José Cambre: «Fumaba un paquete y medio al día, lo dejé, y he corrido los 6 grandes maratones del mundo»

YES

-

Este gallego lleva a sus espaldas 32 maratones. Empezó a lo tonto en el 2006 y poco a poco fue sumando kilómetros hasta completar los más de 42 que tienen estas carreras. «Es una lucha entre la cabeza y el cuerpo», apunta

02 ene 2023 . Actualizado a las 12:13 h.

Hablar con José Antonio Cambre es un chute de energía. Acaba de cumplir los 64, pero nadie lo diría porque ni por su físico ni por su espíritu lo aparenta. Claro que su secreto tiene una gran dosis de sacrificio que no muchos estarían dispuestos a asumir. Sin embargo, él todo lo difícil lo convierte en fácil. Tiene ahora sobre sus piernas el mérito de haber corrido 32 maratones, entre ellos los seis grandes que hay en el mundo: Berlín (que hizo cuatro veces), Londres, Chicago, Nueva York, Boston, y el último, el de Tokio, al que se enfrentó en el 2019. Pero Jose (que es como lo llaman habitualmente) de lo que más orgulloso se siente no es de haberlos corrido, sino de haberlos finalizado. Ese es su gran éxito. «En un maratón siempre te pueden pasar cosas, pero yo los he sacado todos adelante diciéndome a mí mismo: ‘Yo llego, yo llego’», señala.

Esa voluntad de campeón la lleva Jose muy adentro, y eso que él no es un deportista de élite ni corre acompañado de un entrenador ni tampoco se ha dedicado a esto toda la vida. Nada que ver. «Yo hice deporte de chaval, lo típico de jugar al fútbol, pero fue en el 2006 cuando me dio por correr», revela. El motivo lo centra en un sobrepeso (entonces alcanzó los 93 kilos) porque llegó a una edad, los 48, en que todo era «trabajar, comer y beber». «Empecé en los maratones muy tarde, yo fumaba un paquete y medio de Coronas al día, tomaba cervezas, pero llegó un momento en que dije: ‘Esto tiene que cambiar’».

En aquella época Jose, que vive en A Coruña, empezó a correr tres días a la semana, pero su físico era el que era, por muchas ganas que le pusiera. «Yo aparcaba el coche en el Millennium e iba como podía hasta la fuente de los Surfistas, ida y vuelta, pero de regreso no podía con mi alma, tenía que coger el coche para llegar a mi casa, estaba hecho polvo», resume para explicar lo que suponía en esos momentos una distancia de unos 3 kilómetros. Y así poco a poco fue añadiendo más y más: 5 kilómetros, 7 kilómetros, 10 kilómetros... Ahora, en cada maratón, hace 42 kilómetros y 145 metros, que es lo fijado en estas carreras. Para llegar ahí, Jose asegura que ha trabajado «la fuerza de voluntad». «Si yo lo he hecho, lo puede hacer cualquiera —apunta—, es cuestión de actitud, porque yo no soy Supermán. Cualquier persona que se lo proponga puede, pero lo importante es marcarse unos objetivos cortos, e ir poquito a poco avanzando, si no, te frustras y no sigues».

Él pone su ruta como ejemplo: «Al principio llegaba hasta la fuente de los Surfistas, luego iba hasta As Lagoas, al día siguiente hasta la Torre, una semana después hasta el dique, luego hasta La Solana, y así, paso a paso, fui haciendo progresos». Cuando ya se había lanzado a correr en este plan y tenía interiorizado cierto hábito, una persona le preguntó por qué no se animaba a hacer un maratón, y así, sin más, Jose y un amigo se lanzaron. «Nos liamos la manta a la cabeza y nos fuimos al maratón de Tui; fue el primero, en el 2006, recuerdo que había un temporal infernal...», hace memoria.

UN CORREDOR ATÍPICO

Desde entonces, y quitado el maldito año de la pandemia, él ha corrido una media de dos o tres maratones al año, aunque a su modo de ver lo ideal son dos. «Porque requiere un esfuerzo y un entrenamiento que yo no siempre puedo llevar a cabo», explica. Él es un corredor atípico: «Durante el año solo corro los festivos, los sábados y los domingos. Pero eso no es lo normal. Si tengo maratón, entonces dos meses antes me disciplino y salgo 4 o 5 días a la semana, puedo hacer 90 o 100 kilómetros cada semana».

¿Y cómo es la preparación psicológica? «Tienes que tener una cabeza muy bien amueblada, porque a partir del kilómetro 30 llega lo que nosotros conocemos como el muro, ahí se debate una lucha entre el cuerpo y la cabeza. Si te vence la cabeza, te rindes; todos en ese momento las pasamos canutas. Es tu cabeza la que tiene que vencer a tu cuerpo», asegura Jose, que no tiene reparos en desvelar su estrategia. «Solo tengo que pensar en finalizar, me pongo música en los cascos y así tiro bien. Hasta el kilómetro 25 voy, no te diría cómodo, pero voy. Y a partir de ahí tienes que estimularte de alguna manera: yo pienso en que tengo que llegar, me concentro en la meta. Todo se resume en amor propio y en el espíritu de conseguirlo». Entre su música destaca Europe y ahora también pone a las Tanxugueiras, «tiene que ser algo que suene con mucha marcha, que te ponga arriba», dice, aunque no niega que en alguna ocasión ha tenido que parar en medio de la carrera y apretarse los puños para llegar a la meta.

Ese retarse a sí mismo le ha beneficiado de muchas maneras, pero Jose Cambre, que es director comercial del área norte de Schweppes en España y tiene a casi cien personas trabajando con él, sabe que una de ellas es que le ha influido en su trabajo. «Sin correr los maratones, yo no podría afrontar lo que hago. Esto te da un bienestar físico y mental que te hace estar mucho más joven y trabajar y competir como una persona más joven. Si no corriera, tendría que jubilarme mañana mismo». «El reto del maratón lo traslado a mi trabajo, a conseguir la meta por muy difícil que sea», concluye. El maratón le ha hecho ver la vida de manera distinta y le ha aportado una mentalidad totalmente ganadora: «No me cuestiono el perder. Siempre hay algo que te va a hacer triunfar».

«MI HIJO SE QUERÍA RENDIR»

Pero si tiene que destacar en su larguísimo ránking un maratón, se queda con el de A Coruña del 2019, porque lo hizo con sus dos hijos, Rubén e Iván: «El mayor nunca había corrido un maratón y lo animé, pero cuando llegó a la altura de Oza, en el kilómetro 39, le fallaron las piernas y se quería rendir. En ese momento fui capaz de animarlo, tiré de él, lo covencí de que podía y al final llegamos los tres a María Pita. Yo sabía, por mi experiencia, que era posible, que podía seguir, y se lo demostré».

Con todo, Jose no le pone un pero a ese sacrificio y sabe que hay veces en que sientes que no puedes más: «Este año hice tres maratones, algo excepcional: Praga, Sevilla y Valencia. Y en Praga lo pasé francamente mal, había una temperatura horrible, corres sobre adoquines, y, sinceramente, pensé que no llegaba. Me dio un punto en el medio de la carrera, y creí que me iba a morir en el camino, pero llegué», cuenta con una satisfacción que a mí ya me suena a angustia.

Ahora Jose pesa 82 kilos, y dice que no es el clásico maratoniano obsesionado con el peso y con correr: yo me divierto, no me privo, tomo cervezas... El maratón me ayuda a poder comer y beber lo que yo quiero, si no, no podría estar como estoy, pesaría 95 kilos». Él asegura que en una carrera de ese tipo puede llegar a perder 3 kilos, «pero es prácticamente líquido». « Con lo cual, te tomas cuatro cervezas y ya lo recuperas», indica. Eso sí, en las semanas del maratón, los lunes, martes y miércoles se alimenta de carnes rojas. Y el jueves, viernes y sábado, toma pasta y arroces. Y siempre frutos secos. «El día que corro desayuno normal: kiwis, plátano..., porque no debes cambiar mucho las costumbres. Si no se te vuelve en contra durante la carrera», añade.

Jose le recomienda a todo el mundo que se aficione, porque a él le ha reportado beneficios, tanto físicos como profesionales: «Si ves fotos mías de hace años y las comparas con las de ahora, dices: ‘Es otro’. Y eso que ahora estoy calvo...», se ríe. Pero, claro, a mí me da fatiga solo pensar en ponerme a ello, por eso Jose me insiste: «Todo el mundo siente eso al principio, te late el corazón a mil, crees que se te va a salir del sitio, y sientes que corres mal. Todos pasamos por eso, de ahí que haya que ir poco a poco, pero al final es un hábito que se transforma en placer». «Eso sí, —aconseja— hay que comprarse unas buenas zapatillas que amortiguen las articulaciones para que no sufran».

Él ahora tiene su marca personal en las 3 horas y 25 minutos —«todo lo que esté por debajo de las tres horas y media me da satisfracción», dice—, aunque su récord está en 3.19, por eso podrá inscribirse directamente en su siguiente maraton, que será Berlín. «Corro prácticamente a 4.40 el kilómetro, así que accedo sin tener que ir a un sorteo», me explica porque son muchos los que quieren apuntarse». Me lo dice feliz. Pero si por algo Jose valora los maratones es, sobre todo, porque no compites con nadie, solo contra ti mismo. Y eso él —si han llegado hasta esta meta—, ya ven que lo tiene ganado.