¿Cuánto cuesta casarse?: «Una boda estándar de cien invitados ronda los 40.000 euros»

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«Wedding planners» y organizadoras de eventos nos cuentan las claves del presupuesto que los novios necesitan para organizar su enlace y las últimas tendencias contratadas para su fiesta. «Los novios se inspiran en Pinterest o TikTok», afirman

07 abr 2026 . Actualizado a las 12:30 h.

Parece que pasar por el altar en estos tiempos conlleva un desembolso económico importante. La influencia de las redes y la necesidad de innovar por parte de los novios hacen que algunas bodas lleguen a parecer auténticos festivales. ¿Pero cuánto cuestan y cómo han cambiado desde hace unos años? Patricia Fragio es wedding designer en Love Lovely. «Una boda media, incluyéndolo todo, está fácil en 40.000 euros y si te vienes un poco más arriba en 60.000. Nosotros también tenemos alguna de más de 100.000», afirma. Silvia Lourido, wedding planner de El consejo de Silvia también da cifras. «Por ejemplo, para una boda de cien invitados, de media tendríamos que contar con unos 40.000 o 45.000 euros. Después depende de lo que se quiera invertir en decoración y demás, pero hay que partir de ahí». Y, como es evidente, también es resultado del cambio en la forma de celebrarlas. «Hace 12 años, cuando empecé en esto, tú ibas a una boda y había solo lo fundamental, que es el espacio y el menú. Como mucho, otro proveedor podía poner un photocall, pero eso fue evolucionando. Ahora el presupuesto que tú tienes lo repartes entre muchos más proveedores», explica Sabela García, directora de Eventos Alborada.

Si dividimos el presupuesto por departamentos, los arreglos florales se llevan un buen pellizco. «Tenemos proyectos en los que el cliente puede invertir lo justo, adaptándose a las flores que le incluye la finca e invertir a mayores un presupuesto escaso de 1.000 o 1.500 euros. Pero es cierto que en la gran mayoría de ocasiones es muy fácil que se vayan entre 3.000 y 6.000 euros. Y no se hace nada loco. Es complicado que una floristería te haga un arreglo floral en una iglesia, por pequeña que sea, por menos de 1.500 o 2.000 euros», explica Patricia. Algo en lo que Silvia está de acuerdo. «El mínimo en una ceremonia religiosa son 3.000, porque ya la iglesia nos lleva mucho presupuesto y tenemos que contar también con la parte del establecimiento. Nos podemos ir hasta 6.000 euros e incluso más», añade.

Tras las flores, está el espacio donde se desarrolla el banquete y la posterior fiesta. Ahora, ya no queda casi ninguno que no implique pagar un canon, un importe que se abona como concepto de alquiler del espacio y que no se descuenta del presupuesto total que pide la finca o el pazo. Al principio, las cifras se movían entre 3.000 y 5.000 euros y ahora llegan a los 8.000 en algunos sitios. «Es más económico casarse en el norte que en el sur. En el norte hasta hace nada no existía el concepto de canon. Antes pagabas una señal por la reserva del espacio, pero no era a fondo perdido, sino que después se te descontaba del pago total. Desde hace dos años, los sitios te cobran un canon que sí es a fondo perdido», indica Patricia. Y para llegar hasta allí, se suele contratar transporte para los invitados. «Se piensa que es más caro de lo que realmente es. Es raro que un autobús cueste más de 600 euros», añade. Además, el cubierto por persona no baja de los 180 euros y la barra libre ronda entre los 20 y 30 euros.

Invitaciones digitales

Mientras transcurren los pinchos, aparece un grupo de música en directo. «Depende un poco de la composición, pero costaría a partir de los 1.500 o 1.700 euros», afirma Silvia. También da detalles de los servicios de fotografía y vídeo. «Suelen ir por separado y la media está en unos 1.700 euros. Con la papelería, cada vez más, los novios deciden diseñar las invitaciones en formato web, donde ponen todos los detalles y los invitados pueden confirmar la asistencia», puntualiza. Las redes sociales tienen mucho que ver en lo que se contrata para una boda, porque ahora todo el mundo busca ser original. «Es cierto que Pinterest o TikTok hacen mucho daño, porque todo eso hay que aterrizarlo presupuestariamente. Por ejemplo, hubo quien quiso meter un futbolín, pero hay que ser conscientes de que eso supone, a lo mejor, 500 o 600 euros de alquiler. Al final te lo tienen que traer en una furgoneta grande, llevárselo...», confiesa Patricia. «Siempre se puede hacer algo bien y vistoso. La clave está en que lo que quiera la pareja cuadre con su partida presupuestaria, que busquen unas experiencias acordes a su inversión. No puedes tener un presupuesto de 25.000 euros y querer invitar a 150 personas, porque ya solo en restauración se te va una parte que después te quedas atado de pies y manos», explica.

Manteles y luces

Sabela destaca que las parejas le dan mucha importancia a cómo vestir las mesas y a la iluminación. «En nuestro caso, vemos que cada vez más se opta por la boda de día. Ahí la iluminación cambia un poquito, porque ya no necesitas tanto apoyo de luces como en una boda de noche», añade. «En cuanto a los centros de mesa, también se busca algo diferente y trabajar mucho con velas, frutas y flores más minimalistas. En general, el salón es una decoración de telas», explica Silvia. Hacer la boda en pleno verano parece que también está cambiando. «Las fincas siguen empeñadas en cobrar más por julio y agosto, pero hay más demanda en el inicio y en el final del verano», confiesa Patricia. «Septiembre creo que es el mes que la mayoría de los espacios cerramos primero, aunque hace un par de años que empezamos a alargar la temporada», recalca Sabela. La opción de alargar los aperitivos es la favorita. «Hay más tendencia a poner estaciones de bivalvos, quesos, empanadas, pulpo, jamón... Y después acortar el tiempo en la mesa con un entrante, un principal y un postre», indica Silvia.

Dónde y cómo sentarse también conlleva dudas. Ahora es más popular escoger mesas alargadas. ¿Es este el fin de las mesas redondas? «Siempre se ha visto como algo más tradicional. Hay una cosa que influye mucho en las mesas redondas y es el quebradero de cabeza para las distribuciones. Después lo que también influye mucho es la estética del espacio, el comedor, si es de día o de tarde...», afirma Sabela. «Esa parte todavía nos cuesta, así que hacemos que la mesa presidencial sea cada vez más diferente jugando con el espacio y no se haga la típica mesa redonda», explica Patricia. «Nos estamos yendo a las mesas rectangulares en forma de curva», indica Silvia. De hecho, los novios ahora prefieren sentarse solos o con amigos, dejando a padres y suegros por otro lado. «Esas cuestiones de protocolo van cambiando. Lo vemos en las bodas tipo cóctel, que antes era una cosa rarísima de ver porque son más informales y se tiene la idea de que se come menos y es más incómodo por no haber tanto sitio para sentarse y ahora las hay cada vez más», puntualiza Sabela. «En una que organizamos, la pareja cenó sola en una mesa pequeña y redonda entre otras dos mesas. Fue de las primeras que tuvimos de ese estilo y muchos clientes lo agradecen», confiesa Patricia.

Hay quien contrata un toro mecánico, un fotomatón... «Al final se copian muchísimas cosas que se ven por redes, como el que al terminar el banquete venga un pastelero a montarte la tarta. Desde el año pasado, se recuperó la torre de copas de champán. Es un momentito, pero queda muy vistoso para la foto», confiesa Sabela. «Nosotros no somos muy partidarios de actividades que impliquen ocio por tramos. Si tú tienes una boda con muchos invitados, no es buena idea que pongas un karaoke, porque van a cantar seis», confiesa Patricia, que puntualiza otro error que ve. «Suelen decirte: “Si tengo 150 invitados hay que poner 90 sillas en la ceremonia”. Eso es mortal. Con 40 o 50 es más que suficiente. En las ceremonias por la iglesia siempre hay un grupo de gente que se queda fuera porque no quieren entrar y en las civiles pasa lo mismo. Que haya asientos vacíos queda feísimo», admite. Lo mismo si quieres optar por algo más informal. «Es un error que si quieres una boda tipo cóctel pretendas que tenga tropecientos mil asientos, porque si lo haces así, la gente termina aburrida, sentada y apalancada», añade. Aun así, las tres coinciden en que lo importante es escuchar a los novios y ajustarse a sus necesidades.