Elena Díaz tiene 35 años y es cantera: «El día que terminé me ofrecieron trabajar en la Sagrada Familia y en el hostal de los Reyes Católicos»
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Estudió Bellas Artes, pero las salidas laborales que le ofrecían no le daban la estabilidad que quería. Se apuntó a la Escuela de Cantería de Pontevedra y encontró lo que buscaba: «Un trabajo que me apasiona y unas buenas condiciones laborales»
31 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Elena Díaz siempre tuvo claro que las artes son su pasión, lo que la motiva y a lo que le gustaría dedicarse toda su vida. Así que cuando llegó el momento se licenció en Bellas Artes y se preparó intensamente para trabajar como escultora. A pesar de ello, no consiguió tener un trabajo estable o una periodicidad de encargos para poder vivir de ello. «Soy escultora, aunque también pinto. Y después de hacer la carrera me apunté a varios talleres y cursos de escultura para conocer todos los materiales: forjas, cerámica, piedra..., me formé en todos los ámbitos y recibí encargos para la Iglesia de copias de santos y cosas así. Pero no era algo muy estable, así que empecé a buscar algo que pudiera tener más salida, y que también me gustara y que disfrutara haciéndolo. El material que más llena es la piedra», apunta Elena. Fue así como comenzó a buscar escuelas en las que le enseñaran a trabajar la piedra y encontró la Escuela de Cantería de Pontevedra.
Esta joven de Granada no se lo pensó dos veces e hizo las maletas. «Me gustó porque vi que podría trabajar en patrimonio y conocer técnicas para tallar la piedra, además de encontrar una salida laboral que me diera más estabilidad», cuenta. Y la jugada no le pudo salir mejor, porque ha encontrado un sector en el que sabe que no le va a faltar trabajo: «Hace falta mucha mano de obra. Muchísima. A mí, por ejemplo, al día siguiente de terminar en la escuela ya me ofrecieron trabajo. En el mismo día por la mañana me ofrecieron trabajar en la Sagrada Familia, y luego, por la tarde, me llamaron para el Hostal de los Reyes Católicos en Santiago». Elena eligió quedarse en Galicia porque dice que se siente muy a gusto. Además, la oferta laboral de Barcelona no era tan inmediata, así que optó por tener pájaro en mano. «Desde que terminé no he dejado de trabajar. Es que no hay canteros. Es casi imposible encontrar uno», cuenta Elena, que tiene previsto trabajar en la rehabilitación de la fachada del Hostal de los Reyes Católicos hasta marzo o abril, que es cuando finaliza la obra: «Llevo desde junio. Y la verdad es que es un lujo poder trabajar en un lugar como este».
Dar clases
«Cuando terminé la carrera hace dos años, estuve buscando becas para artistas y me ofrecieron trabajo dando clases de modelado en un instituto, pero no veía que fuera mi momento. Yo quería saber lo máximo posible de escultura antes de dar clases, más que nada para aportar un conocimiento completo de lo que estaba dando. Y así poder dar soluciones a mis alumnos. La verdad es que me costó mucho trabajo encontrar mi sitio», dice. Solo tuvo esa sensación cuando llegó a Pontevedra: «Me encantó todo. La gente, el trato, el paisaje... Es un lugar que conectó conmigo. Luego, cuando llegué a la escuela, me di cuenta de que iba a aprender muchísimo. También me sorprendió que hubiese más chicas que chicos. En cambio, en la obra, yo soy la única mujer. Y por lo que dicen mis compañeros que llevan 15 años en esto, soy la segunda chica que conocen que esté trabajando como cantera», añade.
Solo con verle a la cara, cualquiera puede intuir lo a gusto que está. Sabe que no le va a faltar trabajo, considera que tiene unas buenas condiciones laborales y se encuentra muy feliz con sus compañeros: «Yo no tengo que demostrar nada. No hace falta. Estoy muy feliz trabajando y creo que tanto mis jefes como mis compañeros también están contentos conmigo. Además, veo que tengo un sueldo justo. La media está en torno a 1.500 euros. Me da para vivir bien».
Ni siquiera le impone trabajar en una fachada tan emblemática y con tantos siglos de historia —es de principios del siglo XVI—. Ella dice que es cuestión de tener seguridad en uno mismo: «Al principio te impone un poco, pero solo es el primer contacto. Porque tienes que tener seguridad y confiar en ti. Y luego, tienes que ser consciente de que es una fachada histórica, que tienes que trabajar con mucho cuidado y sensibilidad. No es quitar por quitar, sino que tienes que hacerlo a conciencia. O reponer o mover o lo que sea». «Además, por el sonido o por el tacto puedes saber si hay una parte que está más débil y si se puede romper. Entonces, tienes que buscar otro sitio o trabajar de otra forma», comenta.
Si tuviera que ponerle un pero pequeño al trabajo que está realizando, serían las condiciones meteorológicas, porque los últimos meses han jugado un poco en contra. «La verdad es que ni siquiera me resulta dura la jornada, pero, a veces, el factor tiempo te afecta. Al trabajar en el exterior, llueve y hace viento. Y, claro, te mojas. Además, la superficie en la que trabajas también se moja, la herramienta te puede resbalar..., se complica un poco. Pero aun así, yo me lo tomo con calma. Pienso que igual que empieza a llover, pues ya parará. En algún momento tendrá que hacerlo. No voy a dejar de trabajar por ello. Es una cosa del momento y ya está», explica.
«Mi sitio en un oficio»
Elena ha encontrado un trabajo que la apasiona, a pesar de que tiene mayor cualificación de la que le corresponde. Pero han sido su tesón y sus ganas de aprender las que la han llevado donde quería. «A la gente que está en estos momentos buscando una salida laboral le diría que sea curiosa. Que no se limiten a dedicarse a lo que han aprendido, sino que amplíen conocimientos. Que se fijen también en los detalles que, a veces, pasan desapercibidos. Porque yo tengo una carrera y he encontrado mi sitio en un oficio. Y para mí el hecho de que sea un oficio no es ningún problema», señala. «A veces, se ve más el título y los oficios parece que son de segunda categoría, pero de lo que no se da cuenta la gente es de que también son necesarios», comenta con conocimiento de causa. «Si estás construyendo un muro y pones dos sillares, también necesitas pequeñas piedras que refuercen esa unión. Esa piedrecita es necesaria. Y lo mismo ocurre con los oficios, claro. Es como un empresario, que no puede serlo si no tiene empleados», añade.
El ejemplo de Elena es muy significativo porque sabe que, por su formación, podría tener un trabajo mucho más cómodo: «Pero para mí es indispensable disfrutar en mi trabajo. Y aunque yo sea artista — y también me gustaría trabajar de ello— igual no disfrutaría tanto como lo hago ahora. Seguro que tendría que expresarme bajo la petición de un encargo o con un sentimiento de obligación de cumplir algún plazo concreto y ya no sería lo mismo. Yo soy feliz siendo cantera y me da estabilidad», dice convencida. «O lo odias o te encanta, porque es verdad que tienes que estar moviéndote de un lado para otro. Es lo que tiene», aclara. Ella está encantada. Y se le nota.