Maite, 21 años: «Mi familia y yo cambiamos nuestros hábitos para minimizar el impacto del cambio climático»

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MARCOS MÍGUEZ

La idea ya les rondaba, pero un documental de Netflix terminó por darles el impulso definitivo para llevarla a cabo. «Mi madre se levantó y dijo: ¿No podemos seguir así?», señala Maite, que explica cómo en su casa han cambiado algunas cosas

12 ene 2023 . Actualizado a las 09:53 h.

A veces tenemos ideas que nos rondan por la cabeza, y que no materializamos hasta que hay un detonante que nos impulsa a dar el paso. Esto es justo lo que les pasó a Maite y a su familia (sus padres y su hermana) hace un par de años. Ya no estaban muy convencidos con que la carne formara parte de su dieta, de hecho cada vez la consumían menos, pero a raíz de ver el documental Cowspiracy: The Sustainability Secret (Netflix) la decisión fue drástica. «Después de verlo, fue mi madre la que dijo que no podíamos seguir así, todos pensábamos lo mismo. Es horrible lo que pasan esos animales en esas granjas, es una barbaridad lo que suponen, así que dejamos de comer carne», indica esta joven universitaria de 21 años.

 Maite explica que el cambio en su dieta estuvo motivado «por el tema animal, por salud, porque lo que les dan a esos animales lo acabamos comiendo nosotros, y por el tema ecológico», ya que de algún modo con su decisión querían aportar su granito de arena a «minimizar el impacto del cambio climático». De hecho, a pesar de ser vegetarianos apenas consumen soja, sino que optan por la heura o el tofu, «por el impacto ambiental que suponen las plantaciones de este alimento». «Es un poco incongruente decir: ‘Soy vegetariano por el tema de los animales o por el impacto ambiental, pero luego comer soja'», apunta Maite.

A raíz de ver el documental y tener claro qué es lo que querían hacer, empezaron a informarse para buscar alternativas. «Al principio la idea era dejar de comer carne, pescado, huevos y leche, pero se nos hizo complicado. El pescado no es fácil de sustituir, y eso que el tema de la contaminación es el mismo. Buscamos sustituto, vimos que había unas pastillas que aportaban los mismos nutrientes, un producto que ya vendían listo, pero era carísimo, era insostenible. Al final, es como que tienes que decantarte por dejar de comer carne o pescado. Si quitas los dos, lo tienes que hacer muy bien, y yo no soy sola, somos la familia entera».

Confiesa que los primeros días, incluso semanas, no les resultó fácil organizar los menús. «Querías buscar algo sencillo —señala— y era todo supercomplicado. Pero poco a poco con la ayuda de internet, de conocidos que nos iban pasando recetas, nos fuimos buscando la vida». También aportó su granito de arena su nutricionista, Fátima Branco, que cuando le comunicó su decisión le adaptó las comidas sin problema, aunque le advirtió de que había ciertas cosas que no podía dejar de comer. Le hizo hincapié en el tema de los lácteos. En este aspecto no hay unanimidad en casa. «Al principio, no tomábamos leche, solo de soja, pero por lo que te comenté antes de la soja la dejamos de consumir. Ahora mis padres beben leche de vaca normal, y mi hermana de avellana. Yo no tomo leche, pero sí yogures de leche normal. Somos más rigurosos con el tema de la carne que de la leche», señala al mismo tiempo que recalca que aunque consumen leche «normal» procuran que sea de producciones pequeñas.

Los huevos no los desterraron de la dieta, pero casi. Dice que los consumen, aunque de manera muy esporádica. Como mucho una o dos veces al mes.

El compromiso con el medio ambiente también les ha llevado a realizar una serie de cambios a la hora de hacer la compra. «Incluso cuando comíamos carne ya había ciertas marcas que solíamos evitar por las implicaciones que suponían, y desde hace un tiempo procuramos comprar en las tiendas de barrio, comercio local próximo a nuestra casa. En el súper compramos lo básico, y nos hemos abierto a otros canales que producen a menor escala», explica Maite. Sobre si este cambio de mentalidad ha supuesto un incremento en el presupuesto, no tiene duda: «Si lo hace uno solo en casa, sería complicado, no imposible, pero es muchísimo más económico hacerlo una familia entera». Y se explica: «Por ejemplo, el tofu viene en paquetes grandes, para uno solo se estropea enseguida, es más fácil cuantos más sean». 

CUESTIÓN DE TIEMPO

Ahora ya todos a su alrededor están acostumbrados a su nueva manera de comer, pero al principio no era así. «Si ibas a comer a casa de un familiar, aunque tú llevaras tus hamburguesas veganas, te las hacían en la misma sartén que las del resto, pero ahora ya se han hecho a la idea, es más fácil», indica. Aunque creamos que cada vez hay más oferta gastronómica para las personas que dejan de ser carnívoras y que las cartas de los restaurantes crecen con opciones veganas, Maite señala que para ellos salir a comer fuera no siempre resulta una tarea sencilla. «O los menús son muy caros o se quedan reducidos a la tortilla, pero si eres vegetariano y no comes huevos, olvídate. Tampoco vamos mucho, y cuando vamos, son sitios en los que hay caldo, por ejemplo, pero no diría que sea fácil. Incluso en la universidad, el menú vegetariano solo consta de tortilla, todo tiene carne», apunta.

Dice que su manera de pensar no le ha obligado a dar muchas explicaciones entre su círculo de amigos, aunque sí que ha tenido que escuchar más de una vez eso de «¿pero cómo no echas de menos un chuletón?». «La gente piensa que a mí no me gustaba una chuleta o unos filetes cuando empecé a ser vegetariana... Claro que me gusta el sabor, pero no lo voy a comer. Es como si te gusta el chocolate y estás a dieta, no lo comes, pues algo parecido. Simplemente lo dejas de comer por las implicaciones que tiene».

Aunque es firme en su postura, y asegura que no volverá a comer carne en su vida, confiesa que alguna vez estuvo a punto de caer en la tentación. «Fue más al principio, ahora ya no, alguna vez que mi madre me mandó a hacer la compra con equis dinero. Yo pensaba: ‘Si cogiera esos filetes, sería más sencillo', pero mientras iba a por el tofu. Era más por la facilidad de no tener que pensar qué como hoy. Con un filete no habría más problema».

Otro de los mitos que Maite quiere desmontar es la creencia de que «los vegetarianos son personas delgadísimas, que comen supersaludable». «Por desgracia no es así. Sin ir más lejos hoy hicimos unas hamburguesas vegetarianas de alcachofas, ‘oh, son alcachofas, eso no engorda', pero las haces con harina y eso sí engorda. No es todo supersaludable ni dietético».

Maite asegura que en el futuro, si tuviera hijos, le gustaría alimentarlos de la misma manera que lo hace ella. «A lo mejor si son muy pequeños es complicado, pero hay mil casos de niños que han crecido bien alimentados sin comer carne», explica Maite, que dice que sin la motivación de su familia ella sola no habría podido dar este paso.