¿De qué se arrepienten las mujeres mayores?: «Me hubiera gustado besar más»

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Alejandra Ceballos

Con más de siete décadas vividas, es posible llegar a muchas conclusiones, así como ser consciente de que las preocupaciones cotidianas realmente no son tan graves. ¿Qué piensan ellas del futuro?, ¿cómo ven a las generaciones actuales? Teresa Días y Obdulia Testa nos cuentan

25 may 2023 . Actualizado a las 09:05 h.

Teresa Díaz tiene una sonrisa constante, y transmite un aire cariñoso. Tiene siete nietos que la hacen sentir cercana a las nuevas generaciones. «Estoy a favor de este tiempo. Me gusta que les vaya bien en todo», asegura con una sonrisa, aunque no disimula su sorpresa al ver una millennial entrevistando a los «viejos», como ella se autodenomina de broma.

A Teresa, que baila los viernes en el Centro Cívico As Pontes, en Ourense, le gusta la autonomía y la desenvoltura que tienen los jóvenes. «Ahora la juventud es más libre, y eso es bueno. En mi época, por bordar una bandera de la libertad, tenías problemas. No podíamos dar un beso a un chico, en cambio ahora el amor es libre y yo lo veo muy bien», dice.

Al recordar su juventud, a pesar de las dificultades, asegura que se lo pasó muy bien. «Salíamos en pandilla y, aunque solo nos dejaban estar fuera hasta las 9.30, nos divertíamos mucho, muchísimo», asegura pensando en el pasado. También recuerda con cariño los paseos a caballo y el tiempo en el campo que, aunque complejo, lo disfrutaba. «No había electricidad, así que nos calentábamos con leña, y trabajábamos demasiado por poco dinero», enumera. «Pero monté a caballo moitísimo. Era maravilloso porque no había carreteras, solo caminos de tierra», insiste. Y también menciona lo mucho que le gustan los animales, aunque a la gente ya no le hagan tanta gracia. «La gente de ahora no quiere olores, se quejan del olor de la oveja o las cabritas...», se lamenta. 

De esa misma época viene su único arrepentimiento: «A lo mejor estaba rabiando por un beso, pero no te dejabas besar. Sí me arrepiento, de esas cosas, sí. En cambio, ahora si eres chica u hombre, si quieres, quieres, y ya está, no pasa nada», dice convencida.

Envidia la libertad de hoy, pero también reconoce que ha conocido mundo. Nació en Portugal, ha conocido Galicia, Suiza, guarda como un tesoro su tiempo en el campo, su finca que sigue cuidada y con leitugas frescas.

También viaja, aprovecha para hacer eso que de joven no pudo: «Ya fui a Suiza, Benidorm, Algarve, Lisboa. Tengo recorrido muchas cosas de Galicia y ahora viajo mucho», dice con ilusión. 

Obdulia Testa, 78 años: «Desde que nacemos nos pintan el futuro negro, pero no es así»

Alejandra Ceballos

Sale de la sala de baile rodeada de sus amigos, con quienes también se hace una fotografía. Sonríe. Obdulia no tiene arrepentimientos. Aunque a la primera dice que no tiene nada que enseñarle a los jóvenes. «Con la tecnología y todo lo que hay, es poco lo que podemos decir», pero como aquí la experiencia es lo que cuenta, rectifica su comentario.

«Es cierto —corrige— que podemos enseñar sobre cómo sembrar. Tomates, maíz, pimientos...», enumera. Y luego, un poco más consciente de sus conocimientos, continúa: «Antes respetábamos mucho los ciclos de la naturaleza y casi no producíamos basura. Reciclábamos o reutilizábamos todo. De un vestido viejo hacíamos uno nuevo. No tirábamos nada porque nos faltaba todo», asegura.

Obdulia trabajó en el campo y vivió en la aldea hasta que se jubiló. «De niña quería venir a Ourense porque pensaba que había de todo, pero estaba equivocada, aquí también tienes que trabajar para conseguir las cosas», dice. Sin embargo, desde que es pensionista vive en la ciudad donde, reconoce, al menos no trabaja «con el ganado bajo la lluvia».

Sus 78 años le han servido para llevar la vida con calma, para entender los afanes del día a día y comprender que las cosas no están tan mal como las pintan. A quienes les preocupa el futuro, les dice sin duda: «Desde que nací nos han pintado el futuro negro, nos dicen que las cosas del pasado eran mejor, pero no es así, seguimos avanzando, así que no hay que preocuparse», dice. Reitera que ha dado lo mejor de sí y que no se arrepiente de nada. «Hice lo que entendí y lo que creí que era mejor para mí y no tengo remordimiento de nada», concluye.

Raquel Rodríguez, 81 años: «Puede que me haya equivocado, pero todo lo he hecho de corazón»

Alejandra Ceballos

Raquel Rodríguez (81) es una convencida de que las conversaciones intergeneracionales tienen mucho que aportar: «Nosotros tenemos mucho que enseñarle a los jóvenes, por nuestras experiencias vividas, y ellos tienen mucho que enseñarnos a nosotros, porque va todo muy adelantado», asegura.

Como muchos de su generación, de joven vivió en la aldea, donde trabajó, y ahora reside en Ourense. Sabe del campo, de cultivos, y mucho del cuidado familiar. Tiene 81 años y la convicción de haber hecho lo que debía. «Es muy buena», dice una de sus amigas —Mari Carmen—, que interrumpe con gracia la conversación.

Raquel continúa charlando tranquila y nos regala otra sonrisa. «No me arrepiento de nada porque hice todo de corazón. ¿Pude equivocarme? Puede ser, pero es parte de la vida», asegura y le resta importancia a las preocupaciones del día a día, a la dificultad de tomar decisiones. «No todo es perfecto, hay que acostumbrarse a que haya dificultades y problemas», apunta.

Hoy, su tesoro más preciado son sus vivencias y, por supuesto, sus nietos, con los que comparte tiempo. «Tengo uno que desde que era pequeño, cuando me veía, me cogía de la mano, me llevaba a alguna habitación y me decía que íbamos a hablar. Empezaba a preguntarme sobre mi vida, sobre mi niñez y mi juventud», relata.

Sabe que la vida es simple, algo que solo se aprende con el paso de los años, así que entiende que no se trata de fórmulas mágicas. Su consejo, el único para los jóvenes, es «que se preparen y que estudien», le dice a una generación especialmente formada, con muchos títulos, y para Raquel, con mucho que aprender.