Álvaro Segade, más conocido como Alvarito, regaló a YES la premiere de su espectáculo. Es como la Pedroche, todos quieren saber cómo irá vestido. Así lucirá este choqueiro por la calle de la Torre, el sambódromo herculino
15 feb 2023 . Actualizado a las 12:12 h.La reina del entroido coruñés es un rey. Aunque camine sobre tacones de mujer, menee el pompis como una mujer y peine peluca de mujer, Álvaro Segade es un señor de los pies a la cabeza. De los que ya no hay. Este coruñés de Labañou es para muchos el rey choqueiro, el que disfruta del carnaval sin compañía, el que lo vive sin gastar ni en horquillas. El que revuelve el armario, busca lo más chillón, lanza la ropa al aire y donde le caiga ahí queda. En definitiva, un sinvergüenza en el mejor de los sentidos. La calle de la Torre es donde se pavonea. Su sambódromo.
Álvaro Segade Gestal, Alvarito, perdió la vergüenza cuando dejó el chupete. Pese a que el espejo de su baño se empeñe en llevarle la contraria, hoy se muestra esplendoroso a sus 51. Recibió a YES en su casa de A Coruña días antes del carnaval para mostrar en primicia mundial el disfraz que lucirá este año. Como pasa con la Pedroche, con Alvarito lo mismo, todos quieren saber cómo irá vestido. Pues con poca tela como siempre, taconazos, peluca chillona, unas pestañas que le quedan como un monóculo a un marrano y, fundamental, una barriga sobresaliente (natural, no comprada en un chino). Parece que va de Pamela Anderson en Los vigilantes de la playa. Como ven, dos gotitas de agua.
Pero salta a la vista que él no está operado. Solo afeitado —únicamente se quita la barba la víspera del martes de carnaval—. Tampoco es aquel muchacho espigado que recorrió el mundo de bailarín con el Ballet Gallego Rey de Viana, donde estuvo diez años triunfando en los mejores escenarios. Hoy se las ve y se las desea para contener la hemorragia de morcillas que luchan por escaparse de un bañador muy lejos de sentarle como un guante. Es parte del disfraz, «que me salgan las lorzas y que la gente disfrute de mi cuerpo», dice orgulloso.
SOLO, SIN COMPARSA
No hace falta ni contarlo. Cuando Alvarito sale a la calle el martes de carnaval es como si lo hiciera un cerdo volando. Nadie da crédito a lo que ve. No necesita comparsa. Él se lo guisa y él se lo come. En la calle de la Torre, los paseantes lo acribillan a fotos y piropos. Él posa lascivo. «Yo solo quiero hacer reír y que la gente se ría conmigo». ¿Pasó alguna vez vergüenza? «Jamás. El día que la pierda estaré ya en el cajón».
Esa costumbre de decorarse el cuerpo y la piel hasta que los gusanos quieran la lleva dentro desde los 4 años, cuando se disfrazó por primera vez. Fue de D'Artagnan. Solo una vez volvió a vestirse de hombre. Y nunca más. Casado con una mujer maravillosa que es quien le pinta los labios, se compara con un torero. Cuenta orgulloso que la víspera no es capaz de pegar ojo. Pone sus galas sobre la cama, bien dispuestas, y se viste como una tonadillera.
Su fama en A Coruña lo llevó a tener placa propia en la calle César San José, uno de los más grandes choqueiros de la historia de la ciudad y promotor como nadie del carnaval.
Segade fue uno de los que tomó el relevo. Pero no uno cualquiera. Él es el más provocador, el que menos se disfraza llevando muchas veces el mejor disfraz. Porque le han llovido premios. Porque para los choqueiros, la gracia no está en lo laborioso de un traje o en lo imaginativo, sino en lo desvergonzado, en el poder de despertar más carcajadas. Y Alvarito va muchos pasos por delante.
Se autoproclama el último mohicano en el reino de los choqueiros. Recuerda sus años en los que trabajaba en la Cervecería y para tener libre el martes de carnaval les cambiaba el día a sus compañeros por dos o tres jornadas de trabajo. ¿Qué es un choqueiro para el rey de los choqueiros?
«Pasarlo bien, oídos sordos y a sentirlo»
No pierde jamás la sonrisa pese a que está atravesando un momento nada dulce. Cuenta que sobrevive con muy pocos ingresos. Siempre trabajó, pero ahora, llegado a los 50, su historia laboral lleva tiempo sin escribirse. Vive con el poco dinero que se levanta al mes cuidando a personas mayores. Para eso es el mejor, pues todo el mundo es feliz a su lado. «A mí lo que más me gusta es transmitir alegría», cuenta. Pero la procesión va por dentro. Aunque no se le note lo más mínimo. Y mucho menos se le notará en carnaval. Ahí, todas las tristezas y problemas se desploman y «asoma un hombre feliz haciendo a la gente feliz». Su personalidad abraza.
Ya cuando YES le pidió que posara para la portada se le vio exultante. Citó al fotógrafo Marcos Míguez en su casa del barrio de Eirís y puso sobre la cama el bañador que lucirá en carnaval. Un trapito que necesitó de otro trapito para cubrir sus partes nobles. La performance fue un espectáculo de risas y chistes. Alvarito es para disfrutarlo. Un ser humano que nunca le hizo mal a nadie. Es de lo mejor del carnaval coruñés. A quien más fotografía la gente. Quien más alegría levanta. El hombre que disfruta bajo cero —el entroido coruñés es de los más fríos de España—.
A pocos días de que Galicia se eche a la calle con los mejores disfraces, Alvarito calienta motores. Volverá a ser titular. Una de las estrellas del equipo. Firmará autógrafos y se hará selfis con sus fans, que en A Coruña son miles. Solo una última cosa: cuando lo vean, disfrútenlo. Debería cobrar entrada.