Medio siglo después de que se estrenara, casi todos los artífices de esta obra maestra de Scorsese siguen siendo estrellas del cine, pero algunos no estaban en la mente de los productores. Travis podía haber sido Jeff Bridges...
29 mar 2026 . Actualizado a las 11:12 h.Si Travis Bickle trabajara en el 2026 en Nueva York, ¿sería conductor de Uber? ¿Sumaría a sus dudas existenciales la lucha de los taxistas contra la invasión de los VTC? ¿Trataría de encontrar un propósito para su vida en las redes sociales? Medio siglo después de su estreno, lo improbable es que Hollywood apostara por un guion como este en manos de apenas unos críos. Pero Taxi Driver sigue igual de vigente, incómoda y espectacular. Las preguntas que planteaba entonces siguen resonando ahora. Y las respuestas son igual de complejas.
En una reciente entrevista en The Hollywood Reporter, el guionista de la película, Paul Schrader, contaba que para preparar la historia de Travis releyó El extranjero, de Albert Camus, y La náusea, de Jean Paul Sartre, porque quería trasladar la idea de un héroe existencialista al cine. La pregunta, dice, no es cómo vivir, sino si debo vivir. Travis, que no puede dormir, que limpiaría la ciudad como limpia el asiento trasero del taxi, que se pone chaquetas de pana para tratar de conquistar a una chica inalcanzable con una visita a un cine porno, que solo ve la ciudad a través de los cristales del coche, desdibujada, oscura (maravillosamente fotografiada por Michael Chapman), ve su vida pasar como una sucesión eterna de semáforos al ritmo de la última e hipnótica banda sonora compuesta por Bernard Herrmann, el hombre que fue capaz de convertir en música el terror de una ducha en Psicosis.
Schrader no podía dormir cuando escribió el guion, y Travis tampoco. Se refugiaba en un coche y en salas de cine X, y Travis también. Los productores Julia y Michael Phillips (que acababan de ganar un Óscar por El golpe) se hicieron con aquel texto desolador, y un jovencísimo Martin Scorsese, después de rodar Malas calles y Alicia ya no vive aquí, consiguió la dirección, a pesar de que la primera opción de los productores fue Robert Mulligan, y Schrader quería a Brian De Palma. Aunque medio siglo después, envueltos en la leyenda, escritor y director insistan en que ellos solo querían a Robert De Niro subido a ese taxi, en realidad hubo otros nombres encima de la mesa: Dustin Hoffman rechazó el papel porque le parecía una locura, Jeff Bridges era la idea inicial de otro de los productores, Tony Bill, y Scorsese se lo propuso a Harvey Keitel, que prefirió ser el chulo de la prostituta que interpreta Jodie Foster. Pero tras ver Malas calles, Julia Phillips y Schrader apostaron por Scorsese. Así empezó el rodaje en el caluroso verano de 1975 en Nueva York, después de que De Niro ejerciese como taxista para preparar el papel. Cosas del método, claro, y de una época en la que solo era Bob y no el mito en el que se ha convertido. Gracias, entre otras, a esta interpretación.
CÁLLATE, CYBILL
La aparición intocable vestida de blanco que es Betsy podría haber sido Mia Farrow, o Meryl Streep, o Susan Sarandon, o Gleen Close. Scorsese quería a alguien que se pareciera a Cybill Shepherd, y la agente de la actriz le recomendó: «Cuando vayas a conocerlos [a Scorsese y De Niro], cállate, no hables y probablemente consigas el papel».
La actriz, que tenía 25 años y había debutado con apenas 20 en La última película (Peter Bogdanovich, 1971), se convirtió en el objeto de deseo no solo de Travis, sino de toda aquella generación. Una década después, su Maddie en Luz de luna la consagraría como una estrella de la televisión, mano a mano con un principiante Bruce Willis con el que se llevaba tan mal, que las memorias de Shepherd se titulan La desobediencia de Cybill: cómo sobreviví a los concursos de belleza, Elvis, el sexo, Bruce Willis, las mentiras, el matrimonio, la maternidad, Hollywood y el impulso irreprimible de decir lo que pienso. De todos los que participaron en Taxi Driver, la carrera de Shepherd ha sido la menos duradera. En el 2018, aseguró que el entonces presidente de la CBS, Les Moonves, había intentado propasarse con ella, y cuando lo rechazó, la cadena canceló su serie Cybill. Su carrera no volvió a despegar... y a Moonves lo acabó echando la empresa en medio de una serie de acusaciones similares en pleno Me Too.
¿DE VERDAD TIENES 12?
En el 2026 sería impensable que el papel de una prostituta de 12 años y medio lo interpretase una actriz de 12 años y medio. Pero Jodie Foster había trabajado un año antes con Scorsese en Alicia ya no vive aquí, y para que no estuviera incómoda, su hermana de 18 años dobló alguna escena.
«Me llamo Fácil», le dice a Travis antes de confesar su verdadero nombre, y lo que es fácil es cómo Foster es capaz de meterse en la piel de Iris. Pero la actriz era ya una superdotada entonces. En las entrevistas de promoción, aseguraba que ella y su madre creían que Scorsese era el mejor y confiaban plenamente en él. Su personaje es, probablemente, el más humano de la película. Siempre aparece de la nada: entra de golpe en el taxi, cruza una calle cualquiera. Y así, sin querer, se convierte en el propósito de vida de un hombre sin propósito, y en el juguete de Sport, esa fantástica interpretación (en apenas dos secuencias) de Harvey Keitel, otro de los imprescindibles en el cine de Scorsese.
De hecho, volvió a coincidir con De Niro en El irlandés, la primera de las películas que el director tuvo que rodar con una plataforma (Netflix) porque uno puede ser un titán del cine, pero si tienes casi 80 años y quieres rodar una historia de mafiosos que dura más de tres horas, estás casi igual que un debutante. Medio siglo después de Taxi Driver, Scorsese ha encontrado en este nuevo modelo —ahora, con Apple TV— el respaldo para rodar lo que le da la gana: la monumental Los asesinos de la luna, de nuevo con De Niro, hace tres años, y ahora su próximo trabajo, What Happens at Night, del que se sabe poco más que estará protagonizado por Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence.
Taxi Driver no solo le dio a Scorsese el prestigio que necesitaba. En la grabación conoció a su tercera mujer, la periodista Julia Cameron, y aunque tuvieron una hija, aquella relación duró poco más que un rodaje. Su matrimonio fracasó al mismo tiempo que su siguiente filme, New York, New York, de nuevo con De Niro y con Liza Minnelli, con quien viviría una breve aventura.