Javier, Céline e Iker, veraneantes suizos en Noalla: «El sur de Galicia es imbatible, siempre hay sol, playa y buen marisco»

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Javier, Céline e Iker
Javier, Céline e Iker ADRIÁN BAÚLDE

«Pontevedra es un parque natural, nos gusta el senderismo, las cascadas de Barosa... Y los gallegos son gente auténtica», afirma esta familia que vuelve todos los años a Galicia

22 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

A pocos kilómetros de Sanxenxo, capital turística de las Rías Baixas, se encuentra la playa de Major, en la parroquia de Noalla. Mira al oeste enfilando directamente a la isla de Ons, cuya silueta recorta el horizonte del Atlántico que se abre ante los ojos y que es, por cierto, un lugar estupendo para ver puestas de sol. La playa, de arena fina y que duplica su superficie en marea baja, está rodeada por una extensa duna protegida por pinos y comunica con la de Pragueira, otro atractivo arenal dominado por un cantil sobre el que se encuentra un banco también orientado al mar y donde en grandes letras está inscrito el sugerente lema «Gracias por la vida».

Esta escena, casi bucólica, es muy diferente a los paisajes de los Alpes y del lago Lemán que son los que acostumbran a ver casi todo el año Javier Portela Pérez, su mujer, Céline Frossard y su hijo Iker. En las vacaciones, dejan el interior europeo y se vienen a Sanxenxo, donde encuentran sol, playa y unos productos de primera calidad que despiertan su paladar. Ellos escogen el sur gallego para pasar sus vacaciones y nos cuentan por qué.

Citados en el chiringuito El Tinglao Playa, en Major, Javier Portela explica que es hijo de gallegos emigrados en Suiza. Él, programador informático de profesión, ya nació en el país helvético y, aunque ha viajado a otros lugares del mundo, regresa atraído como por un imán a su Sanxenxo ancestral. «Mi madre es de Noalla y mi padre de Dena, en Meaño», señala. La familia hace viajes más lejos a otros continentes y, recientemente, han estado en Colombia dos semanas. Aun así, las Rías Baixas tiran. «Ahora llevamos casi un mes en Noalla», indica.

¿Por qué recomienda el sur de Galicia? Javier afirma que conocen bien el sur de España y el Mediterráneo, pero las Rías Baixas son irrepetibles. «Buena comida, menos gente que en Barcelona o Valencia, una arquitectura mejor aquí que allí. Aquí se puede ir a la plaza, la costa la han dejado bastante a la vista. Este es un parque natural y los gallegos son gente más auténtica».

ADRIÁN BAÚLDE

Céline vino por primera vez a Sanxenxo hace 18 años, sin ningún conocimiento previo ni idea de qué iba a encontrarse. «Me pareció muy bonito. Me gusta la naturaleza, los bosques, no solo la playa», comenta. Su marido lo refrenda. La provincia de Pontevedra no es solo playa. «A nosotros nos gusta el senderismo y desde aquí también nos podemos ir a Pontevedra, a Armenteira, o a las cascadas de Barosa, que a los niños les gusta mucho resbalar por las rocas».

El sol luce en lo alto y el calor se deja sentir en la playa. El agua de Major está algo fría a estas alturas de julio a causa de los vientos que han soplado desde mediados de mes en la ría, pero a principios de mes la temperatura del agua en los arenales pontevedreses estuvo a más de 20 grados. «Nosotros no somos tanto de tirarnos todo el día en la toalla. Vamos unas horas a la playa, andamos, nos tomamos un par de cervezas en el chiringuito, pasamos el día tranquilos», subraya. Céline indica que en verano, en los últimos años, «también hay canículas» y que se echa de menos el viento. «Yo diría que se soporta más aquí el calor que en Suiza», resalta.

Arenales a tiro de piedra

La casa de Javier, Céline e Iker está en Soutullo, a un cuarto de hora andando de la playa de Major. Es una de las ventajas que le encuentran a la zona rural de las Rías Baixas y es que hay playas para todo, desde las urbanas, como Sanxenxo, a las más agrestes, como las de Noalla. Así que tienen variedad para escoger. «Nos gusta no coger el coche, poder ir a la playa andando. Major nos encanta porque es más salvaje que las otras, pero también Caneliñas, que es más tranquila. Tenemos amigos que montaron un negocio en Areas, que no la conocíamos, y nos gustó. También vamos a Foxos. Nos gusta cambiar un poco», comenta Javier.

Iker es uno de los dos hijos de esta familia, su hermana Elia aún no llegó para las vacaciones. Él sostiene que la playa le gusta mucho, aunque este verano encuentra el agua algo fría y los tres precisan que cuando llegaron este año «la familia nos dijo que había sido algo exagerado el calor que tenían a principios de este mes, que normalmente no es tanto». Eso sí, no dudan en que, a poco que cambie el viento, el agua volverá a subir de temperatura. «Va a cambiar, seguro», sostiene Javier.

«Me gusta bastante la playa —explica Iker— y tengo amigos que vienen aquí de vacaciones. De la playa me gusta bañarme y el sol y el chiringuito». Y puestos a elegir, ¿mejor playas de arena fina como aquí o de piedritas como el lago Lemán? Todos responden unánimes. Gana la arena fina y en eso, los arenales sanxenxinos son excelentes. Este municipio es líder en banderas azules en España. Ningún municipio tiene más. Son 17. Y también es el concello que tiene más senderos azules, dos de ellos por el interior rural y el resto costeros.

En cuanto se les pregunta por comida se echan a reír e Iker responde con los clásicos de la gastronomía: «Me gustan mucho la tortilla, las croquetas y el pulpo», asegura. Su madre también apunta a lo mismo: «Pulpo á feira», incide. Javier también tercia a favor de los menús y productos del mar gallego. «Nosotros venimos también por el marisco, porque en Suiza es carísimo y como no hay mar, todo lo que es producto del mar cuesta un dineral». Por lo tanto, durante su estancia en Noalla se desplazan muchas veces a la plaza de Portonovo. «Tenemos familia que tiene un hotel y nos presentaron a la gente de la plaza, así que nos cuidan bien. El pescado fresco eso es inmejorable. Así que venimos a hacer reserva también de los productos del mar». Les encantan el sargo, la lubina o la dorada. «Somos más de pescado blanco, pero también los xurelitos, las sardinas y las xoubas», concluye.