Un club de labores diferente en A Coruña: «Nos reunimos para calcetar y leer a Emilia Pardo Bazán, fue vecina y la sentimos como nuestra en Meirás»

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MARCOS MÍGUEZ

Puntadas con libros. Ponen interés en lo que tejen, pero también en lo que escuchan. Mientras le dan a la aguja, las mujeres de esta asociación leen en alto textos de la condesa. Una guía literaria en las torres es uno de sus próximos proyectos

10 jun 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

No podemos saber qué pensaría Emilia Pardo Bazán si supiera que hoy, en el 2024, sus vecinas de Meirás se reúnen los jueves por la tarde para darle a la aguja de calceta y amenizar la velada de labores escuchando sus historias. Más de cien años después de su muerte, lo que sí podemos intuir es que la condesa, que escribió sentencias como esta: «Todas las mujeres conciben ideas, pero no todas conciben hijos», se sentiría feliz de contemplar a este grupo.

La cita es un día a la semana. Quedan para tejer en el local social que la Asociación de Vecinos de San Martín de Meirás, en el municipio de Sada, tiene al lado de las famosas torres, la monumental construcción que la propia escritora diseñó en la finca familiar para contar con un espacio de desconexión fuera de la ciudad. Aquí se refugiaba en sus largos veranos cuando regresaba de Madrid. Tras su muerte, durante la dictadura, la ocuparon los Franco. La familia del dictador se adueñó del espacio hasta diciembre del 2020, cuando, tras una larga disputa judicial con sus herederos y reivindicaciones de la sociedad civil, se oficializó su traspaso al Estado y, por tanto, al dominio público.

Con el Meirás de la Pardo Bazán tan cerca, la idea que comenzaron a desarrollar el pasado mes de diciembre surgió de forma espontánea. Así nació el club de labores y lecturas Las vecinas de doña Emilia. ¿Qué tiene de singular? Que además de practicar técnicas de labores y tomar un té o café, aquí también se habla de literatura.

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MARCOS MÍGUEZ

LECTURAS FAVORITAS

«A mí el ganchillo me encanta, pero no se me da muy bien, así que propuse ser yo la que leyera en voz alta, ¡es un chollo!», bromea Pilar. La edad media del grupo está en los 65 años. Para muchas, este es su primer contacto con los textos de la escritora de novelas como Los pazos de Ulloa o Insolación. «Tenemos una cuenta en la biblioteca. La mayoría de los libros que traemos son de allí, pero también aportamos todo lo que tenemos por casa», explica Mari, otra de las mujeres.

Para leer en alto y después comentar los textos, porque siempre se opina y valora la lectura, «preferimos los cuentos, hay dos que nos emocionaron mucho y recomendamos, El corazón perdido y De polizón. Este último es una historia sobre la emigración y nosotros somos un pueblo de emigrantes. También hemos leído recetas suyas y fragmentos de novelas. Cómo no, leímos los capítulos de La quimera que se desarrollan en Meirás. Es una novela autobiográfica, impresionante», describe Pilar, que fue profesora de Literatura.

Extractos de la guía literaria de Marineda de Emilia o de sus artículos sobre moda, que abordó Blanca P. Rodríguez Garabatos en su trabajo Emilia Pardo Bazán y la moda, de Hércules de Ediciones, son otras de las lecturas que las han acompañado.

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MARCOS MÍGUEZ

Mientras trabajan, las mujeres escuchan atentas las historias que les lee Pilar. Sus labores adquieren una dimensión cultural, además de la social, como un pegamento que une a este grupo de vecinas. «Nuestra asociación nació ya en 1978, pero quisimos que tuviese un nuevo aire. Desde hace un año, además de darle a las agujas, también le damos a la lectura. Son todo textos escritos por Emilia Pardo Bazán o que tratan sobre ella», cuenta otra de las integrantes, Tita Chas.

«Pasa que casi todas tuvimos un antepasado que trabajó en las torres en tiempos de doña Emilia», desvela Tita sobre el vínculo que las une a su insigne vecina. «Para mí, Emilia es de casa. Mi abuelo fue guardián en el pazo, su tía, la cocinera de la condesa y, el marido de mi tía, el mayordomo. El abuelo de una de mis compañeras era el jardinero», destaca Tita.

En el caso de Carmiña, su abuelo Enrique cuidaba de los jardines de la condesa. «La empiezo a conocer ahora. Poco había leído de ella. Mi abuelo siempre me hablaba de doña Emilia como una señora muy libre, muy culta, educada con los trabajadores. Yo era joven, pero me quedaba con esas historias. Decía también que era ‘buena moza’, muy atrevida a la hora de vestirse. Yo creo que si Emilia viera lo que hacemos aquí, le gustaría muchísimo», asegura Carmiña.

A Milagros las torres también le traen recuerdos de su infancia. Ella pudo recorrerlas por dentro. «Subía hasta la torre de Quimera, donde Emilia escribió su libro. Recorría esto de arriba para abajo como si fuera mi casa. Era en la época de los Franco. Venía a bordar con las monjas de Meirás. Una de ellas era la persona que se encargaba de ‘vestir el pazo’, revisar la limpieza, poner las cortinas si venía el cardenal. Cuando me casé hice en los jardines las fotos de la boda», recuerda Milagros.

PLANES PARA EL ESPACIO

Con motivo del 103 aniversario de la muerte de la escritora —Emilia Pardo Bazán nació en A Coruña en 1851 y murió en su residencia de Madrid en mayo de 1921— las mujeres quisieron rendirle un homenaje. Con flores traídas de sus casas, desde rosas, camelias, calas o girasoles, hicieron una ofrenda floral en las torres, junto a la mesa de granito en la que desayunaba la autora. «Queremos venir un día a tejer aquí, no es broma», adelanta Pilar, que habla de más proyectos con los que quieren revitalizar este entorno que para ellas es tan familiar. «Tenemos una idea en mente. Hacer una pequeña guía literaria, muy humilde, de los capítulos primero y sexto de La quimera. Transcurren aquí, puede ser algo muy especial», avanza.

La heredera del título nobiliario, Carmen Colmeiro, la actual condesa de Pardo Bazán, pudo conocerlas en la ofrenda floral que organizaron en mayo, y a la que fue invitada por el grupo. «Fue muy bonito. No sabía que existía esta asociación. Para mí es una alegría cualquier iniciativa que le dé vida a las torres. Tenemos que mirar por su mantenimiento ahora que hemos conseguido que sean de los gallegos. No podemos dejar morir este legado», destaca Colmeiro.

«Le llevamos flores ese día porque la sentimos como nuestra y venimos a Meirás por doña Emilia. Hablo por mí, estoy muy contenta por este nuevo destino de las torres», dice Tita.

Las torres —a Pardo Bazán nunca le gustó referirse a ellas como pazo, un término que le recordaba a la aristocracia— fueron para ella mucho más que un lugar de descanso. Eran su refugio. En su testamento hemos podido conocer recientemente que pidió expresamente que deseaba que su funeral se celebrase en este rincón verde de su tierra natal. En la capilla también se ha descubierto, tras una investigación, que está enterrado su padre, a quien Emilia estaba muy unida.

Como sus libros y artículos, la edificación fue una creación personal de la intelectual. Proyectó en ella su pasión por las artes, como detalló Jesús Sánchez, profesor de Historia da Arquitectura e do Urbanismo en la Universidade de Santiago (USC), en el estudio Las torres de Meirás, sobre el inmueble que la escritora inauguró en 1910.

De que su huella no se borre, sus vecinas actuales se encargan de la mejor forma posible, leyendo sus palabras.