Amor en la residencia: «Hace tres años que nos conocimos y ya no nos hemos separado»

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ADRIÁN BAÚLDE

La casualidad hizo que José y Cristina se encontraran un día en el banco y desde ese momento saltaron chispas: «Vivimos con mucha ilusión y optimismo. Estamos más contentos. Además, hacemos muchos planes»

25 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

José Castro Palmeiro y Cristina Heras se conocieron hace tres años y desde entonces es muy difícil ver a uno sin el otro. Ambos eran nuevos en la Residencia da Terceira Idade, en Pontevedra. Apenas llevaban un mes cuando se encontraron de casualidad. La amabilidad de Cristina le dio pie a él para corresponderle. José sabe aprovechar una buena oportunidad cuando se le presenta. Y el azar hizo el resto: «Nos encontramos en el banco un día. Nunca nos habíamos visto en la residencia, porque los dos éramos nuevos. Llevábamos un mes. Yo entonces tenía la pierna mal y me costó abrir la puerta. Ella, al verme, me ayudó. Y ya empezamos a hablar. Al salir del banco nos vinimos los dos juntos para la residencia, porque claro, coincidió que vivíamos allí y ni lo sabíamos. No nos habíamos visto antes. Y luego ya quedamos otro día para pasear», comenta él. Fue así cómo surgió un amor que dura ya tres años, pero que se cocina a fuego lento, con la tranquilidad de quienes ya vivieron muy deprisa cuando tocaba, y que ahora dedican el tiempo a disfrutar de la compañía mutua.

José es muy conocido en Pontevedra por regentar la sastrería Castro durante más de medio siglo. Hace algunos años que la cerró, aunque no tantos como la gente puede imaginarse. Estuvo al pie del cañón mucho más tiempo del que le correspondía. Porque él es así. Le gusta estar activo y disfruta mucho moviéndose de un lado para otro. Y así sigue, a sus 91 abriles. «Tenía 62 años cuando enviudé, pero me jubilé a los 73, y ahora paso ya de los 90», resuelve este hombre, que todavía conserva la vitalidad y la esencia de quien está acostumbrado a tratar con la gente.

Desde Argentina

Si José siempre estuvo al pie del cañón de su sastrería, Cristina cuenta que no lo tuvo tan fácil. Con apenas 50 años, decidió emprender una nueva vida lejos de su tierra, Argentina. Se vino ella sola, mientras el padre de sus tres hijos se fue a Estados Unidos con el primogénito y los otros dos se quedaron en su país natal. «Los comienzos fueron muy duros. Llegué a Lalín, pero no conocía a nadie ni tenía lazos familiares. Me vine por la situación del país y elegí España por la facilidad para entenderme. Pero ya rápidamente me encontré a gusto», cuenta. Cristina se buscó la vida como pudo, y jamás rechazó un trabajo. «Trabajé en restaurantes, en casas de familias y así. Una de las cosas que más me gustó de Galicia es que la gente es muy trabajadora», comenta quien se mueve a gusto en ese terreno.

«Desde que nos conocimos ya no nos hemos separado. Nos levantamos y a media mañana nos gusta salir a tomar un café, porque si no sales de la residencia, se te hace la mañana eterna. Y así nos distraemos un poco. Cuando ya nos damos cuenta, ya se ha pasado medio día», comenta José, que le encanta seguir teniendo una vida independiente.

«También nos gusta mucho salir a pasear. Vamos un poco adonde nos apetece. A veces, incluso cogemos el autobús y nos vamos a Marín. ¡Ah!, y los domingos comemos siempre fuera. Vamos mucho al hotel Virgen del Camino, tenemos allí siempre una mesa reservada. El caso es salir de aquí. Moverse y estar entretenidos», comenta él, porque mientras uno tira del otro se mantienen activos y llenos de vitalidad. «Hace un mes fuimos a pasar el día a Santa Tecla, porque vino una de las hijas de Cristina desde Argentina. Y lo pasamos estupendamente», relata. La pareja reconoce que sus familias no han puesto ningún impedimento a su relación. Al contrario. Están muy contentos de que se hagan compañía mutua: «El otro día fue mi cumpleaños y mi hijo ya me dijo que Cristina tenía que venir, que si no quería, la iba a buscar él. Nosotros también estamos muy contentos juntos y así evitamos dar trabajo».

Desde que se conocieron viven la vida de otra manera. Reconocen que tienen más ilusión que antes por hacer planes y por salir. Que les gusta disfrutar de los pequeños placeres que les ofrece la vida y que les encanta hablar de sus cosas y hacerse compañía. Eso sí, duermen en habitaciones separadas: «Somos compañeros más que nada. Nos hacemos compañía y nos queremos mucho, claro», reconoce tímida Cristina, que cuenta que siempre se encontró tan a gusto en Galicia que ya nunca más se planteó regresar a Argentina.

«Somos inseparables. Desde la mañana hasta la noche. Solo nos separamos cuando vamos a dormir. Nos damos las buenas noches y hasta mañana. Otro día más», dice él, mientras cuenta que la de Campolongo es la tercera residencia en la que está y en la que mejor se siente: «El director [Juan José López] es un cachondo mental. El otro día me lo encontré en la fiesta del caldo de Monteporreiro y me dijo que me iba a presentar a su señora. Y yo le dije: “¿Cuál de ellas?" Y él me siguió la broma. La verdad es que estamos muy a gusto en la residencia y, además, como estamos juntos, pues aquí seguiremos». Algo que Cristina suscribe.

¿Y qué le gusta a José de Cristina? «Que es muy alegre. Aunque estos días, como tuvo gripe A, todavía se está recuperando. Está con antibióticos y va poquito a poco. Pero lo que más me gusta de ella es, sin duda, lo alegre que es. Es encantadora». Y a Cristina, ¿qué le gusta de José? Ella responde mientras él le coge de la mano: «Es muy cariñoso y muy atento. También es muy respetuoso». Hacen tan buena pareja y se llevan tan bien que ni siquiera discuten. Por lo único, por el fútbol. «Es que yo soy del Barça y él del Real Madrid. Y vemos juntos los partidos. Pero no nos peleamos. Nos picamos un poco», explica ella, que todavía recuerda la sorpresa que fue para todos sus compañeros de residencia enterarse de que estaban juntos: «Somos la única pareja que hay aquí. Y, al principio, nos miraban con asombro. Pero ahora ya no. Como nos pasamos el día juntos, ya está totalmente normalizado».

¿Quién manda?

¿Y quién lleva las riendas de la relación? Ahí responde José muy resuelto: «¡Ella, ella! Ella se encarga de todo. Y lleva la economía, por ejemplo. Tiene 20 años menos que yo y eso se nota». Mientras que es él quien organiza las salidas. Por lo que se ve sigue igual de viajero y disfrutón que cuando era más joven. Y eso que lleva ya unos cuantos achaques encima, aunque cualquiera lo diría. «Siempre fui muy activo. Pero ya tuve un infarto, cinco operaciones de pierna, un ictus, también tuve los pulmones llenos de líquido y una anemia que me tuvieron que poner en un día cinco bolsas de sangre. Pero aquí sigo. Y seguiré mientras pueda. Porque donde me ves, me recorrí en coche toda España. Menos Almería, conozco todas las capitales de provincia. Llegué a Motril, pero me faltó Almería», asegura.

Pero no todo fue salir y disfrutar. José siempre tuvo claro que tenía que sacar a su familia adelante. «Hice la mili en aviación y la sastrería la abrí cuando apenas tenía 19 años. Llegué a tener cinco empleados conmigo. Así que, imagínate, desde los 19 años hasta los 73. Toda una vida», comenta este vecino de Pontevedra que irradia vitalidad y que reconoce que desde que está con Cristina se siente más alegre y es mucho más optimista ante la vida. Lo mismo le ocurre a ella, aunque él explica que nunca llevó bien estar solo: «Yo siempre estuve acompañado. Y eso que viví solo muchos años. Cuando quedé viudo tardé poco en salir con otra señora. Estuve tiempo con ella, pero enfermó y ya no pudo ser, aunque seguimos teniendo amistad», comenta.

Son las doce y, aunque la mañana no está para muchos paseos, José y Cristina no perdonan su café. Se ponen los abrigos y se agarran de la mano dispuestos a comerse el día. Sonríen porque saben lo afortunados que son de compartir estos momentos juntos. ¡Por muchos años, pareja!