Marino y Asun cumplen el sueño de viajar a París a los 87 años: «Pusimos un candado del amor»

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En la capital del amor. La asociación Adopta un Abuelo logró recaudar fondos para que pudieran visitar la torre Eiffel y viajar en barco por el Sena. «Nunca tuvimos luna de miel y yo siempre quise ir. Nos ha gustado todo», dice esta pareja de tortolitos

17 may 2024 . Actualizado a las 17:21 h.

Cualquiera le dice que no a Asunción Pérez. Esta palentina afincada en Sahagún (León), aunque ahora vive en Madrid con su hija, se apunta a un bombardeo. Y eso, a pesar de que tiene 87 abriles muy bien llevados y una agilidad mental que ya le gustaría a muchos. Apasionada en la conversación, desgrana rápidamente cómo se conoció esta pareja tan simpática. «Marino es dos años menor que yo. Nos conocimos cuando él tenía 12 y yo 14. Lo cogí muy joven, más tiernito, ¿sabes?», dice ella bromista sobre la diferencia de edad de ambos. «Iba con su padre, con un carro y dos mulas, vendiendo cazuelas de barro por mi pueblo, Villambroz, en Palencia. Yo iba a la escuela y él siempre venía detrás de mí, aunque en casa no lo querían mucho. Le reñían porque iba detrás de mí corriendo. Pero nos veíamos poco, él era de la provincia de Valladolid y, claro, iba vendiendo por los pueblos», aclara. Hasta que un día el padre de Marino dijo: «Yo creo que a estos dos vamos a tener que casarlos», porque ya era imposible disimular el amor que sentían uno por el otro. «Sí, sería un flechazo, pero entonces no existía esa palabra. Me gustó, por descontado. Pero no teníamos tanta prisa a enamorarnos como ahora. Íbamos más despacio. Ahora es todo muy atropellado», dice Marino.

—[Asun] Pero era muy fea o muy guapa, ¿o qué?

—[Marino] Pues como una chavalina de 14 años, por ahí tendrías...

Él continúa con el relato sin haber respondido muy bien a la pregunta de Asun y sin percatarse de que lo que pretendía ella era que su marido le hubiera regalado los oídos: «Es que mi madre es muy presumida. Sale todos los días a la calle con los labios pintados», interviene la hija de ambos.

«Yo iba en pantalón corto —dice Marino—. Salía con mis padres a trabajar y ya no fui más a la escuela. Menos mal que mi padre era muy inteligente y nos iba haciendo las cuentas en el carro, de pueblo en pueblo. Y así me fui defendiendo, más que en el colegio. Y luego, cuando fui mayor, fue cuando ya me busqué la vida por mi cuenta».

Juntos en Madrid

La pareja logró encontrarse en Madrid. Asun se había ido a vivir con unos primos y luego comenzó a trabajar sirviendo en una casa: «Era la doncella», puntualiza Marino con gracia. Mientras él también se buscaba la vida: «Conseguí hacer allí la mili». Luego llegó la boda, dos hijos y un negocio de ultramarinos en Sahagún que fue su porvenir: «La gente del pueblo se portó muy bien con nosotros. También toda la comarca. Yo salía con el camión a vender por los pueblos. Y ella quedaba en la tienda. Era la responsable de todo. También de cuidar a los niños y a dos abuelos, porque tanto el padre de ella como el mío murieron en casa», comenta Marino, agradecido por la entrega de su mujer.

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Tras 63 años de matrimonio, aseguran que al fin han podido cumplir el sueño de viajar a París: «No hemos tenido luna de miel y era un sitio al que siempre decíamos que nos gustaría ir. Y al final, gracias a Adopta un Abuelo hemos podido cumplirlo. El viaje ha sido maravilloso», comenta Asun, muy contenta, mientras explica que estuvieron tres días en la ciudad del amor el pasado mes de abril, acompañados por dos guías de la asociación: «Rosi y Ros, se llaman igual, pero todos las llamamos así para diferenciarlas. Son maravillosas. Nos llevaban a todos lados en taxi y no teníamos que hacer colas». «Nos ha gustado mucho la torre infiel, como la llama Marino, también el paseo en barco por el Sena. Nos ha encantado todo. Y también pusimos un candado del amor en uno de los puentes. Como todo el mundo lo hacía, pues nosotros también», comenta ilusionada esta mujer, que reconoce que su marido no pudo contener la emoción de verse allí. «Es que él es más llorón que yo. Habla con las hermanas por teléfono y ya se emociona», cuenta graciosa. «Siempre me había llamado la atención la torre Eiffel. Tenía la ilusión de saber cómo la hicieron, porque es de hierro y hace cien años no había soldadura. Tuvo que ser todo a base de remaches y mano de obra. Pero tampoco me explicaron mucho, más bien poco», bromea Marino, feliz de haber estado en la capital francesa con su querida Asun.

Si tuvieran que ponerle un pero, dirían que la comida. «Como la española de toda la vida, nada. Un día nos llevaron a un restaurante español, La Bodega Española, y ahí muy bien. Si algún día vas, no dejes de visitarlo. Y luego, les pedías un descafeinado o un cortado y no sabían cómo se ponía», explica Marino.

Tanto ellos como su hija no tienen más que palabras de agradecimiento para la asociación por haberles permitido cumplir este sueño. También, a las dos acompañantes que siempre estuvieron muy pendientes de ellos. «Si no hubiera sido por ellos, habría sido imposible. Son fabulosos todos», dicen.

No hay quien les quite la sonrisa de la cara a esta pareja que ya se da más que satisfecha por haber ido a París. Aunque Asun puntualiza: «Yo ya estoy a gusto y feliz por que me hayan llevado allí, aunque si me dicen si queremos ir a Roma, también vamos. No voy a decir que no». Ella, por si acaso, lanza la caña. «¡Mamá, que hay que dejar para otros!», le replica su hija. No me digáis que no son para comérselos.