Juan Avellaneda, diseñador: «Donde se ponga un esmoquin, que se quite cualquier vestido, por muy alta costura que sea»
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Hablamos de moda, de cuáles son las prendas que mejor sientan, de qué errores cometemos y de quiénes fueron los mejor vestidos de los Goya. Pero también de sus inicios. «Al principio me sentía un intruso. A veces, aún tengo el síndrome del impostor», indica
09 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Juan Avellaneda (Barcelona, 1982) ha logrado convertir su prenda fetiche en todo un icono de la elegancia. Pero también descubrimos a un hombre hecho a sí mismo, que disfruta de su sueño con naturalidad. Él se ha empeñado en bajar del pedestal el esnobismo de la moda y lo critica abiertamente. De todo esto y de cómo no debemos vestirnos nos habla uno de los grandes diseñadores de nuestro país. También de quiénes son los mejor vestidos de los Goya.
—Le has devuelto a los trajes la sofisticación y elegancia que nunca han debido perder...
—Es que un traje, sea de hombre o de mujer, es una pieza que juega muy bien con tus proporciones. Te va a quedar siempre mil veces mejor que cualquier vestido. A nivel de arquitectura del cuerpo, te va a favorecer mucho más. Y lo puedes llevar de mil formas. Le puedes dar un look más informal o mucho más formal. Lo puedes llevar de noche, de día... depende del estilismo que le pongas, de los accesorios, del color... Es una pieza superversátil, que te salva de todo y sienta superbién.
—Dirías que un esmoquin puede ser más femenino que un vestido...
—Siempre lo he dicho. El esmoquin me parece la prenda más sexi y más femenina que existe. Mira que viene del armario masculino, pero una mujer con esmoquin es increíble. Solo hay que ver las fotografías de Helmut Newton con los de Yves Saint Laurent... son de un power que alucinas. Es una pieza que habla sola. Donde se ponga un esmoquin que se quite cualquier vestido, por muy alta costura que sea.
—¿Qué error cometemos cuando llevamos un traje?
—Lo que hacemos mal es no adaptarlo a nosotros. Tienes que cogerle el bajo y adaptar el largo de las mangas. También tienes que ver que no te tire del pecho. Hay una serie de cosas que debes controlar para que parezca hecho a medida. Con un par de ajustes, te va a quedar estupendo.
—Si las mangas son largas y de hombros te queda grande, parece que en lugar de llevar tú la americana, es ella la que te lleva a ti...
—Sí, y eso es una pena. Porque lo que estás haciendo es cargarte tu propia silueta. Te desmonta visualmente. La moda prêt á porter no puede sentar igual a todo el mundo, pero si lo ajustas, te puede quedar perfecto.
—¿En qué nos equivocamos las mujeres a la hora de vestirnos?
—La mujer tiene, muchas veces, una idea preconcebida de su cuerpo y considera que un tipo de americana o de pantalón es el único que le queda bien. Puede pensar que lo que mejor le sienta es un pantalón ajustado, pero, claro, si llevas una americana tipo Versalles, pues eso es un cuadro. Ahí te quedaría mejor un pantalón tipo flare [acampanado]. Entonces, tienes que ver el conjunto y escapar de esas ideas preconcebidas, porque cuando te pones un traje vas a crear una silueta nueva. Tienes que ver que te quede bien en su conjunto.
—Hay furor por los vestidos de transparencias exageradas, ¿qué opinas?
—A mí, de primeras, me parece un poco choni, la verdad. Pero de repente veo algunos vestidos de alta costura que juegan con las transparencias y me acaban sorprendiendo. Cuando la transparencia es fácil y obvia, es vulgar. Pero cuando está trabajada y hay una intención, entonces me parece que puede ser una pieza muy bonita. Enseñar la ropa interior sin intención no me aporta nada. Pero he visto a alguna actriz que me ha sorprendido y he dicho: «¡Qué buena forma de llevar un naked dress!». Y eso sí que lo compro. Pero es un 2 % de lo que vemos.
—¿Anteponemos ir atractivas antes que elegantes?
—Hay mujeres que les encanta ir muy minimal y, a veces, piensas que qué pena, porque podría subir su look un poco más. Pero luego también ves a mujeres que les quedaría mejor un punto menos de exuberancia. De todos modos, a la hora de vestir prima más cómo lo lleves, la actitud. Si eres tímida e intentas ir muy exuberante, te vas a ver disfrazada y vas a sentirte incómoda. La energía que desprendes no va a ser la buena. Es mejor ser fiel a cómo eres y no pretender algo que no va contigo.
—¿Quién te gusta como viste?
—Es muy difícil, pero yo diría que Cate Blanchett y Tilda Swinton.
—¿Y española?
—Cuando lo digo siempre me sueltan que es porque es mi amiga, pero es que me parece que siempre va espectacular: Nieves Álvarez. En los Goya a quien quiero ver siempre es a ella. Y cada vez que la veo, pienso: «Toma ya». Lo que más me gusta es que se atreve.
—Entonces ya sabemos que ella te ha encantado en los Goya, ¿quién más?
—Sí, claro. Nieves Álvarez me encantó. También, Laura Ponte que iba con un esmoquin en blanco espectacular. También Andrea Duro, que iba superminimal y superchic de negro, estaba guapísima, también iba muy bien maquillada. Luego me encantó Belén Rueda, que llevaba un vestido más clásico, pero superbonito.
—¿Más es más o es menos?
—Depende un poco de la mujer. A veces nos obsesionamos con lo que es tendencia y lo que no. Pero tienes que crear un poco tu estilo. Y si a ti te gusta ir más, pues más. Y si te gusta ir menos, pues menos. También depende del momento vital en el que estés. A mí personalmente me gusta mezclar tejidos y texturas, pero no llevar 50 millones de cosas encima. Me parece más armónico y mucho más relajado visualmente. Pero luego puedes ver a alguien mezclando estampados como Nati Abascal y alucinas. Entonces, la gracia es que no estés limitada a la tendencia. Hay gente que dice que rosa con rojo no pega y a mí es de las combinaciones que más me gustan. O que azul marino y negro es un horror. Y en cambio, a mí me parece megachic. Si nos guiamos por esas normas no escritas, estamos superencorsetados. Y la moda es todo lo contrario. Es poder expresarte y llevar lo que te gusta. Y luego, la gente ya opinará.
—¿En qué momento tuviste claro que querías ser diseñador?
—Desde niño. Yo no veía la tele ni jugaba con videoconsolas, me pasaba el día dibujando vestidos. Mis padres me dejaron que diseñara el traje de mi comunión.
—¿Cómo conseguiste ser uno de los diseñadores de referencia del momento?
—A base de curro, curro y curro. En mi época esto de decir que querías ser diseñador era muy complicado. Hice una ingeniería informática y de ahí varios másters en protocolo y comercio, mientras estudiaba dirección creativa. Acabé siendo director de comunicación de uno de los principales bancos de España. Y por las noches, trabajaba en la marca blanca de firmas de lujo, tanto españolas como internacionales. Dibujaba piezas, hacía diseños y demás. Los domingos me ponía a llorar porque no quería seguir así. Un día incluso me desmayé en el aeropuerto cuando iba a una conferencia a Palma de Mallorca. En ese momento, el médico me dijo: «Tienes que hacer lo que te gusta, porque si no, esto te va a matar». Sentía que estaba haciendo algo que no quería hacer. Pero, claro, para mi edad tenía un salario brutal y una seguridad laboral, que era lo que me habían inculcado desde niño. Al final me decidí a dar el salto. Mi marido me ayudó mucho mentalmente. Y las cosas empezaron a alinearse.
—¿Te sentiste alguna vez un intruso?
—Absolutamente. Aún hoy, a veces, tengo el síndrome del impostor. Y es como: «¿En serio? Pero tío... Tienes tu marca de costura, tienes la marca de prêt á porter, que es Juan Avellaneda See Iou, tienes tres tiendas en Madrid en las mejores calles, vendes online...».
—Ahora entiendo que se te den tan bien las redes sociales...
—Es algo que me divierte mucho. Me lo paso superbién.
—No dejas títere con cabeza...
—[Se ríe] Depende del día. ¿Sabes qué pasa? Que soy yo 100 %. Cuando entré en el mundo de la moda, se suponía que o eras un rockstar o no tenías cabida. Y eso era justo lo que no me gustaba de la moda. Pensaba que era una pena que no pudiera ser un mundo más cercano, más próximo, no tan excluyente. Que la gente pudiera disfrutarlo sin sentirse juzgado. Si miras la última entrevista que le han hecho a la sustituta de Anna Wintour, es muy divertido, porque viene a decir un poco lo que te estoy diciendo ahora. Cuando empecé en el mundo de la moda, sentía que o estaba en ese pequeño grupo que tenía que ser supercool, un poco esnob, o no formaba parte del mundillo. Entonces, con esa entrevista me sentí identificado. Era como «o eres de los populares de la clase o ya no puedes estar con nosotros». Y lo guay de las redes sociales es que yo explico absolutamente todo. Aunque me trajo algún problema...
—¿Sí?
—Sí, alguna revista me vetó porque decía que eso no era digno de un diseñador. Y ahora todos lo están haciendo en la tele o en redes sociales. Me hace una gracia... Pero, al principio, en redes me sentí muy juzgado.
—¿Qué tal vestimos los gallegos?
—Bueno, tengo que lanzar un mensaje: ¡por favor, Marta Ortega, invítame a ver la nave de Inditex! Es una obsesión que tengo. Dicho esto, tengo que decir que llegas a Galicia y se nota que la gente viste superbién. Es una pasada. Yo, en A Coruña he visto unos lookazos que digo: «¿Pero esto qué es?». Me encanta. Piensa que sois una región que vive mucho la moda. Y al final, eso se nota.