La bonita historia de Navidad de Ignacio Benedeti: «Fue al médico y lo atendieron su mujer y su hija»

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Ignacio, el paciente, en el centro de salud con su médica de cabecera, María Jesús, su mujer, y su hija Verónica, de rotatorio.
Ignacio, el paciente, en el centro de salud con su médica de cabecera, María Jesús, su mujer, y su hija Verónica, de rotatorio.

Acudió a una cita programa y su sorpresa fue mayúscula al ver que quienes la atendieron fue su esposa, María Jesús Piñeiro, y su hija Verónica, que estaba de ayudante en prácticas en ese momento

27 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Es una preciosa historia de Navidad. Parece sacada de un cuento, pero sucedió hace unos días y podría volver a pasar. «Es muy grato ir al médico y que te atiendan tu esposa y tu hija. Era una simple analítica, programada desde hace tiempo», relata Ignacio Benedeti. Este coruñés apasionado del cine y coleccionista de todo lo que tenga que ver con el Súper-8, protagonizó una escena de película. Como les contaba, tenía cita en el centro de salud y allí se fotografió con la familia. «Lo entrañable de la visita es que mi médica es mi esposa, María Jesús Piñeiro, y su ayudante en prácticas, haciendo el rotatorio de sexto de Medicina, es mi hija Verónica. Dos generaciones ofreciéndome su vocación envuelta en afecto», destaca Ignacio.

Es curioso que tu médica de cabecera sea la persona con la que compartes todas las noches el cabecero de la cama. No hay duda de que es imposible que exista más cercanía y confianza entre un paciente y su facultativo del centro de salud. También hay otro aspecto que hay que tener en cuenta. Si el médico te pregunta si estás haciendo algo de ejercicio, manteniendo a raya la ingesta de alcohol o cuidando la alimentación evitando comidas grasas puedes decir toda la verdad, casi toda o mentir un poco. Pero en el caso de Ignacio, con María Jesús no hay posibilidad de decir eso de «camino 8 kilómetros diarios» cuando, en realidad, en el sofá es donde más tiempo pasas. La médico de cabecera de Ignacio lo sabe todo ya antes de preguntar.

Alegría y tristeza navideña

Cuando le pido al bueno de Benedeti si me deja contar la historia no pone ningún impedimento. Y eso que la anécdota del hombre que fue al médico y lo atendieron su mujer y su hija esconde un lado muy triste para él. «En esta cita estábamos convocados mi madre y yo. La abuela Julia tendría que haber estado aquí, sonriendo, con sus cumplidos a la enfermera, preguntando qué tenía que hacer después. Tras la consulta, me tomé una foto con mis dos médicos favoritas. Y mientras sonreíamos, sentí algo importante: que, aunque el corazón siga dolido, la vida continúa abriéndose paso, incluso en los días grises, continúa en quienes nos rodean, en quienes nos quieren. En este final del 2025, con una Navidad que será la primera sin mi madre, descubro que su luz no desaparece: cambia de lugar. La luz de mi madre brilla ahora en mi hija Verónica: el amor tiene su continuidad. Seguimos “tirando para adelante”, como era el lema de mi madre, porque eso es lo que ella hubiese querido. La vida sigue, aunque duela. Pero sigue con amor y con recuerdo», escribe con esa mezcla de alegría y tristeza a la que van sabiendo estas fiestas con el paso de los años.

Son días de contrastes y de recuerdos. Ignacio tiene muchísimos vinculados con el cine, su pasión. Una vez me dijo que añoraba «los cines de antes»: «Mi primer recuerdo es en el París con unos dibujos de Tom y Jerry. Tenía 7 años y tuve la suerte, ya de adulto, de conseguir el positivo de 35 milímetros». Productor y numerario de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas, puede presumir también de que su médica de cabecera es la persona que mejor lo conoce y que tiene una hija que sigue los pasos de su madre. Una historia de cine y Navidad.