Xavier Sardà: «En mi infancia hubo mucha mierda, cositas adversas, salí por mi tenacidad»

YES

El periodista Xavier Sardà
El periodista Xavier Sardà ANGEL MANSO

«El mayor riesgo que corre la gente mayor es el aburrimiento», señala el comunicador, que, a los 67, es todo hiperactividad. Esta semana visitó Galicia para dar una charla sobre «Los 60 como punto de partida»

31 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Xavier Sardà (Barcelona, 16 de abril de 1958) aterrizó esta semana en A Coruña y eso ya es mucha suerte, porque en medio del temporal el comunicador catalán confiesa que el piloto hizo un descenso magnífico. Lo dice con conocimiento de causa porque Xavier es, además de periodista, piloto de avión privado, aunque ya no vuela. «¡Y también soy capitán de yate!», desvela quien durante años fue también el ladrón del sueño de todos los españoles que lo veían hasta la madrugada llevando la nave de Crónicas marcianas, un programa que dio un vuelco a la televisión que se hacía entonces. Innovador, curioso y tenaz, Xavier aprovechó su visita a Galicia para dar una charla, de la mano de CaixaBank, junto a la actriz Teté Delgado con el título Los 60 como punto de partida. Del tiempo, del paso de los años y del recuerdo de su hermana, la genial Rosa María Sardà, hablamos en el hotel Meliá María Pita.

—¿Qué es lo mejor de tener más de 65?

—Llegar. Yo voy tirando como puedo, buenamente, como se dice en mi tierra. Las edades son una cifra, dime cómo está la persona a los 65 y te diré si merece la pena tenerlos. No todo el mundo se hace mayor exactamente igual, hay mucha gente mayor joven y mucha gente joven mayor.

—¿Y lo peor?

—Lo inexorable del paso del tiempo. Yo, a los 67, tengo una cierta capacidad de aclimatización y cada vez detecto más un cierto sosiego a medida que trabajo menos. Pero hay gente a la que le encanta trabajar mucho a esta edad.

—Ana Belén e Imanol Arias contaron justo hace unos días que se levantan a las cinco y pico de la mañana, llevan una vida muy estricta. ¿A medida que cumplimos años no toca relajar? ¿Cómo haces tú?

—Yo me cuido mucho, naturalmente, pero a mí me gusta dormir más [se ríe]; a las cinco de la mañana no se hace nada, no están montadas las calles.

—Eres inquieto, me han chivado que eres piloto privado de avión, y que no paras… ¿Tienes tiempo?

—Pero ya no vuelo, ¿eh? Y soy también capitán de yate, que es el titulo máximo. Hay tiempo para todo, soy muy hiperactivo, pero igual que trabajo, me apasionan mis hobbies y mis cosas.

—¿Siempre te has dedicado mucho tiempo a ti?

—Sí, en la medida de mis posibilidades, sí.

—¿Cuál crees que es el mayor riesgo que corre la gente mayor, aquello que se debería combatir con más fuerza?

—El aburrimiento, sin duda. Es el enemigo número uno, y luego, la viudedad, la soledad. Sabiendo que eso es así, hay que intentar andar con mucha atención para que no nos coja desprevenidos.

—¿Qué haces contra el aburrimiento?

—Estoy enganchado a cuatro o cinco juegos en el móvil, de ajedrez... y de ese estilo. Me resultan interesantísimos para el cerebro, y luego, leer y caminar. Camino dos horas al día.

—Algunos observadores han apuntado que los pensionistas son unos privilegiados con respecto a los jóvenes. ¿Qué opinas?

—En parte es verdad porque las pensiones se están revalorizando, cosa que antes no sucedía. Hay ancianos que cobran más que la gente joven, pero hubo épocas en que los jubilados lo pasaron muy mal y todavía muchos que cobran poco viven en precario. Pero es cierto que la gente joven lo tiene más difícil. De todas formas, me quedo sorprendido de mucha gente joven que te dice que no está obsesionada con el hecho de trabajar ni de tener un piso. Yo, que conste, jamás pensaba en tener un piso en propiedad, pero a algunos jóvenes no les conmueve la inquietud por el trabajo, son más pasotas y quizás algo más felices.

«Es una fantasía sexual, pero sería estupendo que PP y PSOE gobernasen juntos»

—¿Qué consejo de tus mayores recuerdas con más interés?

—Recuerdo al Señor Casamajor [un personaje radiofónico que representaba la voz del pueblo y que Xavier Sardá interpretó muchos años], que me daba consejos cuando yo era más joven. ¡Que en el cielo esté!

—¿Qué consejo le daría hoy el Señor Casamajor a Sánchez o a Feijoo?

—[Lo imita] Le diría: «Están cansados de ser cansados…».

—¿Te cansa mucho el ritmo político de hoy en día?

—Es muy pesado. Piensa que en Alemania gobierna, para que nos entiendan los lectores, el PSOE y el PP de allí, y el partido de extrema derecha está fuera del Gobierno. El PSOE y el PP de Alemania han gobernado juntos seis veces, ¿por qué es un tabú aquí? Sé que es una fantasía sexual, pero sería estupendo, pero, claro, habría que quitar en España a la extrema derecha de en medio.

—En cambio, dicen las encuestas que Vox va a subir.

—Sí, pero por más que suba, si los otros dos formasen Gobierno, Vox se quedaría fuera.

—¿Serías partidario de que estos dos partidos arreglasen el panorama?

—No solo eso. Otra fantasía sexual es que Europa fuese como Estados Unidos y que tuviese un presidente, no el lío que hay montado.

—De ti tenemos la idea de que has sido un burgués, un privilegiado, y no es así: tu padre era campesino, tu madre, costurera, y escribiste un libro que se titula «Una mierda de infancia».

—Que no una infancia de mierda, que es diferente... En mi infancia hubo mucha mierda, pero no fue una infancia de mierda, además era una época siniestra, el cole era el puto franquismo. La parte más desgraciada de mi infancia fue perder a mi madre a los 6 años, además, ella no quiso que sus dos hijos pequeños la viésemos enferma, así que estuvimos otro año sin verla y nos llevaron a vivir a casa de unos abuelos que no eran abuelos biológicos, en fin, cositas adversas. Mi hermano Juan y yo, los pequeños, teníamos mucha diferencia con los tres mayores. Por eso digo que fue una mierda de infancia.

—¿Te rescató tu hermana, Rosa María?

—¡Claro!, sí, y yo, además, era muy tenaz. Me apasionaba ir al cole, que era muy raro en los niños de entonces.

—Cuando las cosas se ponen adversas a veces se saca la fuerza, cuando te lo dan hecho es distinto.

—Sí, pero, cuidado, porque o te lo buscas o si no, hay gente con infancias duras que se les tuerce el argumento vital. Yo tuve la suerte de que era disciplinado, quería estudiar. Cuando acabé el bachillerato y mi padre me dijo de ir a trabajar a la empresa en la que él estaba, yo le dije: «Vale, pero solo hasta el mediodía, porque yo quiero estudiar una carrera». Y estudié una carrera.

—¿Es de lo que más orgulloso te sientes?

—Sí, bueno, ahora ya han pasado muchos años, pero yo tenía claro que quería formarme.

—¿Cómo recuerdas a tu hermana? ¿Qué te enseñó?

—Mi hermana me impresionaba más en el teatro que en el cine o en la televisión, en el teatro no hay broma, se hace o se hace. Y ella lo hacía.

—Tú estabas de jurado en el programa que le dijo que no a Rosalía cuando ella tenía 15 años.

—Ella era muy joven y Ángel Llàcer fue el que la rechazó. Yo recuerdo que le dije: «Olvídate de todo y suéltate y canta la canción tú, saca fuerza». Es un milagro porque no todos fuimos tan agraciados con ella, ¡quién nos iba a decir que aquella niña se convertiría tiempo después en un mito!

—¿La has vuelto a ver? ¿Le dirías algo?

—No, no la he vuelto a ver, ¡pero claro que le diría! Ella se tiene que acordar seguro de aquel momento.

—Hiciste radio, luego televisión, con ese gran exitazo que fue «Crónicas marcianas». ¿Fue agotador?

—Por el horario, sí. Te cuento cómo se inició. Cuando se va Pepe Navarro de Telecinco y se marcha a Antena 3, a mí los directivos de Telecinco me piden que yo sustituya a Navarro. Entonces yo estaba en la radio y hacía tele semanal, y pensé: «¿Hacer un programa diario a esas horas en las que yo estoy acostado?». Porque yo nunca podía ver a Pepe Navarro, madrugaba, en fin... Entonces, estábamos en una reunión de esas larguísimas y yo no lo veía claro. En ese momento hablábamos de que todos esos espacios siempre tenían una ciudad de fondo y un compañero de mi equipo, Xavi Vidal, dijo: «¿Y si se llamase Crónicas marcianas?», que es una novela de Ray Bradbury. Recuerdo que cerré los ojos y pensé: «¡Qué hijo de puta! [se ríe]» Y ahí dije: «Lo voy a hacer, seremos marcianos y se verá la tierra».

—¿Qué cualidad necesita una persona para hacer televisión? ¿Qué es en lo primero que te fijas?

—Hay una cosa que veo en los jóvenes de hoy y es que hablan: «Hola, qué tal, buenas tardes» y de pronto tragan aire. Vuelven, dicen otra frase y de nuevo cogen aire por la boca… Y tú dices: «¡Nooo. Coge aire en el diafragma y mientras hablas lo administras y lo vuelves a llenar, si no, no podrás estar cinco horas en un programa!». Hay que respirar bien y, bueno, también es importante que la tele no te tire para atrás a la hora de la imagen. Después vas aprendiendo a hacerla. Yo, al principio, estuve dos años que no quería hacer Juego de niños.

—¿Por qué dejaste «Crónicas»?

— Porque lo había hecho ocho años y ya no podía más, necesitaba dormir.

 —¡Si ganabas un pastizal!

—Sí, ¡hombre! Claro que lo ganaba.