hijo enfermo o decidir con quién se quedan los hijos o adónde van cuando no los podemos atender.
Hay parejas, empresas, organizaciones y familias que asumen este desequilibrio real y han tomado conciencia e incluso medidas para corregirlo. Pero la frase «Esta no es empresa para mamis», que le dijeron antes de emprender, por necesidad, a Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres y la asociación Yo No Renuncio, no es infrecuente. Sí una mentalidad que a estas alturas se suele ocultar por ese olor a rancio que desprende, por más que en ocasiones no puedan conciliarse la productividad y la flexibilidad en el terreno laboral. No es solo esto, son estereotipos de fuerza mayor, rigidez mental, cortoplacismo y comodidad.
¿España no es, entonces, «país para mamis»? El 21% de las mujeres españolas con fijos manifestó burnout (frente al 18% de la media de Europa) en un estudio de referencia de la ONG Make Mothers Matter (MMM) presentado al Parlamento Europeo. El Barómetro Fedepe sobre avance de Liderazgo femenino en el ámbito laboral, del 2025, revela por su parte que el 80,5% de las mujeres consideran que existe brecha salarial entre hombres y mujeres. Esa percepción de la brecha en el terreno laboral y el desempeño de puestos de responsabilidad tiene relación con otros datos que cifran el desequilibrio de reparto en el hogar. Así, las mujeres en edad de trabajar dedican 41 millones de horas más al día a estas actividades de la casa y el cuidado que los hombres, concluye el informe Coste de oportunidad de la brecha de género del 2025, que ata esos cabos sueltos entre lo que pesa la casa cuando se tienen hijos y el freno, estancamiento o involución de su desarrollo profesional y el impacto de esta circunstancia diaria en su bienestar.
Sobre esta sobrecarga maternal previene El peso invisible de la maternidad, de la Asociación Yo No Renuncio, otro de los informes más recientes acerca de la no corresponsabilidad en el hogar, que concluye que hasta el 86 % de las mujeres que conviven en pareja asume la principal responsabilidad en la organización familiar y en la carga mental. Y el principal motivo que lleva a las mujeres a separarse es, se aduce en las respuestas en este documento, la sobrecarga mental derivada de la falta de un reparto equitativo de las tareas domésticas y del cuidado.
El 62% de las mujeres separadas y el 41% de las que conviven en pareja reconocen que es la principal razón para romper con sus parejas, de acuerdo con este mismo informe de Yo No Renuncio, que acaba de llevar este martes a la Moncloa, ante el presidente del Gobierno una batería de propuestas para reivindicar un Pacto de Estado por la Conciliación.
«La conciliación en España es la renuncia: reducir jornada y cobrar menos», tiene claro Laura Baena, según manifestó en varias entrevistas. Una realidad que pelea por cambiar, entre otras, la experta en inteligencia de mercados y equidad Laura Sagnier.
Hay que repartir más lo que no está retribuido ni socialmente considerado, o asignado a hombres y mujeres por inercia. Es la idea, no tan de cajón, que apuntan expertos como la citada economista autora del Termómetro de la Equidad, y el psicólogo experto en crianza y referente en corresponsabilidad Máximo Peña.
Corresponsabilidad no es 50-50%
«Prefiero hablar de corresponsabilidad que de igualdad. No se trata de que las labores domésticas y los cuidados se repartan al cincuenta por ciento, sino de que cada pareja, familia o grupo de persona convivientes se organice en función de sus características propias. En algunos casos, la repartición de tareas y cuidados será al cincuenta por ciento, pero en otros no será así, y está bien, siempre y cuando la repartición esté basada en los propios equilibrios entre los miembros del sistema familiar», explica el psicólogo autor de Paternidad aquí y ahora, que dice que en ese reparto flexible han de entrar factores como las capacidades, las habilidades, la disponibilidad, la situación profesional, así como «deseos, expectativas, recursos y apoyos de los que se disponga» en el núcleo familiar».
Es importante que ese reparto de las labores y los cuidados se adapte a los cambios evolutivos de los hijos, según señala Peña, que recuerda que desde la neurociencia y la psicología perinatal emerge «el concepto de los mil días en la vida de un bebé, lo que incluye desde la concepción hasta los dos primeros años de vida del niño. En esta primera etapa, las mujeres tienen un protagonismo indiscutible, función que debe ser revalorizada», considera el psicólogo.
Hacia el final de esos mil días, sigue Peña, sí «es conveniente que los padres vayan haciendo un esfuerzo que conduzca a un equilibrio de las labores domésticas y de cuidados. Dar el pecho solo lo pueden hacer ellas, pero poner una lavadora lo puede hacer cualquiera», expone. Pese a que resulta fácil de entender, «llegaremos antes a Marte que a la corresponsabilidad en el hogar», dice el experto con una desesperanza informada.
«Las reducciones de jornada en España tienen nombre de mujer —subraya Laura Sagnier resumiendo varias investigaciones al respecto—, y eso tiene implicaciones directas sobre tu independencia económica» y, en consecuencia, sobre toda independencia elemental. Para Sagnier, «la corresponsabilidad llegará dentro de dos generaciones». Así lo afirma esta especialista en equidad dando un tono asertivo a una espera que «conviene acelerar» para mitigar el cansancio que el cuidado y el hogar, y las repercusiones en las esferas del ámbito laboral, social, de salud y el autocuidado, tienen en la mayoría de las mujeres españolas con hijos.
«Solo hay equidad a la hora de lavar la vajilla»
Según las conclusiones de El estado de la maternidad en Europa 2024, de la organización Make Mothers Matter, las madres españolas están sobrecargadas en casa diez puntos por encima de la media europea. Para este informe se ha consultado a más de 9.600 madres de Bélgica Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Polonia, Portugal, Eslovaquia, España, Suecia o el Reino Unido.
¿La carga mental también se puede repartir? «La carga mental es una experiencia subjetiva, y por tanto, no es susceptible de compartirse. Lo que sí pueden compartirse son las tareas que dan vida a esa carga mental, para así reducirla», sostiene Máximo Peña. Frente a este parecer, vivencias de parejas como Rosa y Miguel, que llevan 25 años practicando la corresponsabilidad en casa y el cuidado de sus hijos sin cumplir con los estereotipos, ni siquiera en esos mencionados primeros mil días del bebé, como contamos en un reportaje publicado anteriormente en este medio.
Mara y Jordi, de la mentoría para padres y madres Working Parents, consideran también que esa carga mental sí es posible objetivarla y repartirla. Ellos, a diferencia de Rosa y Miguel (en los que el reparto, dicen, fluye desde el primer día con naturalidad) lo hacen, en cambio, con una reunión semanal y un documento de Excel. Es importante, según esta pareja equipo «visibilizar la carga de una manera explícita y detallada». Mara y Jordi, padres de dos hijos de 4 y 6 años, se organizan con un Excel «donde está todo: médicos, cumpleaños, colonias de verano, logística del hogar, tareas visibles e invisibles. Hasta la famosa carga mental, puesta en un documento». Al principio, advierten tras haber pasado por la experiencia, este hacer tan explícitas las tareas de la casa y los cuidados «pone al que hace menos a la defensiva, porque es un momento de tomar conciencia de que hay mucho más de lo que uno creía». «Lo que funciona es hacer el traspaso de una tarea a la vez, empezando por esas de menor riesgo si salen mal», resumen entendiendo que los trabajos de limpiar y organizar la casa, y cuidar a los hijos, no se limitan a ayudar, sino que implican hacerse cargo al completo de la tarea, con sus previas y sus pormenores.
«Lo que más cuesta a las parejas no es el reparto de tareas, sino el traspaso de la propiedad. El gran reto es la anticipación. A los hombres les cuesta asumir el rol de estratega (saber qué falta, cuándo toca, qué riesgo hay); suelen quedarse en el rol de operario que espera instrucciones. Esto agota a quien dirige y despoja de autonomía al que ejecuta», explica Mara, que analiza la otra cara de la moneda de la desigualdad en el hogar: «Los cuidados están tan anclados en el inconsciente femenino que a la mujer le cuesta soltar. La corresponsabilidad exige aceptar que las cosas se hagan diferente, sin fiscalizar, siempre, por supuesto, que no haya un riesgo real», concluye.
¿Cuánto limpias y qué sí y qué no?, ¿cuántas veces organizas la agenda semanal?, ¿cocinas, a diario o el fin de semana?, ¿cuántas veces a la semana lavas los platos o pones el lavavajillas?, ¿cuánto te ocupas de las finanzas? A la vista de las respuestas de las parejas españolas a cuestiones como estas planteadas por Sagnier en una de sus investigaciones, solo hay equidad a la hora de lavar la vajilla. Ahora, hablemos de los hijos: ¿Cuánto dedicas a organizar y planificar su vida?, ¿a jugar con ellos?, ¿a llevarlos al médico (sin pedir instrucciones a la pareja)? En estas ocupaciones, ellos solo hacen más (60 % de los hombres frente a 40 % de las mujeres) en ser «taxistas de sus hijos», arrojan como cifras algunas de las tareas estudiadas por Sagnier, que considera que, cuando los hombres se resisten a un reparto equitativo o muestran estar en Marte respecto a lo que suponen la intendencia diaria de la casa con niños o la carga mental, solo cabe «abandonarlos en este terreno del hogar; abandonarlos en el mejor de los sentidos, irse más de un par de días sin dejar nada preparado, ni táper en la nevera ni listas de la compra ni ropa para los niños». Haciendo no un día, sino uno tras otro y otro y otro, se comprende quizá qué cuesta pensar, llevar una rabieta o un problema de los hijos, ordenar las cosas, recoger la cocina y escuchar diez minutos a los hijos antes de irnos a dormir.
Lo que más cuesta en el planeta de siempre es despegar.