Pepe García, «El Estoico»: «En el caso Shakira-Piqué yo aplicaría el ejemplo de Marco Aurelio»

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Pepe García, autor de «Siempre en pie», conduce el blog y el pódcast «El Estoico».
Pepe García, autor de «Siempre en pie», conduce el blog y el pódcast «El Estoico».

«Cuando te hablas bien, tu cerebro responde mejor», señala el autor de «Siempre en pie», que este fin de semana trae a Galicia la medicina natural de la filosofía. «Pospón la recompensa: antes de comprar una cosa, piénsalo siete días», recomienda

22 ene 2023 . Actualizado a las 17:01 h.

No es el único estoico, es «un estoico», pero El Estoico fue el único dominio que pudo comprar en la web, cuenta. Y, desde que adquirió ese dominio, el sentido de la filosofía de Pepe García, el Estoico, se ha expandido de Marco Aurelio, Séneca y Epicteto a miles de personas y al ruedo de la vida cotidiana. Esta semana, empezaba en redes un nuevo reto en su comunidad de Patreon: 14 días sin queja. ¿Del 1 al 10, cómo de quejica te consideraras?, plantea este chico a punto de ser padre que, tras sumergirse en los clásicos, un buen día dejó la abogacía y se fue a Australia sin saber inglés. Pepe ha llegado a la conclusión de que sus comportamientos estoicos (preguntarse cada día qué está y qué no bajo su control o ¿qué haría si hoy fuese mi último día?) le generan mayor bienestar que los que no lo son. Este viernes y el sábado el autor de Siempre en pie está en Lalín (en el centro Move).

En desacuerdo con los mantras del pensamiento positivo (del estilo «si no eres feliz, es culpa tuya»), Pepe García matiza que «se pueden cambiar cosas» cuando uno es amable consigo mismo, cuando se habla bien. «La neurociencia demuestra que, cuando te hablas de forma amable, tu cerebro responde mejor». ¿Qué es ser amable contigo? «No consiste en que me diga: ‘Pepe, eres magnífico. Todo te va a ir fenomenal’, pero tampoco: ‘Qué desastre soy, nadie me va a querer’. Se trata de ser razonable y decirse: ‘Algunas cosas las haces mejor que otros, otras peor. Intenta mejorar en lo que puedas y no ser tan duro contigo mismo’».

—Los estoicos tienen mala fama. Parece que no tienen el problema del común de los mortales, que pasan, que son duros como piedras... ¿Cómo son los estoicos, los de hoy?

—No sabría decir si hay estoicos hoy en día. Decir que uno es estoico es muy prepotente, ¿no? Creo que es más humilde y más real decir que se practica el estoicismo. Al hablar de los estoicos, nos referimos, sobre todo, a los estoicos antiguos, a los griegos y los romanos; a Séneca, Marco Aurelio, Epicteto... Con el significado de estoico, ha pasado como con cínico, el significado se ha pervertido con tiempo.

—¿La fortaleza del estoico, su capacidad de encaje, acentúa mi debilidad? Quizá por eso nos molestan, porque nos muestran cierta indolencia que no tenemos...

—A veces no se entiende que no te moleste algo. Y yo digo: «Es que no puedo cambiarlo». Algo que no puedes cambiar te molesta hasta que te entrenas en que no te moleste. Hay una cosa que dice Epicteto, y Marco Aurelio: «Cuando una persona actúe haciendo algo que a ti te siente mal, recuérdate que no actúa en base a cómo tú ves la vida, sino a cómo él la ve». No hay dos personas que vean la vida de la misma manera. Lo que para ti puede ser muy claro otro lo puede ver muy distinto. Hacerse cargo de esto, experimentarlo, es un entrenamiento que requiere paciencia y ser amable. Casi todo lo que la gente nos cuenta son opiniones. Y casi todo lo que vemos son perspectivas.

—Hoy está en valor lo emocional. ¿Estamos debilitando la razón?

—La neurociencia demuestra que las emociones son nuestra naturaleza también. Los estoicos decían que nuestra naturaleza era la razón y ahí estaban quizá equivocados... Somos muy emocionales. Como explica Nazareth Castellanos, las emociones suceden en un primer estadio que es inconsciente, en la amígdala, en fases subcorticales que no llegan a la zona racional del cerebro. Esas emociones pasan sí o sí de forma involuntaria. Séneca decía que es imposible no sentir miedo cuando vas en un barco y se mueve. Pero luego sí podemos, y la ciencia lo demuestra, fortalecer la zona que se llama corteza cingulada anterior, la que hace que nos demos cuenta de las emociones y podamos fortalecer la razón. De eso trata la gestión emocional, de entender que las emociones están ahí y que podemos, con entrenamiento, gestionarlas. El estoicismo propone una forma de hacerlo.

—Empezar el día con las cinco preguntas de Marco Aurelio que sugieres es un filtro. Ya solo la primera: «¿Está esto bajo mi control?». Como persona emocional, siento que las mejores decisiones de mi vida no las tomé con la razón, como tener hijos. ¿Qué te parece?

—Interesante, me hace pensar mucho. Hay cosas que se sienten. Para los antiguos, la razón viene de los dioses. Aristóteles y Platón hablaban del nous como inteligencia y la ligaban con los dioses. Hoy entendemos que somos emocionales y que la razón la podemos implementar, pero a posteriori. Viktor Frankl decía que, entre estímulo y respuesta, tenemos la libertad de crear un espacio, que es lo mismo que dice el estoicismo. La felicidad es un concepto que nos hemos inventado los seres humanos. Los animales no piensan en ser felices, solo en sobrevivir.

—Igual mis genes saben más de felicidad que yo... ¿Por qué los abuelos tenían una sabiduría natural, de la vida, que sentimos que nos falta hoy?

—Es importante hacerse preguntas. Séneca decía: «Yo seguiré el camino de los antiguos, pero si descubro uno más breve y plano, lo abriré».

—Entre las tácticas de los estoicos para calmar la mente, citas, entre otras, posponer la recompensa.

—Ayuda posponer la gratificación inmediata. En vez de hacer una compra impulsiva, antes de comprar una cosa, piénsalo siete días. Si cedes a la gratificación inmediata, será difícil que consigas tus objetivos a largo plazo.

—No es fácil saber lo que está bajo mi control y lo que no lo está.

—Me hace pensar en la oración con la que abren la sesión los alcohólicos anónimos: «Dios, concédeme fortaleza para afrontar lo que puedo controlar, aceptar lo que no puedo controlar y sabiduría para entender la diferencia».

—Es fácil caer en la inacción pensando que no hay forma de resolver algo...

—A mí hay dos cosas que me han ayudado; una es una frase de Séneca que dice: «A menudo sufrimos más por la imaginación que por la realidad». Y otra es de Tim Ferriss: «A menudo, el éxito de una persona en la vida se mide por la cantidad de conversaciones incómodas que está dispuesta a tener». Ayudan las conversaciones incómodas con tu pareja, con un padre... El ego juega un papel importante. Piensa que, por ejemplo, está bajo tu control pedir perdón. Y mucha gente confunde pedir perdón con rebajarse.

—¿Nuestro ego es el enemigo?

—Ryan Holiday tiene un libro que se llama así: El ego es el enemigo. El otro día, Jordi Nadal, editor de mi libro, me decía: «Puedes hacer que el ego sea el jinete o sea el caballo». Tienes que intentar que sea el caballo, y esto exige un trabajo constante. Es interesante el mapa de las emociones; un estudio que hicieron unos científicos, un mapa de calor sobre en qué zona del cuerpo sentimos más la emoción, en los puños, en el ceño, en apretar los dientes... La emoción se despierta en el cuerpo, donde dura una media de 70 o 90 segundos. Luego se va a la mente. Una emoción puede estar toda la vida en tu cabeza.

—¿Siempre valoramos lo que tenemos cuando lo perdemos?

—Es así. Lo que pasa es que pensamos que nunca vamos a perder las cosas, pensamos: ‘Mi mujer me va a querer siempre’, ‘esto que me he comprado nunca me lo van a robar’... Me gusta la perspectiva estoica sobre esto; pensaban que estamos aquí de paso. Decía Séneca: «Lo que la fortuna te dio la fortuna te lo va a quitar sin aviso». Está bien pensar diariamente: «Esto puede que se acabe mañana». El otro día vi un tuit de un hombre que decía: «Me voy, pero no de Twitter, sino de este show de la vida. Llevo dos años peleando con un cáncer y me quedan semanas de vida. Mi corazón está lleno de agradecimiento. Gracias por este tiempo». Increíble.

—Pones el foco en el arte de dominar el discurso interior. Esa fortaleza.

—En las Meditaciones, dice Marco Aurelio que al levantarte te prepares para encontrarte con un indiscreto, un ingrato, un mentiroso y un envidioso. ¡Pero no seas como ellos...! Me lo decía mi profesor de autoescuela con otras palabras: «Todos los días son maravillosos hasta que viene un gilipollas y te los jode... y hoy ese gilipollas has sido tú, Pepe».

—Llevamos una semana con el temazo Shakira. No parece muy estoica la canción, ni tampoco la gestión del conflicto que hace la pareja...

—No es nada estoico. Entiendo que las emociones existen, que nos duelan, que somos seres humanos y que nos han hecho daño, pero aquí yo aplicaría el ejemplo de Marco Aurelio, que decía: «La mejor defensa es no parecerse a ellos». Muchas veces pensamos que, si nos hacen algo, hay que pagar con la misma moneda. Si te enfadas porque alguien te hace algo y respondes comportándote exactamente igual, te conviertes en la persona que te ha hecho daño. Entonces, no tiene sentido desde el punto de vista lógico. Igual sí desde el punto de vista emocional, igual sí... Pero creo que ha pasado ya suficiente tiempo como para que esa emoción esté ahí todavía tan palpable. En el momento en que te enteras de una infidelidad, entiendo que estalles pero cuando han pasado meses o incluso años eso ya está fuera de lugar. Por eso me parece adecuada la frase de Marco Aurelio. 

—Nos recuerdas que lo que merece la pena no llega por Amazon en tres días.

—Es que esas cosas no se piden, hay que trabajarlas. Las cosas que más importan en la vida requieren esfuerzo y trabajo diario, como la relación con tus hijos... Para tener una casa llena de amor tienes que tener conversaciones incómodas muchas veces.

—El estoico no evita el conflicto, ¿no? ¿A veces hasta lo busca?

—Eso es. Por la serenidad tienes que pagar un precio. Empieza con cosas pequeñas. Cuando se te cae una taza y se rompe, puedes decir: «Madre mía, qué torpe soy» o «este es el precio de mi serenidad». No es lo mismo que se te caiga una taza y dejarla, que ya vendrá otro a recogerla, que coger los trozos y limpiar. Yo a veces lo que hago es recoger las cacas de los perros de otros. Hace unos años, mi mujer y yo en un viaje llegamos a una playa de Camboya que en Google era maravillosa. Cuando llegamos, estaba llena de basura. Empezamos a coger del agua bolsas y botellas y tirarlas a la papelera. Y la gente lo empezó a hacer... Requiere coraje empezar, porque dices: «¿Qué va a pensar la gente?». Ahí juega el ego, piensas: «A ver qué piensa la gente de mí». Y a la gente le da igual... Hay un ejercicio que hacemos, que es el de las incomodidades voluntarias. A veces, bajo descalzo a la calle... (cuando hace un tiempo razonable, claro), y ni me miran.

—¿Por qué bajas descalzo?

—Sobre todo, para sentirme muy incómodo y para ver que nadie me mira.

—¿Somos muy poco estoicos los españoles o es solo un cliché?

—Yo creo que es un cliché. Uno tiende a ser más estoico cuando ha superado un cáncer o perdido a alguien, y ha hecho un trabajo para afrontarlo... Pero sí, quizá somos de la cultura del pelotazo, de «a ver si me toca la lotería y no trabajo más». Y se ha visto que muchos al cabo de un tiempo están peor de lo que estaban. Vivir sin hacer nada no es la solución. Decía Séneca: «Da igual dónde vayas, te vas a llevar contigo».