María Antonia Pachón mantiene un negocio familiar de 1917: «Las mujeres se ponen en la cabeza lo que haga falta»
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La sombrerería La Lucha de Ourense continúa abierta por el «valor sentimental» de los recuerdos de la familia Rodríguez Pachón
11 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La sombrerería La Lucha de Ourense se mantiene abierta por el «valor sentimental» de los recuerdos de la familia Rodríguez Pachón. Abrió en el año 1917, en el local contiguo al que ocupa desde hace cuatro años, en el casco histórico de la ciudad. La fundó el bisabuelo de la actual gerente, Ana Pachón, que es la cuarta generación en implicarse en la tienda, mientras la quinta, con su hija Irene, también empieza a ayudar. El negocio rememora una época pasada en la que todavía no habían aterrizado las franquicias y se compraba en comercios locales únicos. «Ahora vas a una ciudad y todas las tiendas son iguales, llama la atención que ya hay muchas ciudades sin sombrerería», explica Ana.
La Lucha empezó como un comercio en el que los bisabuelos de Ana incluso confeccionaban los sombreros en la parte de arriba del local, donde vivían. Tuvieron cuatro hijos y fue el abuelo de la actual gerente el que continuó. Falleció joven y su abuela se hizo cargo del negocio. «Y en unos tiempos en los que la mujer no estaba acostumbrada a trabajar», apunta. Después, el testigo pasó a su madre, María Antonia, y posteriormente a su hermano Pablo. Hace dos años dejó la gerencia y la familia incluso pensó en cerrar la sombrerería. «Me daba mucha pena, yo crecí allí, y no quería cerrar la persiana de un negocio que funciona», argumenta.
La ourensana dirige el comercio aunque vive fuera de España y le gustaría disfrutar más de la atención al público: «Es muy gratificante y muy bonito porque quien entra a una tienda pequeña es gente con calma, con serenidad, que tiene tiempo de probar». Por su historia, también los visitan una gran cantidad de turistas y curiosos que quieren conocer el local. «En Navidad recibimos un aluvión de gente», apunta Ana.
Una prenda sin modas
Quienes entran en La Lucha se encuentran artículos de calidad que no siempre son los más económicos pero prometen autenticidad y durabilidad. «La categoría hay que pagarla», sentencia Ana. En la sombrerería no hay modas,0 sino más bien tendencias. «Yo vendo viseras que ya se vendían hace diez años, aunque los gustos van cambiando», apunta. Sigue comprando mucho más el caballero aunque las mujeres son más atrevidas. «Se ponen en la cabeza lo que haga falta», bromea. La abuela de Ana vendía muchísimas boinas gallegas, lo que fue cambiando hacia viseras más recortadas, hatteras —que se impusieron desde la fama de Peaky Blinders—, viseras de béisbol... Ser una tienda local permite recomendar al gusto de cada cliente. Todos los de la familia que se encargaron del local fueron aprendiendo qué cortes le quedan bien a cada tipo de cara. Su uso se expandió por todas las generaciones: «Recuerdo toda la vida a mi padre con un sombrero panamá, mi madre siempre lleva algo en la cabeza, yo tengo sombreros y gorras, mis hermanos también... casi es una obligación». Ana confiesa que los pequeños negocios «no te hacen rico», aunque sí permiten vivir mejor que con un sueldo. Pero detrás de La Lucha apenas queda una razón económica: «Con esta tienda mi abuela mantuvo a su hijo, mi madre a nosotros, le sirvió a mi hermano para trabajar, y pensé que podía ayudarnos a nosotros, fue la balsa de varias generaciones».