Antonio Ríos, taxista que trabaja en Nochevieja: «En Fin de Año siempre llevo un kit antivómitos»

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MARCOS MÍGUEZ

Lleva 18 años viviendo la noche de A Coruña desde el taxi y tampoco faltará la última velada del 2023: «Un año fui a dejar un servicio a la feria de Betanzos y unos chavales querían que los trajera con un cerdito en el taxi»

28 dic 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando alguien echa la vista atrás, siempre nos vienen a la memoria las noches de Fin de Año. Las primeras, de adolescentes, en las que salíamos con una ilusión desatada que nunca cumplía las expectativas; luego las más divertidas, que se recuerdan en los corrillos año tras año; y también las más felices porque no echábamos a nadie en falta... Un sinfín de recuerdos se asoman en la ventana de añoranza porque sí, es una noche especial. Y lo sigue siendo. Pero esta vez, en lugar de ponernos en el lado de quien la disfruta, vamos a saltar a la acera del que se pasa la Nochevieja trabajando para saber cómo se vive desde la trinchera.

Es así cómo nos subimos al taxi de Antonio Río. Uno de esos profesionales que siempre le ponen buena cara a todo aquel que entra en su taxi. Y eso que, como bien dice, lleva muchas veladas sobre ruedas. Ni más ni menos que 18 años. «Es una noche de muchísimo ajetreo, una noche loca. Junto con la de San Juan, son las dos por excelencia de la fiesta en A Coruña», explica.

Antonio tiene mil y una anécdotas, pero hay una que no se le ha olvidado con el paso del tiempo: «No te sabría decir cuánto tiempo hace de esto, pero sé que fue una noche de Fin de Año. Bueno, ya era la madrugada. Es muy típico que los chavales acaben en la feria de Betanzos. Yo fui allí a dejar un servicio y, cuando la gente se había bajado del taxi, unos chavales quería que los trajera de vuelta para A Coruña. Les dije que no podía hacerlo porque solo puedo coger el servicio en mi ayuntamiento. Pero lo más curioso de todo es que traían un cerdito, una especie de cochinillo, y querían venir con el cerdito en el taxi. No me preguntes de dónde lo sacaron, porque no tengo ni idea. Y luego yo ya me fui y no supe al final qué pasó con el cerdito».

Uno de los grandes quebraderos de cabeza para cualquier taxista es evitar que te vomiten en el coche, sobre todo, en una de estas noches tan ajetreadas. «En ese sentido soy un privilegiado, porque en todos estos años que llevo con el taxi, me ha pasado dos veces o tres. Y una de ellas no fue por ir de fiesta, sino un señor que lo fui a recoger a la salida de urgencias. Pero yo siempre llevo esa noche un kit antivómitos. Mis paños y mis bolsas en el coche, especialmente en Fin de Año y en San Juan, siempre están a mano. Donde pueda cogerlas al instante», dice. Y reconoce que más de una vez ha tenido que parar el taxi para que la gente se bajara a devolver: «Me ha pasado alguna vez, pero he tenido suerte de que en el coche, salvo ese par de veces, nunca sucediese».

Llevar un taxi es una especie de consultorio móvil. Antonio se encuentra con historias de todo tipo. Eso sí, lo que pasa en el taxi se queda en el taxi: «Escuchas de todo. Dicen que los taxistas somos medio psicólogos. Y, en cierto modo, es cierto. Pero lo que escucho no sale del taxi. Ni siquiera lo hablo en mi casa. A veces te ríes; otras, no es que llores, pero te dejan pensativo porque te afectan... Pero ya te digo que son cosas que no las hablo ni en mi casa». Aun así confiesa que alguna vez aconsejó a alguna pareja que entró enfadada al taxi. «Si veo que me dan pie, les puedo decir que no merece la pena discutir muchas veces», asegura.

Las uvas, en casa

Antonio se pasa toda la Nochevieja trabajando porque, además, sabe que es una noche en la que se necesita el servicio. Pero las uvas siempre se las toma en casa. «Nunca me las he comido en el taxi. Sí he salido alguna vez justo después de tomarlas. Pero me gusta cenar con la familia, tomar las uvas y luego ya ir a trabajar a la media hora o a la hora», añade. También reconoce que nunca ha vivido ninguna situación peligrosa. En ese sentido, considera que tanto la ciudad como el momento que se está viviendo es tranquilo: «Todas las ciudades tienen sus cositas y esa es una noche complicadilla. Alguna vez me han hecho simpas o cosas así, pero una situación peligrosa, como tal, no. A Coruña es una ciudad, en general, tranquila. Y también va por épocas».

Sobre si es muy diferente la forma en la que se divierten los jóvenes de ahora con la de antes, dice que no. Y los defiende. «Se habla mucho de la juventud, pero yo me pregunto cómo lo haríamos nosotros viviendo esta época. Yo me he encontrado gente joven respetando todas las normas y gente mayor que no respetaban nada. Es decir, los jóvenes se divierten como nos divertíamos nosotros en nuestra época. Yo los veo como siempre. Eso de que ya no tienen respeto por nada no es verdad. Hay de todo como había en mi época», dice. Eso sí, reconoce que le da ternura ver a las pandillas que salen por vez primera en Fin de Año: «Los ves venir con esa inocencia de coger el taxi en su primera Nochevieja. Y ya te dicen así como tímidamente: ‘¿Nos puede llevar?‘ Esa primera noche de fiesta de los chavales es muy bonita». Claro que sí. Y si encima se suben a tu taxi, seguro que llegan a un buen destino. ¡Buena guardia, Antonio!