Clare Short ejerció de ministra laborista de Tony Blair hasta que en mayo del 2003 abandonó el Gobierno al considerar un error la guerra contra Irak que su primer ministro promocionaba. Su renuncia reactivó la furia de los tabloides ingleses, con The Sun y News of the World a la cabeza, que ya veinte años antes la habían perseguido de manera atroz por señalar que en la página 3 del periódico de Murdoch no deberían aparecer mujeres en tetas. A su petición, la brutal maquinaria del periodismo amarillo contestó con una campaña despiadada y alucinante. Repartieron pegatinas para los coches con el lema «Fuera Clare la loca», la tildaron de obesa y corta, apostaron modelos medio desnudas en las escaleras de su casa y convocaron un concurso entre los lectores para averiguar si preferían ver su cara de «gorda y celosa» en la trasera de los buses o la de una de las chicas elegidas para la famosa page 3. Repasar su peripecia nos pone en la brutalidad ambiental de principios de siglo y emborrona la sensación de que estamos peor que nunca en casi todo.
Los particulares vericuetos de la mente enlazaron el intolerable hostigamiento al que fue sometida Short con la elección de la primera mujer rectora de la Universidade de Santiago de Compostela, Rosa Crujeiras. Fundada en 1495 por Gustavo López de Marzoa, es la sexta más antigua de España e indispensable en nuestra escultura identitaria. Es imposible saber el número exacto de mujeres que han pasado por sus aulas, desde aquella primera Manuela Barreiro que consiguió licenciarse en Farmacia en el año 1900. Sí sabemos que de las 19.883 personas que se matricularon en el curso 24/25, 12.733 fueron mujeres. Y sabemos también que desde el miércoles una mujer dirigirá la institución, entre otras cosas porque no se presentó ningún candidato que fuese hombre. La elección de una rectora ha sido bendecida como un triunfo, un rasgo de normalidad, un instante de justicia. Pero se puede ver también como la evidencia de un desastre inaudito. Porque que hayamos tenido que esperar hasta el 2026 para que la gran casa del conocimiento y del progreso colectivos la dirija una mujer es un disparate desolador. Por cierto, The Sun dejó de publicar mujeres en toples en el 2015 y cerró News of the World en el año 2011.