48 horas en Tenerife, la isla del verano eterno

SARA FERNÁNDEZ / CANDELA MONTERO TENERIFE / LA VOZ

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No hay minuto que perder. Una escapada exprés a la isla da para mucho: de explorar sus pueblos con encanto o su famoso volcán a relajarse en sus arenales

31 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Los poco más de 2.000 kilómetros cuadrados de Tenerife dan para mucho. Pese a su tamaño relativamente pequeño, la oferta en la isla canaria del verano eterno es muy amplia. Pero si se aprovechan bien, 48 horas en este rincón del archipiélago pueden convertirse en una escapada de fin de semana perfecta. Lo primero que hay que tener en cuenta es la diferencia entre la parte norte y la sur de la isla, con sendos aeropuertos que se encuentran a una hora en coche aproximadamente. Si llegamos por la tarde, antes de nuestra primera jornada, podemos aprovechar para ver el atardecer desde alguna de sus playas. En la parte sur, una de las opciones es la de Las Américas, que combina arena dorada con partes de origen volcánico.

Pero más allá del tópico de sol y playa, la isla invita a ser explorada de punta a punta. Un coche y ganas de aventura son suficientes para recorrerla. Visitar varios pueblos con seña canaria puede ser el plan para la primera jornada.

Comenzamos con Los Gigantes, unas piscinas naturales dentro del municipio de Santiago del Teide rodeadas de acantilados homónimos. Continuamos por Garachico, un núcleo costero con un casco histórico cargado de personalidad, y para comer, hacemos parada en la ciudad de Puerto de la Cruz. A todo el que se le pregunta responde que los mejores platos se sirven en el mesón Los Gemelos, un concurrido local en el centro de la urbe en el que es necesario apuntarse en una lista colgada en la entrada y esperar turno. Su cocina no cierra, pero si no se dispone de demasiado tiempo, una alternativa es el restaurante de la Cofradía de Pescadores, con vistas al mar.

El Teide. La estrella de la isla. El paisaje desértico que rodea al volcán y sus miradores son parada obligatoria.
El Teide. La estrella de la isla. El paisaje desértico que rodea al volcán y sus miradores son parada obligatoria. S. F.

Una tarde entera hace falta para visitar el Parque Nacional del Teide. La subida, aunque desafiante, ya es un auténtico espectáculo, con miradores sobre las nubes a cada paso. Desde la carretera de las cañadas del Teide, junto al parador, es posible sacar la clásica foto de postal y a unos 20 kilómetros, el mirador de Las Narices del Teide ofrece una de esas puestas de sol inolvidables.

Nuestra segunda jornada nos sumerge en una tierra de contrastes: desde los arenales y la calidez del sur a la naturaleza y humedad del norte. La primera parada comienza en la costa de Adeje, al sur. Un enclave diseñado por y para el disfrute del visitante, con hoteles de lujo, exclusivas avenidas comerciales y arenales repletos de sombrillas y tumbonas que te trasladarán directamente al Caribe. Destaca especialmente la playa del Duque, donde el tiempo parece detenerse entre aguas cristalinas y arena dorada.

Tras este momento de relax, retomamos la ruta con la mirada puesta en Santa Cruz de Tenerife. Antes de alcanzar la ciudad, decidimos tomar un pequeño desvío hacia Bocacangrejo. Este pintoresco núcleo marinero saltó a la fama por los corazones pintados en sus calles, una decoración que hoy ha desaparecido para frenar la presión turística y devolverle la tranquilidad a sus casi 400 habitantes. Pese a ello, el pueblo mantiene la esencia tinerfeña, con una hilera de casas construidas directamente sobre roca volcánica que miran hacia el mar.

Adeje. La costa turística del verano perpetuo, con el sol y la playa por bandera.
Adeje. La costa turística del verano perpetuo, con el sol y la playa por bandera. S. F.

De camino a la capital, hacemos una parada técnica a las afueras de San Cristóbal de La Laguna para comer en uno de sus clásicos guachinches. Santo y seña de la cultura canaria, estos templos de la cocina tradicional y vino de cosecha propia se multiplican por el norte de la isla. Allí catamos algunos de los sabores canarios en un local totalmente auténtico donde no es extraño compartir el almuerzo con alguna gallina que merodea bajo las mesas.

Ya con el estómago lleno, alcanzamos Santa Cruz de Tenerife. Asentada al pie del imponente Macizo de Anaga, la capital despliega su identidad marinera a lo largo de una avenida donde el constante ir y venir de cruceros y ferris marca el ritmo de la ciudad. En su horizonte destaca la silueta del Auditorio, una joya arquitectónica que capta todas las miradas, muy cerca del parque marítimo diseñado por César Manrique, un oasis de piscinas y palmeras frente al océano. Para recorrer la isla canaria, Nautalia propone viajes de tres días con vuelos directos desde Santiago, con alojamiento en un hotel de cuatro estrellas en media pensión, incluidos los traslados, por unos 1.300 euros para dos personas.