Berta, madre lactante: «La gente me pregunta: '¿Es que les vas a dar el pecho hasta la universidad?'»

ALEJANDRA CEBALLOS LÓPEZ / M. V.

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RAMON LEIRO

Pasó cuatro procesos de reproducción asistida y dos abortos antes de ver nacer a su primer hijo, que hoy tiene 3 años. «Esta lactancia acabará cuando los tres estemos preparados», asegura

21 ago 2022 . Actualizado a las 19:16 h.

Berta Cortez-Lobao (1988, Santiago) sabía que quería ser madre, pero la vida no se lo puso fácil. En el 2018, cuando tenía 28 años, fue diagnosticada con ooforitis autoinmune (inflamación de los ovarios, que puede causar una menopausia precoz) y baja reserva ovárica. Según los médicos, sería casi imposible que lograra un embarazo de forma natural. Sin embargo, decidió no rendirse y hoy compagina la vida laboral con la lactancia en tándem de sus hijos de 36 y 7 meses. Es decir, los alimenta a los dos al mismo tiempo.

 Berta quería disfrutar primero de su juventud y luego ser madre. Sin embargo, a los 28, y con su diagnóstico médico, tuvo que adelantar los planes. Pasó por cuatro procesos fallidos de reproducción asistida y dos abortos. Finalmente, en noviembre del 2018 se quedó embarazada y dio a luz de forma natural.

Hoy disfruta la lactancia como un momento único de conexión con sus dos hijos. «Es muy bonito. Una mirada o que me acaricien mientras los alimento de mi propio cuerpo lo es todo para mí. Es una conexión increíble», reflexiona. En su blog y cuenta de Instagram (@sincerely.be) habla sobre su proceso y teje redes con otras mujeres que han pasado por situaciones similares o que, al igual que ella, tienen bebés en casa.

«Para mí el grupo es fundamental porque en la maternidad, aunque estás rodeada de mucha gente, a veces te sientes sola. Atraviesas emociones que crees inadecuadas y te sientes culpable. También sientes que no llegas a todo y te frustras. Pero aquí te das cuenta de que es normal», relata.

El pasado 3 de agosto, de hecho, con el grupo Vila Láctea de Pontevedra participó en la primera tetada por la nada. Fue con sus hijos y con otras madres que han decidido visibilizar la importancia de la lactancia, porque las críticas nunca se hacen esperar. «Te miran y sabes que piensan: ‘¡Dios mío, que está con las tetas fuera!’», relata. En su caso, con un niño de 3 años es peor. «Me preguntan: ‘¿Es que les vas a dar pecho hasta la universidad?’. Yo sé que no. Que esto, como todo, es una etapa, así que estoy tratando de disfrutarla al máximo posible. Ya luego vendrá otro momento», argumenta.

 Mucha desinformación

Tiago, su primer hijo, tiene 3 años y, contra todos los pronósticos, nació de forma natural después de un embarazo sin complicaciones. Es un bebé milagro. Sin embargo, la condición hormonal de Berta le hacía pensar que no podría amamantarlo, pero el instinto la impulsó a darle pecho al recién nacido, y desde entonces ha sido un proceso orgánico. Como espera que sea el destete.

«Yo tengo claro que esta lactancia acabará cuando los tres estemos preparados», sostiene de manera firme cuando cercanos y ajenos opinan sobre su papel de madre. «Es el mejor alimento que les puedes dar, además, mi ginecóloga me ha dicho que amamantar a los niños me ha ayudado mucho con mi enfermedad autoinmune», argumenta.

De hecho, pediatras, ginecólogos, la OMS y asesoras de lactancia recomiendan amamantar más allá de los 2 años —de manera exclusiva solo hasta los seis meses—, y que el destete se haga de una manera orgánica, cuando la madre y el niño estén preparados para que ocurra.

Y así quiere Berta que suceda con sus hijos. «Yo tenía miedo de cómo iba a reaccionar Tiago por el hecho de tener que compartir su fuente de alimento con Nico, pero fue muy natural. En el momento en que lo vio mamando me pidió pecho y ahora los alimentando a los dos en tándem. No ha habido ningún tipo de problema», cuenta.

Aunque también ha necesitado asesoría y tozudez para lactar. Algunas mujeres creen que es un proceso doloroso, otras que el tamaño de los pechos influye y otras que deben tener alguna alimentación especial.

«Hay muchos mitos alrededor de la lactancia y mucho desconocimiento. En mi caso con Tiago fue doloroso algunas veces, y solo después de tres años nos confirmaron que él tenía un frenillo de tipo uno (que dificulta la movilidad en la lengua). Pero muchos profesionales no están informados al respecto y fue mi asesora de lactancia quien me lo dijo», explica.

A ambos niños les practicaron una frenulectomia. Y ahora viven la lactancia sin complicaciones. Por eso, además del grupo con otras madres, recomienda contar con el apoyo de profesionales. «Que cada mujer decida si amamantar o no, pero que lo haga de una manera informada», afirma, recalcando, además, la importancia de no dejarse llevar por experiencias u opiniones de terceros.

 Compaginar la vida

Desde el 2018 trabaja de manera independiente en la creación y diseño de páginas web, y estar desde casa le ha permitido continuar con la lactancia sin tener que renunciar a nada. «Sí que me tomé la baja legal, pero no siento que me haya privado de nada. Además, la maternidad me ha enseñado a hacer las cosas en la mitad del tiempo. Voy aprovechando las noches, las siestas o cuando los niños juegan. El horario lo muevo en función de ellos. Pero también me he vuelto más selectiva con los proyectos que acepto. Todo se alinea a mi faceta como mamá.», relata.

De hecho, este proceso le ha servido para conocerse mejor, para reconciliarse con su cuerpo —que llegó a odiar ante la posibilidad de ser infértil— y saber que puede hacer lo que ella le pida.

Sus luchas, también se han movido en el plano personal. Escribió un cuento sobre el proceso de infertilidad: El laboratorio mágico, donde describe como una montaña rusa de emociones todo lo que ha atravesado. Hoy, además, participa en grupos, actividades y talleres en torno a dar pecho. «A través de la red de apoyo buscamos visibilizar la lactancia. Es un tabú porque se ven los pechos como algo sexual, pero es el alimento de nuestros hijos, no algo obsceno. No entiendo por qué nos tenemos que esconder», concluye.