Propinicas

FERNANDA TABARÉS DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

YES

MABEL RODRÍGUEZ

01 ene 2023 . Actualizado a las 11:15 h.

«Son las clases de piano del hijo de Elena; es el regalo de cumpleaños con el que un año más Roberto ha vuelto a sorprender a Concha; son los estudios de Sofía para perfeccionar su inglés». El último capítulo de Ocurrencias Ayuso está dedicado al noble arte de la propina, ese aguinaldo que los potentados ingleses empezaron a soltarle a los criados a finales del siglo XIX para dejar claro en qué lugar de la escalera se encontraba cada uno.

El anuncio promovido por la Consejería de Hacienda madrileña, que por lo visto no comparte los reparos que muchos economistas le ponen a la yapa por su efecto sobre la inflación, atribuye a las propinas el poder de cumplir los «pequeños sueños» de quienes nos atienden cada día y que, al parecer, pasarían por la vida sin atender esos anhelos si no fuera por la graciosa y discrecional generosidad de quien mejora la factura de una consumición.

Poca bibliografía han debido consultar los responsables de este sorprendente momento propina porque en todas las referencias temporales y espaciales le asoman las costuras a esta dádiva que cuando se promueve de manera oficial implica reconocer que los salarios que perciben sus destinatarios son tirando a magros. Se conoce bien cómo utilizan los hosteleros norteamericanos las propinas para tener mano de obra barata —o gratis— en un pacto con el cliente que este cumple a rajatabla y que se inició cuando por primera vez los negros fueron aceptados como camareros en los bares americanos a cambio de percibir solo lo que el cliente considerara, lo que dejaba a salvo la exigencia de sumisión de quienes hasta hacía poco habían sido esclavos.

La campaña de Ayuso atufa a clasismo y a rancio al aceptar que el regalo de Concha o las clases de inglés de Sofía dependen del humor y la magnificencia de unos ciudadanos sobre otros, en un reparto de roles sociales que creíamos superado. Ese sonido de campanas de los bares que reclama la autoridad madrileña es la melodía de un fracaso. Atentas, porque la siguiente ocurrencia puede ser hacer campaña a favor de la beneficencia para que Concha pueda reponerse de un cólico y Sofía operarse el píloro. Qué guay.