La profesora gallega que recibió el premio Profesor del Año en EE.UU: «No uso libro ni fichas. Tampoco pongo deberes ni hago exámenes»

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JOSE PARDO

Eugenia Fernández, que tiene devoción por segundo de primaria, estuvo durante dos cursos dando clase en Portland, en el estado de Maine

20 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Dice que no es la profe favorita, pero después de escucharla cuesta un poco creérselo. Su manera de enseñar, de promover otros recursos didácticos lejos del libro y las fichas, la gran pasión que siente por sus alumnos y el entusiasmo que le pone a las clases le han valido a Eugenia Fernández (Lugo, 1970) el premio al Profesor del Año que otorga la Embajada de España en Estados Unidos. Esta gallega estuvo dando clase en un colegio de Portland, en el estado de Maine, entre el 2019 y el 2021 —en el 2015 ya había estado otros dos cursos en Utah— con un programa del Ministerio de Educación para profesores visitantes, un proyecto de inmersión lingüística en colegios americanos desde infantil hasta primaria. «Aprendimos español, pero si los oyes hablar en gallego... Era muy gracioso oírlos decir, con acento americano, «peliqueiros», «cigarróns»... Con motivo del entroido hicimos una pequeña Galicia, yo siempre transmito la cultura gallega allá donde voy», confiesa esta docente con plaza en el CEIP Couceiro Freijomil de Pontedeume, que no oculta su pasión por el segundo curso de primaria.

—Ser el profesor del año en Estados Unidos no es cualquier cosa...

—No, con lo grande que es, que es un bicho de país, que me lo hayan dado a mí es una alegría inmensa. Sobre todo el reconocimiento al trabajo, que me ha costado bastante elaborarlo, me llevó muchos meses organizarlo, luego llevarlo a cabo con los niños fue rodado.

 —¿Parten de cero en el idioma o tienen alguna base?

—Algo saben, porque allí el colegio empieza con 5 años, en el último curso de infantil. Yo escogí segundo de primaria, que es un curso que me gusta mucho, y ya venían con dos años previos de español con el mismo sistema.

 —¿Qué tiene segundo?

—Que se puede interactuar muchísimo con los niños, porque ya empiezan a ser un poquito autónomos y te da juego para trabajar con ellos, pero a la vez aún te reclaman y demandan mucha atención, y hay que estar muy pendientes de todos los movimientos que hacen. Sigues siendo un referente para ellos, y eso es un arma de doble filo, porque te tienen como una persona a seguir, un ejemplo, y no puedes hacerlo mal.

 —Después se hacen mayores...

—Son más independientes, cada vez te necesitan menos, y a mí me gusta estar muy pendiente de ellos, darles el cariño y la atención que demandan. No es solo enseñar las materias, sino algo tan personal como el trato diario, el día a día. Yo me pasaba ocho horas con ellos, aquí son menos, y el roce hace el cariño, que acaba siendo enorme, y yo, encantada.

 —¿Es muy diferente el programa de España al de Estados Unidos?

—Las materias son básicamente las mismas, aunque en este caso la única lengua que hablan es el español, lo que pueden tener es un nivel más bajito. Por ejemplo, en segundo, en Matemáticas, aquí ya se empieza a multiplicar, y allí no lo dan hasta tercero. Donde sí hay mucha diferencia es con la exposición oral, allí desde pequeñitos la trabajan mucho, tienen más labia, y aquí no se trabaja nada, porque todo es «me da vergüenza».

 —¿Qué es lo que más les cuesta?

—El género de las palabras les resulta muy complicado. Ellos solo tienen «the» o «a», y nosotros tenemos el, la, lo, los, las... Acaban diciendo «los plantas» y «las coches». Pero se defienden perfectamente, porque no se les explica con un libro de texto, no hay libros en ninguna asignatura, quizás en alguna, depende del programa que siga el colegio.

—¿Es más avanzado en ese sentido?

—No es más ni menos avanzado, es totalmente diferente. Yo solo tenía un libro para matemáticas, en el resto coges el temario, miras todo lo que hay que dar, los objetivos, y con eso te creas tus propios materiales y tus clases. Aquí tienes el libro, que tienes que ir rellenando, «página 34», y esas cosas allá no las hay.

 —¿Tú eres partidaria de los libros, sí o no?

—De libros no. Te encasilla mucho, y a mí la manera en que me gusta trabajar y con la que veo que los niños están más involucrados, más motivados, es con los proyectos que voy preparando para cada asignatura. El libro es un arma de doble filo, puedes seguirlo, pero llega el final del trimestre, se los llevan para casa y si los padres ven que no están acabados, pueden pensar: «¿Y para qué los compro?», sobre todo al precio que están ahora mismo. Si tienes libros, los tienes que hacer. Pero te ciñen mucho, no tienes libertad para moverte, para crear, porque, a veces, de un tema sale otro...

 —¿Es más trabajo para los profes?

—Mucho más, pero es muy satisfactorio. Si llegas de nuevas, y te dicen que tienes que dar todo el currículo de Ciencias Naturales de segundo, pues hay que crear todo el material, porque no tienes nada. Un día pueden ser fotocopias, otro día vídeos, salidas… Tienes que buscarte la vida para que no sea tampoco monótono, si no sería como estar siempre con el libro.

—El premio es un reconocimiento a una manera de enseñar. Pone en valor cómo has utilizado la cocina como recurso didáctico.

—Yo sabía que tenía que enseñar ciertos temas: escritura, sumas, restas, geografía americana, salud e higiene personal... A todos los niños les encanta estar en la cocina con papá y mamá, y se me ocurrió que fueran ellos los cocineros, que hicieran las recetas de todos los estados (así trabajábamos la geografía), hicimos un libro de recetas (escritura), creamos un supermercado en el aula (las cuentas, el dinero, que también estaba dentro del temario)...

 —¿Se aprende más cuando uno no se da cuenta de que está aprendiendo?

—Mucho más, eran clases muy dinámicas, muy activas, completamente diferentes que si les digo: «Abre el libro en la página 29 y cubre el ejercicio».

 —Y todo eso que hacías allí ¿es imposible hacerlo en España?

—Imposible no es, pero hay que planificarse bien. Ahora estoy de especialista de inglés, y voy haciendo proyectos pequeñitos con cada grupo, tengo un montón, es diferente a ser tutora. Yo ahora no lo soy, y echo mucho de menos tener un grupito de principio a fin conmigo, me estoy planteando cambiarlo para poder trabajar de la manera que a mí me gusta, y con la que los niños adquieren muchísimo conocimiento.

 —¿Qué es más fácil: enseñar allí español o aquí inglés?

—Aquí tienen muy interiorizado sentarse y coger una ficha o un libro, y cuesta ese cambio de mentalidad. Yo no tengo ya libros en clase, no me apetece, pero me pasó alguna vez de trabajar con los niños el tema que tocara, y que me dijeran: «Profe, ¿cuándo nos das las fichas?». Y la clase ya había acabado. Puedo estar cantando, haciendo teatro, yoga… mil cosas en esa hora, pero como no hubo ficha, y no estaba sentado delante de la hoja cubriéndola, no le parecía clase, y estaba interiorizando un montón todo lo que estaba aprendiendo. Podía estar utilizando cómics, pantalla digital... cosas que no son fichas normales, y, en cambio, están asimilando, y me contestan en el idioma que yo les hablo.

 —¿A los padres o a otros profes les molesta que no uses libros?

—No, porque los niños vienen contentos a la escuela, ven que no les cuesta, entienden que yo trabajo de esta manera, y me han felicitado muchos. La verdad, son muy atentos conmigo, nunca se han metido en mi tarea ni en lo que hago, y respecto a los compañeros, cada uno tenemos nuestro sistema, y nadie me dijo nunca nada. Todos aprendemos de todos sin que haya rencillas.

 —¿Eres la profe favorita?

—Yo de favorita no tengo nada. Yo disfruto mucho de las clases y con los niños, y eso yo creo que se nota. Llevo veintipico años dando clases, y cada día aprendo algo nuevo, cada día me gusta más. Esto lo transmites, más allá de las palabras, con los gestos, movimientos y miradas, y los niños lo notan, ven que la profe está bien, y se pega. Hay muy buen ambiente de estudio, de trabajo...

 —¿Haces exámenes?

—¿De papel? No. Para mí todos los días son exámenes. Me paso la hora que estoy con ellos evaluando. Cuando acaba cada clase, yo analizo lo que ha pasado. El examen es tanto para mí como para ellos. ¿Cómo ha salido esto? A este niño le ha costado. Esto no lo ha entendido. O este no ha querido trabajar, que también los hay. Y hay que ver por qué, y ahí ya haces una evaluación.

 —¿Se ponen muchos deberes hoy en día?

—Bueno, hay deberes, sí, y a veces son poco necesarios para unos, y para otros no tanto. Va en función de cada persona, y de cada maestro. Deberes hay... Yo no pongo.

 —Dan ganas de ir a tu clase, no hay exámenes, deberes, y se aprende igual o más.

—Ojalá, yo espero que sí. Las tareas que puedo poner para casa no son de «lleva la libreta y copia cuatro ejercicios», a lo mejor es que se graben leyéndole un cuento a mamá, por ejemplo, cosas más reales. No se ponen nerviosos, ni les tiemblan las piernas cuando oyen la palabra deberes.

—Hoy hemos pasado a hacer los deberes en familia.

—Sí, es verdad. Yo ahora estoy desvinculada del sistema de aquí, pero veo que no ha cambiado tanto desde que me fui, pero, sí, ahora se trabaja más con los papás en casa, y los papás ya llevan una carga importante que a mi modo de ver debería de relajarse. Habría que liberarlos un poco, que ellos ya tienen mucha tarea solo como padres.

 —¿Tienes pensado regresar a EE.UU.?

—No, lo sé, no lo descarto. Lo echo mucho de menos, pero también se trabaja mucho, como mínimo 8-10 horas no te las quita nadie. Es verdad que ahora podría ir a un sitio que nos pudiera apetecer, por ejemplo, California, seguro que les gusta que vaya una profe que fue nombrada profe del año... Es una buena carta de presentación.