Jairo y Sandra, de León a Japón en bici para conocer una granja: «Es una forma de viajar barata y ecológica, porque no contamina, y además haces ejercicio»

Carlos Peralta
C. Peralta REDACCIÓN / LA VOZ

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Jairo Murciego y Sandra Franco, cicloviajeros que van desde León hasta Japón.
Jairo Murciego y Sandra Franco, cicloviajeros que van desde León hasta Japón. CEDIDA

Jairo Murciego y Sandra Franco teletrabajan para afrontar su viaje y aprovechan cada una de sus estancias para añadir conocimientos a su mochila

22 may 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Es muy manido el famoso dicho de que lo importante no es la meta, sino el camino, pero no por ello deja de ser cierto. En la era del turismo descontrolado y en plena concienciación ecológica, Jairo Murciego y Sandra Franco llevaron el «caminante no hay camino» de Machado y Joan Manuel Serrat a su máxima expresión. Desde el pequeño municipio leonés de Regueras de Arriba cogieron sus bicicletas para poner rumbo ni más ni menos que a Japón. La meta de estos más de 14.000 kilómetros es la granja de Masanobu Fukuoka, al sur del país nipón. Él fue el impulsor de la permacultura, la razón de ser de esta aventura. «Se basa en el diseño de espacios naturales donde todo esté integrado», explica Sandra. «Es una colaboración de vida, sostenible en el tiempo», añade Jairo. A su vuelta, todavía sin fecha exacta, su objetivo es impulsar una granja escuela que promueva y funcione con los valores de esta filosofía que aúna sostenibilidad, creatividad y eficiencia.

Ambos se conocían desde hace años, pero llevaban mucho tiempo sin verse cuando se reencontraron. En este impás, en los dos había crecido un denominador común: la permacultura. Su inquietud no tuvo límites, hasta el punto de que Sandra dejó su trabajo en el Reino Unido. Llevaba ya años en Inglaterra y trabajaba en la logística de la industria del cine. Jairo, por su parte, tiene una empresa de ingeniería en La Bañeza (León) especializada en el diseño homologación de vehículos. Ahora ambos teletrabajan mientras pedalean por el mundo. Él mantiene así parte de la actividad de su compañía, y ella ejerce como profesora de inglés y español. Es su principal vía de financiación, además de un sistema de micromecenazgo.

La esencia de este gran viaje son las estancias. «Hacemos un intercambio de alojamiento por horas de trabajo que, para nosotros, supone un aprendizaje», resume Sandra. Priorizan proyectos que puedan aportarles conocimientos para su futura granja. «Si es bueno y nos gusta, hemos llegado a estar hasta 15 días», asegura Jairo.

En el momento de esta entrevista se encontraban en Turquía. Desde el país otomano deberán reconfigurar su ruta. Su idea era pasa por Irán e Irak, para recorrer próximamente el sur de Asia. Pero el conflicto armado en Myanmar les ha hecho replantearse su plan inicial. «A veces hay que tomar decisiones en ese mismo momento», asegura Sandra. En Turquía vivieron una de sus experiencias más inolvidables. En Fethiye, al sur del país, un hombre ya veterano se encarga de un bosque gigante. «Él contacta con voluntarios para crear un bosque gigante comestible. Una plantación de muchísimos tipos de árboles frutales, como higueras o avellanos, que a la larga podrán dar comida a mucha gente. Y todos son autóctonos. Su objetivo es reforestar la ladera de una montaña y crear una gran huerta», explica Jairo.

Jairo Murciego y Sandra Franco, cicloviajeros que van desde León hasta Japón.
Jairo Murciego y Sandra Franco, cicloviajeros que van desde León hasta Japón.

El voluntariado en Fethye duró dos semanas. Claramente les sirvió. Antes de llegar al país que conecta Asia con el Viejo Continente, los intrépidos viajeros hicieron una ruta cicloturista al alza, la Euro Velo 8, que recorre la costa mediterránea y los Balcanes. Una ruta de la que extraen vivencias únicas. Por ejemplo, de la Hacienda de Amaranto, al sur de Turín (Italia). «Aprendimos cómo diversifican las formas de ganar dinero. No solo con el huerto, sino que ofrecían un espacio para hacer cámping, para hacer ecoturismo y organizaban eventos. Estaban creando una biopiscina y nos gustó mucho; es interesante», asegura Sandra. El proyecto es familiar. El impulsor es el padre de los actuales encargados y su historia inspira al dúo leonés: era informático y decidió dar un giro de 180 grados a su vida para comenzar a trabajar la tierra.

Sin salir de Italia, recuerdan otra experiencia que les marcó. La permacultura incluye —en una de sus muchas ramas— el cuidado de las personas. Dedicaron tiempo a conocer la vida en comunidad de 15 amigos que llevaban 30 años viviendo juntos. «Vivían en una especie de gran masía», recuerda Jairo, que destaca de esta experiencia que «la velocidad de la comunidad era la del más lento». No tenían tareas asignadas como en otros voluntariados, simplemente les dijeron que se adaptaran e hicieran lo que creyeran conveniente.

viajeros y divulgadores

La alcachofa de Jerusalén es un vegetal que resiste en zonas áridas. El laurel es un acolchado natural que protege la tierra del ardor del sol veraniego. Son algunos de los curiosos aprendizajes que se lleva este dúo ciclista de su ruta y que, a través de un canal de YouTube, comparten con cualquier interesado en su viaje y en la permacultura. También entrevistan a sus anfitriones. Una cámara y un portátil es suficiente para difundir sus conocimientos y vivencias.

Aunque poco, también añaden peso a sus bicicletas. Sandra reconoce que ha visto romperse ya tres radios de su medio de transporte. Sin contar su propio peso, cada bicicleta carga con 40 kilos de equipaje. Jairo tuvo menos percances, pero más graves. El eje de sus pedales quedó destrozado. «Encontramos un hombre en Montenegro que nos ayudó. Como afición arreglaba bicis», recuerda Sandra. Después de tres horas y mucho esfuerzo, logró reparar la bicicleta.

La preparación antes del viaje es esencial. Los dos leoneses hicieron un ensayo general antes de partir hacia Japón. «Para ponernos a prueba fisica y mentalmente pedaleamos desde Burdeos a León. Fueron 15 días y 700 kilómetros», asegura Jairo. La experiencia solo reafirmó sus objetivos. «Para nosotros esto lo tiene todo. Es una forma de viajar barata y ecológica, porque no contamina, y además haces ejercicio». Los dos recomiendan a cualquier interesado en hacer cicloturismo que lleven solo lo imprescindible. «Si estás dudando si vas a necesitar algo o no, déjalo en casa: probablemente no lo vas a necesitar», aseguran. También remarcan que es crucial salir con el pasaporte con mucha vigencia. De hecho, Sandra tuvo que acudir a la embajada española en Turquía para renovarlo.