María Gijón, divulgadora: «Se debería establecer un bloque horario para contestar wasaps»

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María Gijón, divulgadora
María Gijón, divulgadora

A través de su proyecto «Educar sin pantallas», María Gijón publica «Tú puedes dejar tu móvil si sabes cómo» y da las claves para sumergirse en la desconexión digital

10 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

María Gijón (Madrid, 1982) no es antitecnología y su trabajo implica trabajar con el móvil. Sin embargo, la divulgadora y consultora de redes sociales es consciente de cómo han cambiado las plataformas y de la hiperconexión constante que tenemos hacia las pantallas. Nuestra atención, concentración y memoria se están erosionando, porque necesitamos recibir estímulos de forma constante. Ahora publica su libro «Tú puedes dejar tu móvil si sabes cómo», en el que explica 100 herramientas prácticas para que no vivas haciendo scroll.

—¿Cómo surgió la idea de escribir el libro?

—Inicialmente yo quería ayudar a las familias a retrasar la entrega del smartphone y a utilizar menos pantallas en casa. Hablando con las editoras, nos dimos cuenta de que había un público adulto que también necesitaba esas herramientas y que parte de ellas es dar ejemplo. Durante el tiempo que estuve escribiéndolo, me he ido dando cuenta de que había todo tipo de personas que necesitaban herramientas para reducir el uso del móvil.

—¿En qué momento te das cuenta de que existe una adicción al móvil?

—Desde que mis hijos son pequeños tenía claro que no quería que estudiasen con pantallas, mi educación personal ha sido muy experiencial y manipulativa. Llevo en redes sociales 14 años y me dedico en gran parte a ellas, por eso he ido notando los cambios que han hecho las plataformas con los algoritmos y ratificaciones que no existían al inicio. Al final, no hay más que estar con un grupo de personas para ver quién domina a los demás: el móvil. Todos los profesionales de salud mental avisan de que es una adicción y un hecho que está interfiriendo en las personas más vulnerables, en este caso a niños y adolescentes, porque tienen su neurodesarrollo todavía en proceso. 

 —¿Por qué lo cogemos tanto?

—Es un círculo vicioso. Ante la mínima incomodidad, como puede ser estar sola en una cafetería esperando a alguien o en la parada del autobús, comienzas a mirarlo de forma inconsciente. Ahí ni siquiera te has dado cuenta de que estabas incómoda y enseguida tu cerebro se acostumbra a tener una respuesta automática muy gratificante, un chute de dopamina. La próxima vez que sientas un poco de incomodidad o de aburrimiento volverás a hacerlo. Hay que ver el tiempo de uso, analizar el porqué y preguntarse: ¿me meto en redes sociales para validarme, porque cultivo muchas cosas o para evadirme? En el libro menciono un experimento que hicistéis ahí en La Voz de Galicia, donde se pusieron cámaras en la calle para observar durante dos minutos cuántas personas pasaban haciendo uso del dispositivo. A esas 23 personas, después se les preguntó por el motivo del uso y la respuesta más repetida fue que se debía a un tic o, simplemente, no lograban dar una razón concreta. 

—La sociedad obliga a que lo tengamos: cartas de locales en QR, el trabajo...

—Claro. Yo animo a la gente a que pida la carta en papel. Siempre lo hago y en el 90 % de los sitios la tienen. Las cartas en digital, muchas veces, son largas y se hacen difíciles de contextualizar. Además, cuando sacas el móvil para escanearlo, ya ves el Whatsapp u otra notificación y todavía no la has mirado. Por otro lado, yo trabajo con el teléfono y me parece superimportante que mis hijos vean que mi lenguaje corporal exprese que estoy trabajando, no tirada en el sofá mirando una película con ellos mientras estoy contestando. Pero si te pones en una mesa que tengas dedicada al ordenador o que estés más incorporado, sentado detrás del ordenador con el móvil, lo que tú transmites es que sí que estás trabajando, no estás haciendo scroll.

—Una de las herramientas que propones es reorganizar la pantalla de inicio...

—La pantalla de inicio es superatractiva, llena de colorines. Es lo primero que vemos. Nuestro cerebro está diseñado para que nos sintamos atraídos por el color y por la luminosidad. Yo en verano me quité WhatsApp y a la vuelta de vacaciones, no me apetecía volver a tenerlo, pero por trabajo lo necesito porque soy autónoma. Lo que hice fue quitarlo de la pantalla de inicio. Ahora cada vez que quiero usarlo lo meto en el buscador. Eso ya te ayuda a reducir en un 50 % su uso, igual que con otras redes.

—También a establecer bloques horarios...

—Sí. Por ejemplo, contestar correos o wasaps en una franja de horas. Así, las personas que trabajan contigo o tu entorno familiar saben que manejas ese horario. Si es algo urgente te van a llamar, si no es algo urgente, van a esperar a mañana.