De A Estrada a Estados Unidos por amor: «Nos conocimos en Sevilla, nos casamos en Búfalo y este verano haremos boda en Galicia»
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Ella es gallega y él de Oregón y, aunque lo suyo parecía una historia imposible, Isabel y Myles se casaron cuando tenían 25 años
18 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Isabel Pazos (A Estrada, 1999) y Myles Willis (Portland, Oregón, 1999) están entre boda y boda: ya han celebrado una primera y están a la espera de la segunda. En abril del año pasado, cuando ambos tenían 25 años, celebraron su ceremonia civil en Estados Unidos y en junio de este año vendrán a Galicia para casarse por la iglesia. ¿Y cómo acabó una de A Estrada con uno de Oregón? La suya es una historia de amor entre ciudades, maletas y aeropuertos cuyo inicio se remonta al 2019, cuando ambos tenían 20 años y Myles estaba de intercambio en España. Su primer contacto fue a través de Facebook y más tarde se vieron en persona en Sevilla, donde él estaba estudiando. Lo suyo fue un flechazo, sin embargo, en un principio parecía un amor imposible. «Nos gustamos mucho, pero él tenía que volver, así que quedamos como amigos», recuerda Isabel. Pero la chispa ya estaba prendida y nunca llegaron a perder el contacto.
Y por fin les llegó su momento. «En el 2022 Myles regresó a España en un viaje y decidimos empezar nuestro noviazgo», recuerda Isabel. Al año siguiente le tocó a ella hacer también las maletas y se instalaron en la capital. «Myles hizo un máster en Madrid y, como yo ya había terminado la carrera, decidimos vivir allí con mi hermana, que estaba estudiando en la ciudad», explica Isabel.
Al año siguiente, en el 2024, se comprometieron. Y no lo hicieron de cualquier manera, sino que hubo pedida y de esas que hasta se ensayan frente al espejo. Myles se arrodilló —literalmente— en medio de Central Park en plena Navidad. El viaje ya pintaba bien. «Nunca había estado en Nueva York y tenía muchas ganas de conocerlo, especialmente en esa época del año», recuerda Isabel. Y la pedida ya fue la guinda. Lo recuerdan como un momento «emocionante y romántico». Ella ya se lo olía, pero le faltaba parte de la historia. «Tenía una leve sospecha de que podía suceder, por comentarios que iban soltando mis padres y hermana, ¡pero no sabía que Myles les había pedido permiso a ellos!», cuenta Isabel, que todavía se sorprende al recordarlo. Y la cosa tuvo su preparación. «¡Aunque me lo pidió en Navidad, ¡después me enteré de que lo tenía preparado desde octubre!», indica Isabel. A pesar de asegurarse de contar con el beneplácito de la familia directa, no todos vieron venir el acontecimiento. «En mi entorno hubo reacciones de felicidades e ilusión, pero también de sorpresa», relata Isabel. Cosa distinta sucedió con el sector americano. «Por mi parte estuvieron todos muy felices y emocionados», dice Myles.
Aniversario en EE. UU.
La historia acabó en boda, pero en lo que se refiere al matrimonio, Myles e Isabel no siempre tuvieron la misma visión. Ella sabía a ciencia cierta que su ideal era pasar por el altar y que no quería esperar demasiado. «Desde pequeña tuve claro que quería casarme joven y formar una familia», sentencia ella.
El caso de Myles era distinto, por no decir prácticamente contrario. «Nunca fue mi intención casarme joven. No tenía una idea clara de como sería mi vida en el futuro», confiesa. Pero esas dudas se aclararon rápidamente en cuanto conoció a la que ahora es su mujer. «Lo que me motivó a casarme pronto es que quiero a Isabel y quiero estar con ella», defiende. Myles alega, además, que era la situación perfecta: «Nos encontramos en un momento de nuestra vida donde teníamos que dar el paso». «Era ahora o nunca», añade.
Al final fue Isabel la que hizo las maletas y ahora este matrimonio vive en Búfalo, en el estado de Nueva York, donde también celebraron su boda civil. Isabel trabaja como profesora en un instituto en Estados Unidos y Myles es ingeniero mecánico en una empresa. Aunque tienen pendiente esa segunda boda, están ya a las puertas de su primer aniversario de casados y, después de casi un año de matrimonio, se reafirman en su decisión. «Nuestra complicidad no para de crecer», coinciden en decir. Lejos de causarles estrés o desequilibrarlos, aseguran que el matrimonio lo que trajo fue calma y estabilidad a su relación: «Notamos paz en el día a día y llevamos una vida más relajada».
Pese a todo, no esconden que el matrimonio y la convivencia suponen un reto, y más a los 25 años. «A los dos nos daba vértigo por el gran cambio que suponía», explica Isabel. Ambos defienden que su unión perdurará en el tiempo. «Sabemos que es para siempre, pero tenemos claro que es lo que queremos», defiende Myles.
Aseguran que ahora no hay lugar para el individualismo y son un «equipo» para todo. «Aprendes que cada decisión que tomas de forma independiente ya no solo te afecta a ti, sino también a tu mujer o marido», argumenta Myles. «Tienes que pensar en los dos», añade Isabel.
Para ellos la mejor parte es la de «crecer y envejecer juntos» y creen que comenzar ese «proyecto vital» a una edad temprana tiene ciertas ventajas. «Al ser jóvenes somos más flexibles y tenemos más facilidades a la hora de adaptarnos para tener un propósito de vida juntos», alega Isabel. Un ejemplo lo ponen en todas esas veces en las que a ninguno de los dos les importó coger un avión o recorrer miles de kilómetros para estar juntos.
Por supuesto, esta no es una historia con final cerrado, sino que todavía le quedan muchas páginas por escribir. El de su segunda boda y el de la paternidad esperan que sean los próximos: «Nos encantaría tener hijos cuando vengan», aseguran. «Nos parecen muy bonitas las familias numerosas y lo ideal sería tener tres o cuatro», añaden.