Isabel y Dani, padres de tres niños y expertos en disciplina positiva: «El acoso escolar no es cosa de niños, viene de los adultos que hay detrás»
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Son guías de familias con el valor de la experiencia cotidiana. Con su segundo hijo se vieron en la necesidad de aprender a gestionar las exploxiones de otra manera, y con la mayor han vivido una prueba de fuego que invita a revisar protocolos y actitudes ante el acoso en el ámbito escolar: «Nuestra hija sufrió bullying, pero no perdió autoestima por el camino. No tenía perfil de víctima»
07 abr 2026 . Actualizado a las 16:22 h.Son Isabel y Dani, la pareja de padres tras el blog y la cuenta de disciplina positiva Una madre molona. Tienen tres hijos, aprenden con los tres, y comparten con otras madres y padres una manera de entender y poner en práctica un tipo de educación que cambia el grito, el castigo y el chantaje por la conexión con el niño. ¿Recetas mágicas? Cero. Se trata sobre todo de querer entender. Esta es, para ellos, la clave, el primer paso para crear un buen ambiente familiar, al margen de cómo estén el baño y el salón. La prioridad son siempre las personas.
Se estrenaron como padres en el 2013. «Yo tenía 28 años, ninguna de mis amigas tenía hijos... Y de repente voy a ser madre. Dani hace un papelón como padre, y veo que lo de la crianza no se nos da nada mal, pero como me sentía sola en la maternidad y venía del mundo de la comunicación me abrí un blog, Una madre molona. En él compartía temas de crianza con los que se iba haciendo una comunidad con la que me sentía acompañada», relata Isabel. Esa buena experiencia con la primera hija les hizo ir sin miedo a por un segundo. Y ese segundo hijo les hizo sentir «absolutamente primerizos». Por algo se dice que todos los hijos son únicos, tengan hermanos o no. Tampoco los padres somos los mismos con un hijo que con dos o tres...
«EL GRAN DESBORDE»
«Desde los seis meses, el niño tenía rabietas terribles, incluso cabezazos contra el suelo... No sabíamos cómo manejarlo. Hasta que un día a las cuatro de la mañana hubo un gran desborde emocional, y Dani me miró y dijo...». «Algo hay que hacer», completa la frase este papá de tres. El «gran desborde» fue un clic. Se pusieron los dos manos a la obra, especialmente Isabel (Dani se subió a ese tren cuando ya estaba en marcha funcionando), que se formó en disciplina positiva por la necesidad de saber «si podía haber algo que nos ayudase como padres a manejar la parte emocional de nuestro hijo», detalla Isabel. Esto es algo que no incluyen las clases de preparación al parto y la experiencia de generaciones anteriores de padres y madres. «Te enseñan a coger al niño, a bañarlo... pero en el hospital te dan el bebé, sales de allí y dices: ‘‘¿Y ahora qué?’’». Su segundo hijo redobló el eco de la pregunta en numerosos momentos Al desbordamiento emocional en casa, Isabel reaccionó buscando herramientas y soluciones en la disciplina positiva y escapando del «toda la vida se ha hecho así», gran frase que siempre esconde algún cadáver en el armario.
«Tradicionalmente lo que se buscaba era cortar o reforzar el comportamiento. ¿Qué pasa? Que ahí no vemos el origen del comportamiento, y si pierdes el origen, por mucho que castigues no va a haber resultados a largo plazo»
Los desbordamientos no se acabaron poniendo en práctica la disciplina positiva, «y es normal que sea así», pero con esta forma de educar «disminuyeron en frecuencia, intensidad y duración». Al chantaje, la amenaza y el grito con que los adultos cansados y desbordados afrontan la situación se trata de anteponer las necesidades del niño o la niña en cuestión: preguntarse por las causas y por esas necesidades del niño antes que atajar el comportamiento. «Tradicionalmente lo que se buscaba era cortar o reforzar el comportamiento. ¿Qué pasa? Que ahí no vemos el origen del comportamiento, y si pierdes el origen, por mucho que castigues no va a haber resultados a largo plazo», afirma Isabel.
Isabel y Dani tenían ya este bagaje de experiencia y formación a favor, un entrenamiento en comprensión y flexibilidad, cuando se vieron involucrados en la apertura de un expediente por acoso escolar en el centro en el que estaba su hija mayor. «Durante dos cursos sufrió acoso por parte de otra alumna de clase», cuenta Isabel, que pone el acento en el «papel que como padres tenemos ante un caso así». «Nuestro papel es el de acompañar a nuestros hijos hasta en los momentos más difíciles».
La hija mayor de Dani e Isabel se vio aislada de un grupo «de cinco amigas». «En el propio ámbito escolar, alguien llegó a verbalizar que quería dejar sola a nuestra hija, que se iba a encargar de que se fuera del colegio», cuentan estos padres que advierten que educar en positivo fue lo que les ayudó a encontrar el camino para afrontar la situación sin desesperar en el intento y sin que su hija viese lastrada su autoestima en ese duro camino.
¿Es el bullying cosa de niños? No, afirman, aunque suceda en el ámbito escolar. «Siempre influyen los adultos que están detrás. A veces, no es que haya una intención de acosar. Sencillamente ocurre que hay adultos que educan a sus hijos con castigos y amenazas, como creen que es la manera de hacerlo... Y estos niños utilizan los mismos recursos. O se sienten tan inferiores que necesitan hacer algo para verse superiores a los demás», argumenta Isabel, tomando perspectiva sobre el problema para tratar de entender cuáles son las causas del acoso escolar.
«El bullying no viene de los niños, viene de los adultos —afirman Dani e Isabel—. No siempre son los padres el origen del todo, también hay adultos profesores que tienen responsabilidad». Como padres, «aunque creamos que sí, no podemos evitar que a nuestros hijos algún día les hagan daño o les acosen...». ¿Qué podemos hacer? «Acompañar, acompañar a nuestros hijos para que en ese camino tengan herramientas, no solo para poner límites, sino para que no pierdan la confianza y la autoestima», consideran.
«Mi hija no entendió por qué tenía que irse del colegio. Le dijimos: Para papá y mamá la prioridad es que tú estés bien»
Los niños no viven en una burbuja. Es algo que tienen presente como padres Dani e Isabel, que saben lo que es vivir una película de terror real. «Hay que explicarles las cosas... Deben saber que a veces pueden encontrarse con personas que les quieren hacer daño. Intentamos hacer ver a nuestra hija que debía buscar sus soluciones aunque nosotros, al tratarse de un caso de acoso escolar, como adultos naturalmente tenemos que intervenir», comparte Isabel.
Abierto el protocolo de acoso a petición de otra familia, la consulta con la clase hizo que su hija pasara a ser acosada. «El colegio estuvo en todo momento en contacto con nosotros. Tomaron medidas, pero no fue suficiente», lamentan. Así que decidieron cambiar a su hija de centro. La Semana Santa de hace tres años, Isabel estuvo días ante Inspección educativa para cambiar a su hija lo antes posible. Su hija iba en 5.º de primaria y en abril se produjo ese cambio de centro. La niña lo recibió enfadada, porque había cumplido su parte respecto a lo que le pedían sus padres como «que no hiciera lo mismo que le hacían a ella». «Ella nos dijo: ‘‘He hecho todo lo que me habéis pedido ¿y soy yo la que se tiene que cambiar de centro?’’. Le dije: ‘‘ Hay cosas que no vamos a entender. Y para mamá y papá la prioridad es que estés bien’’. No nos perdonaríamos jamás que te pasase algo», revela Isabel.
El curso siguiente, en septiembre, llegó el fruto de la decisión de esta madre, que se encontró en la reunión de inicio de curso en el nuevo centro al que iba su hija una carta en la que ella le decía que entendía que lo que habían hecho sus padres lo habían hecho «por su bien». «Fue algo bonito, porque muchas veces como padres queremos resultados inmediatos y no los hay», piensan. Su historia refleja una realidad más o menos habitual en centros escolares a día de hoy, más allá del estereotipo. ¿Quién no conoce a un padre o una madre que no respete la intimidad de su hijo, o que quiera hacer que su hijo sea siempre el mejor a cualquier precio?
«Nuestros hijos no son nuestros trofeos ni nuestra carta de presentación», subraya Isabel, disparando al centro de lo que mueve a algunos padres de hoy que hacen de la protección una forma de manipulación. Son estos padres los primeros que necesitan ayuda, tal como lo ve Isabel.
La clave al educar, señala la pareja experta en crianza consciente, está en llevar al foco a cómo actúa el adulto.
«Nuestra hija sufrió acoso escolar durante dos cursos, pero no perdió autoestima en el camino. No tenía perfil de víctima —concluyen sus padres— gracias al acompañamiento emocional que recibió».