Lídia Manot, defensora del poliamor: «Tengo una pareja. Él lleva nueve años con otra persona y ahora ha aparecido alguien importante para mí»

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La divulgadora y escritora ofrece un nuevo punto de vista sobre las relaciones abiertas: «En monogamia, cuando alguien tiene un deseo que el otro no acepta, eso hay que barrerlo debajo de la alfombra y no se vuelve a plantear»

31 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hubo un día en que Lídia Manot (Barcelona, 1990) se planteó su modelo de relación monógama y decidió explorar otra forma en la que ella se sintiera a gusto. Fue así como descubrió que se puede amar de muchas maneras y que cada uno tiene que encontrar la forma que mejor le encaje. Así creó Open Mandarina, para todos aquellos que todavía no tengan claro cuál es su modelo de relación y necesiten herramientas emocionales para descubrirlo. La autora de Amar más allá de la monogamia: poliamor de la teoría a la práctica ofrece un nuevo punto de vista para encontrar mucho más que la media naranja. Separamos los gajos para descubrir todo un abanico en las relaciones no monógamas.

—¿Qué es Open Mandarina?

—Nace de una historia personal. Sentía mucha tristeza, comencé a trabajar emocionalmente y se me despertaron muchas cosas. Diez años más tarde, a los 26, en un curso de desarrollo personal, fui consciente de que necesitaba relacionarme de otra forma. Llevaba ya dos relaciones largas monógamas, y me di cuenta de que siempre reproducía el mismo patrón.

—¿Cuál?

—Me encanta el compromiso de estar con una persona, quiero la inversión a largo plazo, pero se me hace muy poco auténtico prometer que voy a estar solo con una persona el resto de mi vida. No lo digo ni siquiera en el plano sexual. Entonces, con 26 años, empiezo a relacionarme de una forma diferente. También me di cuenta de que tenía más herramientas que otras personas para gestionar las inquietudes, los celos y las inseguridades. Y Open Mandarina nace, primero, de compartir que puedo tener relaciones sanas en este modelo, y segundo, que tengo herramientas para quien necesite gestionar mejor las inseguridades que puedan surgir. Es un lugar de encuentro para personas que quieren mantener relaciones abiertas, donde pueden surgir problemas emocionales, psicológicos, conflictos... Es el espacio para todas aquellas personas que no quieren la monogamia normativa, pero que tampoco saben muy bien lo que quieren.

—¿Qué entendemos por poliamor?

—Depende de a quién le preguntes. Para mí es lo que se conoce como no monogamia ética. La base principal es que tenemos pactos y transparencia sobre lo que está ocurriendo. Y dentro de las no monogamias éticas, están las relaciones swingers, que mantienen una estructura muy parecida a lo normativo, en la que existe una pareja que juega sexualmente con otras personas. Luego estaría la infidelidad, que no tiene nada que ver con esto.

—¿Hay más formas además de las relaciones «swingers»?

—Sí, luego están las personas que dicen: «Si voy a conectar íntimamente con otra persona, necesito que sea una conexión desde el corazón y crear vínculo». Cuando nos abrimos no solo a la parte sexual, sino también a la afectiva, ya empezamos a poner la etiqueta del poliamor. Pero puede pasar que yo me considere poliamorosa, y a lo mejor solo esté con una persona durante mucho tiempo por lo que sea.

—¿Cada persona tiene su propia manera de vivir el poliamor?

—Sí, hay personas que tienen dos parejas, otras que conviven en trieja [una pareja formada por tres personas], otras que solo están con una persona sexoafectivamente, pero tienen conexiones muy íntimas con otras personas con las que no tienen sexo...

—¿Se puede tener una relación sana poliamorosa?

—Completamente. He acompañado a más de 5.000 personas en estos modelos y lo que veo es que una relación sana y comprometida es aquella en la que pones todo de ti para que se pueda construir algo auténtico y donde hay transparencia y comunicación sobre lo que quieres y necesitas. Y eso se acepta. En el poliamor a veces el compromiso puede ser mucho mayor que en muchas parejas en monogamia. Porque en monogamia, en ocasiones, cuando alguien tiene un deseo que la pareja no acepta, del tipo que sea, eso hay que barrerlo debajo de la alfombra y no se vuelve a plantear.

—¿Esto no sucede en el poliamor?

—En el poliamor, hay un «mira, eso sería auténtico para mí y es lo que quiero experimentar». Entonces, invitas a que haya un proceso de integración de forma que no se tenga que ocultar nada. Por lo tanto, una relación poliamorosa puede ser supersana, precisamente porque está integrando esas cosas que en monogamia no se pueden integrar. Y es un tipo de amor muy profundo. Si tu pareja te dice «te quiero», te lo está diciendo de una forma muy profunda, porque está integrando partes de ti que has tenido que ocultar en otras relaciones o has tenido que castrar. El poliamor puede ser muy comprometido y auténtico.

—¿Y duradero?

—También. Pero debemos preguntarnos cuántas de estas relaciones monógamas largas son realmente exitosas. Porque hay mucha inercia y mucho conformismo. En el poliamor veo a personas muy comprometidas, trabajando mucho y cuidando los vínculos, pero que, a lo mejor, en cinco años se han convertido en otra persona y puede ser que la pareja coja caminos diferentes. Pero ahí hay éxito, a pesar de que mucha gente diga que han durado muy poco. Aun así, puedo decir que conozco casos de poliamor que llevan más de 16 años juntos. Últimamente las relaciones en monogamia tampoco es que duren mucho...

—¿En qué momento te encuentras?

—He pasado por todos los espacios. A los 26, cuando decido esto, tenía una pareja desde hacía seis años y éramos monógamos. Le comenté que quería tener una relación no monógama ética. Él me dijo que no, y me pareció superrespetable. Entonces, lo primero que me encontré fueron las relaciones swinger. Grupos que exploran la sexualidad y que salen y hacen fiestas. Pero me di cuenta de que necesito más conexión emocional para relacionarme sexualmente. Y ahí ya establecí mi primera relación estable no monógama, que fue con una persona con la que estuve seis años de convivencia.

—¿Era poliamorosa?

—Sí. A la vez que estaba con él de forma más estable, establecí otro tipo de vínculos sexoafectivos. Algunos duraron tres años, algunos dos y algunos uno. En este proceso me di cuenta de muchas cosas que no conocía de mí misma. Y algunas de esas parejas no las consideré lo suficientemente estables o seguras y tuve un cambio importante.

—¿Cuál?

—Hace cuatro años conocí a una de mis parejas actuales, que es con la que he establecido nuevas relaciones. Ahora siento que, para mí, la etiqueta de poliamoroso se desdibuja mucho. He vivido alguna etapa de estar solo con una persona y de no querer estar con nadie, aparte de con esa persona. Luego, ha aparecido alguien importante, como ahora, que estoy conectando con ella.

—¿Además de con tu pareja?

—Sí, además de con mi pareja. Y mi pareja también ha tenido relaciones muy largas. Lleva nueve años con otro vínculo.

—¿Y eso emocionalmente cómo se gestiona?

—Yo tengo muchas herramientas. Para mí hay dos cosas a tener en cuenta en los celos. Una es el contexto y la otra es tu propia gestión emocional. Vamos a poner el caso de que me comparo con otras personas, o siento que mi pareja si no está conmigo, me está abandonando... Esa es la parte que me toca gestionar. Cuestionarme cuántas de estas heridas son mías y no son de la pareja con la que estoy. No es ella la que está despertando todo esto, sino que es una oportunidad para sanar qué me ocurre. Y luego, el contexto. Hay personas que están haciendo un trabajo maravilloso para gestionarse sus inseguridades y sus celos, pero cuando me explican el contexto, digo: «¡Madre mía!». Porque a lo mejor tienen una pareja que no le da ningún tipo de apoyo emocional cuando tiene otras citas, desconecta el teléfono durante horas y no cumple los pactos. Son personas que no están dispuestas a construir. Es muy importante que si vas a tener una relación no monógama, que lo hagas con alguien dispuesto a darte seguridad. Esa es la parte que no conocemos del poliamor.

—¿Puedes poner un ejemplo?

—Sí, son ejemplos míos de hace tiempo. A lo mejor estoy en un momento vulnerable y mi pareja viene y me dice: «Cariño, hoy tengo una cita, hemos quedado a tal hora. El plan es alargarlo hasta después de cenar o hasta la hora que sea, ¿cómo te sientes con eso?, ¿qué necesitas?». Entonces, tengo un momento de respirar y de decir: «Vale, pues hoy me siento tranquila. No necesito nada. Solo que cuando acabes la cita me mandes un audio y me cuentes un poco cómo ha ido». O tengo un día muy vulnerable y le puedo decir: «Después de cenar me mandas un mensaje y me cuentas cómo estáis o si os está apeteciendo conectar físicamente». Me estoy trabajando estas inseguridades y tengo herramientas para hacerlo, pero a la vez siento que mi pareja está ahí para mí, que hemos pactado unas cosas y las cumple, que si me dice que me escribe después de cenar, no se olvida. Ese es el tipo de cosas que hacen que estas relaciones sean sostenidas en el tiempo, y que sienta que me están acompañando. También te diré que después de diez años, mi autoestima es muchísimo mejor que antes, pero a un nivel estratosférico.

—Decías antes que has hablado con más de 5.000 personas, ¿esto ya es imparable?

—Creo que a la gente ya no le sirve el modelo actual de monogamia, que tiene que seguir una escalera mecánica, que es la de tenemos sexo, nos comprometemos en exclusividad, tenemos una convivencia... todo ese camino obligatorio a la gente ya no le sirve. Necesitamos más flexibilidad. Y la gente no está pidiendo acostarse con más gente, sino alguien que quiera evolucionar a su lado.

—¿Tú ahora estás feliz?

—Más que nunca. Cada vez tengo más certeza de que no necesito una etiqueta rígida. Lo que sí quiero es una puerta bien abierta y una persona al lado con quien caminar desde el compromiso.