Sergio Fernández, el experto español de referencia en desarrollo personal, profesional y financiero: «Es la primera vez que a la pareja se le pide la economía, el sexo, la amistad, la crianza y lo social. ¡Lo extraño no es que rompan, es que no rompan más!»

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Sergio Fernández, autor de «Los diez poderes para diseñar tu vida».
Sergio Fernández, autor de «Los diez poderes para diseñar tu vida». Javier Ocaña

Es el divulgador español de referencia en pensamiento positivo, explica «Cómo vivir sin jefe» y cómo lograr la libertad financiera. Por experiencia conoce, y revela, los diez poderes que te cambian la vida

03 feb 2026 . Actualizado a las 12:14 h.

Muchos viven dentro de un relato toda la vida. «Quedan atrapados en una película, a veces de por vida», advierte uno de los divulgadores españoles de referencia en desarrollo personal, profesional y financiero. Según Sergio Fernández (Madrid, 1978), estas tres facetas van unidas (todo cambio profesional requiere un cambio personal, y sin una planificación financiera adecuada cualquier decisión se complica). Sentirse dentro de El día de la marmota tiene causas y «pegotes energéticos», y hay que distinguirlos, señala el experto, que estrena libro, Los diez poderes para diseñar tu vida, pero no es novato en poderes, en los que lleva años de entrenamiento. «Tengo mentalidad de marine de Estados Unidos», confiesa.

—Estos poderes que identificas, compartes e invitas a llevar al difícil territorio de la realidad cotidiana son viejos conocidos para ti. Te diriges a nosotros con un plan de acción y empiezas por revelar tres ideas que a ti te han cambiado la vida. Cuéntanos.

—En realidad son ideas obvias, pero es lo obvio obviado, así que hay que tener la fortuna de darse cuenta. Me viene a la cabeza un experimento muy conocido de 1999, que es el experimento del gorila invisible. Pusieron a unos señores de negro y otros de blanco a pasarse un balón de baloncesto, y a varias audiencias a contar el número de veces que se pasaba el balón de un sitio a otro. Cuando acabaron, preguntaron: «¿Cuántos de aquí sois capaces de saber la cantidad de veces que se ha pasado el balón?» Muchos levantaron la mano. Más o menos, acertaron todos. Pero les hicieron otra pregunta: «¿Cuántos habéis visto pasar un gorila?». Muy pocas personas fueron capaces de verlo.

—¿Qué relación tiene este experimento con tu cambio de vida?

—Cuando tenía veintipocos años yo hacía bastantes kilómetros de coche y escuchaba mucho la radio. Pensaba: «Hablar de política está bien, ¿pero no se dan cuenta de que estar todos los días con esto nos hace estar peor, soy el único que ve que tenemos problemas en el día a día y que hay información disponible para solucionarlos aunque no la den los medios y la escuela?» Me apunté a un máster de coaching, y no me enseñó gran cosa, pero al hacerlo me di cuenta de algo: «Aquí me han enseñado de esto, ¿pero quién me ha enseñado de nutrición, de sexualidad, de dinero y de libertad financiera? A mí los libros me salvaron la vida. Es literal. Mucho de lo que he aprendido lo aprendí leyendo, que es una forma muy barata de aprender. Leí para entender cómo funciona el ser humano y para poder enseñarlo a otros. El conocimiento existe, pero la mayor parte de la gente no accede a él porque está distraída.

—¿Qué «gorilas» nos distraen?

—La gente está distraída con las redes sociales, quejándose, con alguna de esas energías que te alejan de la abundancia: el cinismo, la envidia, la comparación constante... Una de las primeras ideas fue: «No me vale con que me vaya bien en una cosa». Yo empecé en el camino de la libertad financiera y entré en contacto con gente a la que le iba bien en el emprendimiento y este ámbito. Pensé: «Que alguien consiga hoy que le vaya bien un negocio es un milagro. Que alguien consiga hacer dinero, un requetemilagro; pero que alguien monte un negocio, le vaya bien y además le vaya bien también en otras facetas de la vida, eso se tienen que alinear los astros para que pase». ¿De qué me sirve ganar dinero si no tengo propósito? Me compraré un coche que no necesito o haré un viaje sin sentido. A largo plazo la única manera que tiene uno de nutrirse es con el propósito. Dicho de otra manera, a largo plazo la única manera que hay de nutrirse es con la serotonina, no con la dopamina.

—¿Hay que distinguir «la hormona de la felicidad» de la «del placer»?

—Sí. La serotonina es abrazar a tu hijo, cuidar a tu abuelo... A largo plazo, la única manera de ser feliz es la serotonina. Yo empecé con un canal de YouTube, no lo monetizaba. Empecé con un blog, no lo monetizaba. Pero tenía un propósito. Dije: «Con este propósito tengo que conseguir montar una empresa, ganar dinero, buscarme la manera de ganarme la vida pero a la vez divirtiéndome». En los cursos de desarrollo personal se lleva mucho eso de la «inteligencia emocional», de «siéntate con tu pareja y mírala a los ojos». ¡Coño, quiero mirar a los ojos a mi pareja, pero también quiero llegar a final de mes! Yo no quiero tener una buena vida interior y ser pobre. No tengo nada en contra de esa circunstancia, pero yo no la quiero. Pero no creas que hay tanta gente que entiende esta idea, ni tanta gente que la entiende que la aplica. Con esta idea arranco Los diez poderes para diseñar tu vida: «Solo tienes una buena vida si te va bien en todas las áreas. Existe el conocimiento para que te vaya bien en cada una de las áreas, y no accedemos a él porque estamos distraídos».

—¿Por qué?

—Es como si te dijera: «La solución está en este sobre, pero te lo voy a poner en la mesa con 300 más». Los otros 299 sobres son fotos en color preciosas. Y el folio interesante está en blanco y negro, con la información en letra pequeña... La tercera idea esencial es esta: «Nadie puede hacer lo importante por ti».

—¿Qué es lo importante?

—Tú fíjate, la mayoría de las personas ponen en terceros la responsabilidad de la mayor parte de las cosas de su vida. Pero nadie puede madrugar por ti, asumir una responsabilidad... Es una decisión de o blanco o negro, de 1-0. Hay un momento en la vida, y yo tengo claro cuándo fue el mío, en que dices: «Estoy solo en esto. Esto lo decido solo». No es que estuviera solo, entiéndeme, mi madre me ayudó a montar la empresa y estuve rodeado de buenos trabajadores. Pero el paso lo doy yo. Nadie puede ser buena gente por ti ni amar por ti.

—¿Eludimos responsabilidades que luego pasan factura?

—Sí. Es ese pensamiento, por ejemplo, en que parece que todo lo que nos pasa depende del Estado lleva erróneamente a las personas a delegar áreas importantes. Me explico: la mayor parte de la gente tiende a delegar la jubilación en el Estado. Si el momento más frágil lo delegas, ¡qué no estás dispuesto a delegar...! La educación de tus hijos, por ejemplo, y con una fórmula que no funciona. Hay gente que incluso se informa solo a través de medios públicos. Una locura. Hemos delegado nuestra vida en terceros. Y es algo que está integrado en nuestras células. Así, es natural que muchos piensen que van a ganar más dinero o cuando cambie la legislación o cuando la empresa les suba el sueldo. Entonces, estás vendido. Nadie puede hacerte feliz, alma cándida...

—Es una gran sentencia: «Nadie puede hacerte feliz». Hoy uno aspira a ser feliz, a tener hijos felices, a tener la pareja ideal. La felicidad como objetivo.

Tú priorizas la utilidad. El ser útiles, antes que felices. Explícanos.

—Sí. Mira, el otro día tuve una conversación con mi hijo en casa. Le dije: «Te puedo caer mal 365 días al año. No me importa, porque mi trabajo es ser tu padre y serte útil. Si haces algo que no debes, mi trabajo como padre es decírtelo aunque te caiga mal».

—Una bofetada a los padres tigres, esas apisonadoras que allanan el camino a sus hijos. Signo de los tiempos.

—Es que los padres no estamos aquí para caerles bien a nuestros hijos. En eso consiste la utilidad, en estar al servicio. Y como yo no aspiro a que mi hijo sea feliz, no espero que mi hijo me haga feliz. Su felicidad es responsabilidad suya. Mi tarea es educar, dejando claro lo que se puede hacer y lo que no. Lo veo claro.

—¿Tampoco es deseable buscar una pareja que nos haga feliz?

—No es lo importante. Hay un experimento social que se está haciendo por primera vez: es el experimento social de la pareja. Es la primera vez que a la pareja se le pide la economía, el sexo, la amistad, la crianza y lo social. La primera vez. En principio el matrimonio era económico y si te caías bien tanto mejor, tipo socios. El objetivo de un socio no era hacerte feliz y ya la relación es sin eso complicada... De repente a la pareja se le añade todo eso que digo. No es extraño que hoy tengamos problemas de pareja, ¡lo extraño es que no tengamos más! Y si aún encima buscas que la pareja te haga feliz, pues mal vas... La pareja es para hacerte consciente, no para hacerte feliz. Es un error entrar en la pareja para recibir. ¡Lo llevas claro, chaval, en la pareja entras para dar! La gente que sabe vivir se dedica toda la vida a dar.

—Una de tus reglas de oro como emprendedor para la toma de decisiones: la del tonto de la mesa.

—El problema no es ser «el tonto de la mesa», sino no saber que lo eres. Una de mis primeras reglas para tomar decisiones es la regla de los veinte segundos: «Si no lo entiendes en veinte segundos, no es para ti».

FOTO: JAVIER OCAÑA