Esas muchachas que nos permiten vivir

YES

10 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Podría elaborarse un mapa sociológico de una sutileza finísima si analizáramos las relaciones que las personas mantienen con las empleadas de su hogar. Ahora que el Gobierno ha decidido que estas obreras domésticas sean consideradas trabajadoras con los derechos que el resto tienen desde la revolución industrial, ha llegado el momento de ponernos ante el espejo y pensar en lo que estas mujeres han aportado al mundo y cuál ha sido el trato que se les ha dispensado. El trato lingüístico, el emocional, el laboral, el moral, el trato legal, el real y hasta el trato textil.

En el año 2004 Sergio Arau dirigió una película menor titulada Un día sin mexicanos que partía de una premisa audaz: el día amanece en California sobresaltado por la misteriosa desaparición de todos los mexicanos que residen en el Estado, una tupida y descuidada red que engrasa la economía y la vida de uno de los territorios más prósperos del planeta. Esa evaporación le concede a los ausentes su verdadera envergadura, la dimensión de las pequeñas cosas en las que no reparamos hasta que no están. Ese carácter tienen también los millones de mujeres que en las últimas décadas han permitido a otras mujeres vivir mejor o simplemente vivir. Señoras que atienden nuestras casas y a nuestros hijos, que despliegan un soporte doméstico imprescindible para seguir adelante y que han aportado tanto al movimiento feminista y a la emancipación. Hoy solo hay que abrir los ojos y observar cómo algunas de esas mujeres, aterrizadas en nuestras vidas desde economías más desamparadas, pasean con nuestros viejos con una atención que sus biológicos les hurtan; cómo educan a nuestros niños con una dedicación para la que sus jefas tienen poco tiempo; cómo ordenan nuestros armarios y planchan nuestras camisas; cómo nos cocinan y ponen orden existencial en nuestras casas.

Se intuye la presencia de todo un tratado en las relaciones que las empleadas de hogar mantienen con sus empleadores. Hoy asistentas, antes chachas, criadas, mucamas, sirvientas, tatas y muchachas. Hoy palabras más leves que quizás solo amortiguan la conciencia y ocultan injusticias como haberles negado lo que todos los demás tenían.