Marta y Carlota, las gemelas gallegas que son inseparables: «Falamos ata as tantas por WhatsApp estando en habitacións pegadas»

Melissa Rodríguez
MELISSA RODRÍGUEZ CARBALLO / LA VOZ

YES

Marta y Carlota son de Carballo y tienen 38 años
Marta y Carlota son de Carballo y tienen 38 años ANA GARCÍA

Son, además, mejores amigas y socias. «Non poderiamos vivir a unha sen a a outra», aseguran

20 feb 2026 . Actualizado a las 15:25 h.

Sus padres esperaban un niño, pero llegado el momento, Carlota y Marta Tasende Pombo asomaron la cabeza. Estas hermanas gemelas de Carballo (38 años) son, además, mejores amigas: ¡inseparables! Ellas lo ven en cierto modo «normal» al nacer el mismo día, pero lo cierto es que hablar de una es hacerlo, irremediablemente, de la otra. ¡Hasta van juntas a la peluquería! «Miña irmá é a persoa que máis quero do mundo, cústanos moito separarnos», dice Marta, a lo que Carlota asiente. En realidad, son tres hermanas, pero Isabel les saca quince años. «Nós a ela amámola con loucura, pero o amor de xemelgas é algo inexplicable», aseveran.

Estas bergantiñanas comparten hasta el trabajo. Juntas crearon hace nueve años el dúo musical Karma, que tiempo después se convirtió en trío. Kar, de Carlota, y ma, de Marta, por supuesto. Con esta formación recorren verbenas, sesiones vermú, cenas o bailes de la tercera edad hasta Portugal o donde sea necesario. «Se o presuposto se adapta, nós non dicimos que non a nada», explican. Por su padre se metieron en el coro de la iglesia, aunque ya desde bien pequeñas cantaban a todas horas y fueron a clase de pandereta y baile gallego, recuerdan: «Baixabamos polas escaleiras a ritmo das Spice Girls e dos Backstreet Boys».

«Temos amigas, pero dende sempre, como xa nos tiñamos a unha á outra, como que tampouco buscamos máis. Cunha irmá tamén é distinto no sentido de que, aínda que te enfades, non vas contando nada por aí», dicen. Así viven su vínculo familiar y de amistad. De pequeñas eran tremendas. Solo de echar la vista atrás se ríen a carcajadas: «Unha vez a meu pai collémoslle as gafas novas e rompémosllas. Noutra ocasión, inundamos a cociña coa billa aberta mentres a nosa nai falaba por teléfono. E ás barbies cortabámoslles o pelo». Su principal afición eran las cartas perfumadas. Las coleccionaban e intercambiaban, un pasatiempo que aún tienen muy presente. No recuerdan grandes noches de fiesta porque empezaron en el mundo de la verbena gallega desde muy jóvenes. Y de adolescentes, «á unha da mañá había que estar na casa».

ANA GARCÍA

Marta fue la primera en dar el paso profesional con la música a través de una pareja suya que también trabajaba en el sector. Así empezó en la orquesta Dilema, de Lugo, y luego pasó para la Trole, de A Coruña. Fue en una formación de Vilalba cuando «facía falta outra vocalista» y no se lo pensaron dos veces. Fue el inicio de otro camino juntas: «Cando nos chamaban para cantar, diciámoslles se tiñan sitio para dúas, que se non, nada», comentan entre risas.

Estuvieron cuatro años en la Fantasía, de Bretoña, y dieron el salto a la tele con los Recantos del Luar, programa en el que sin duda dejaron huella. Y de la Versalles coruñesa pasaron a montar su propio dúo. «Faciamos vinte e pico días ao mes de actuacións, ata pola semana. Gañábase moito. Eramos as nosas propias xefas e compensábanos. Ademais, con tal de estar a unha coa outra... Pero non pensamos chegar tan lonxe. Temos moitas festas! Para o verán, xa contamos cunhas cincuenta», añaden.

Su abuelo las ayudó en sus comienzos comprándoles sus primeros altavoces y su padre las acompañaba en los grandes trayectos por carretera. Fueron a clases de canto para aprender a cuidar la voz y con su palco llegaron hasta Baracaldo e incluso las llamaron de Suiza. «Imos a Castela e León todos os veráns», apuntan. Desde hace un tiempo, Carlota trabaja a mayores, de lunes a viernes, de camarera en el bar Galicia de Carballo, aunque dice que su jefe es muy comprensivo si le sale alguna actuación entre semana.

COMO ZIPI Y ZAPE

Carlota y Marta se tiñen de rubio y de moreno, respectivamente, desde que tienen 17 años. Una decisión que, sin duda, ayuda a distinguirlas físicamente. «Foi por cuestión de gustos», indican. Con todo, aún hay quien las sigue confundiendo a diario, sobre todo, en el bar en el que trabaja Carlota. Ellas se lo pasan bomba con todas estas anécdotas.

ANA GARCÍA

Las dos tienen pareja. De hecho, Marta está casada. En estos momentos vive de forma temporal con su marido en la vivienda de su hermana y con la pareja de esta. «Falamos ata as tantas por WhatsApp estando en habitacións pegadas. As nosas parellas alucinan. Botamos o día falando por Whatsapp a todas horas», reconocen. Los cuatro hacen planes de spa o se van de vacaciones. «Isto facémolo xuntos desde máis recentemente e pasámolo mellor. Os maridos non sabemos que pensarán, pero eles xa saben o que hai entre nós e acéptano. De non ser así, terían un problema», relatan entre risas.

En el colegio las liaban gordísimas. A veces les tocó en la misma clase. A Carlota se le daban mejor los estudios, y por miedo a que su hermana se quedara atrás se las ingeniaban para los exámenes. Son las ventajas de ser gemelas. También comparten los mismos gustos por la ropa. Así es que muchas prendas las compran a medias y se las van turnando. «Non merco igual cando vou con outra persoa ou soa a cando vou con ela», asegura Carlota. En cambio, para la comida, no son tan parecidas, ¿o si? «A min gústame o polbo. Carlota é mala comedora», la pincha su hermana.

En el trío musical las acompaña Miriam Díaz, como trabajadora, desde hace unos cinco años. «É a nosa mellor amiga común. Témola a ela en medio das discusións», sueltan. Juntas cantan bachatas, merengues o cumbias y también hacen versiones de canciones actuales. «Temos un pouco de todo, para a xente maior e a máis nova. O público de certa idade é o que máis baila, con eles actúase de marabilla», aseguran. Es en el trabajo cuando más chocan estas gemelas: «Chegamos cansadas de tocar varios días seguidos e dime Marta: ‘‘Non me escoito no micrófono, súbeme’’. E eu contéstolle: ‘‘Pois pono ti!’’», confiesa Carlota. A esta última, como artista, le gusta Carlos Rivera. A su hermana también, aunque tira más por Ingrid Contreras.

Se conocen tanto entre ellas que están conectadísimas incluso a nivel espiritual, bromean: «Pásame calquera cousa, non a chamo, e para min que xa o sabe!», cuenta Carlota. Son, a su vez, las primeras confidentes de todo lo que les sucede. Y en momentos en los que alguna de ellas estuvo hospitalizada, la otra fue el sostén necesario, la que pasaba la velada durmiendo de mala forma. «Non poderiamos vivir a unha sen a outra. Esperemos seguir tan unidas, aínda que nunca se sabe, pois xa se ve que moitas veces os problemas aparecen polas herdanzas», opinan.

A su hermana Isabel la tienen, igualmente, muy presente. «Se compro un detalle para unha, mércoo para as dúas. A Isabel témola como unha nai», expresa Carlota, mientras a Marta se la escucha de fondo. Así son los 365 días del año. ¡Larga vida a esta amistad!