Micaela, 33 años: «Mis tres hijos nacieron en tres hospitales distintos, con la cuarta repito»

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Micaela, con sus hijos Jost, Ciro y Jerónimo
Micaela, con sus hijos Jost, Ciro y Jerónimo MARCOS MÍGUEZ

Micaela, gerente del Catastro de Pontevedra y jugadora de rugbi, es un caso insólito en la realidad demográfica gallega. Su cuarto hijo, su primera niña, está a punto de nacer en A Coruña. Con ella iniciamos un recorrido por algunas de las maternidades públicas más valoradas de Galicia

03 oct 2021 . Actualizado a las 22:24 h.

Tiene 33 años, ha tenido tres hijos en tres años y dará a luz a la cuarta (su primera niña) a finales de octubre, según lo previsto, en el materno-infantil de A Coruña. Micaela Martínez, gerente del Catastro Territorial de Pontevedra, es una madre en la élite deportiva que pelea un partidazo en casa. Jugadora de rugbi en el CRAT, que ha debido aparcar los entrenamientos por el embarazo, esta gallega de adopción (nacida en Santander) debutó en una Liga tras dar a luz a su tercer niño. Al principio, lo vio sencillo, pero «no es fácil compaginar la entrega que supone este deporte con la crianza de una familia numerosa», admite tras prueba del algodón de la práctica, dura maestra. «Yo puedo permitirme dejar a mis hijos con alguien para jugar. Con niños, o te ayuda alguien de casa o pagas... siempre que puedas. Aun teniendo ayuda en casa, si trabajas y entrenas no es fácil -explica-. Cuando tuve el tercer niño, al principio era muy optimista, en plan ‘si quieres puedes’. Luego es más complicado. Pero para mí era importante mantener la identidad como persona, irme a entrenar dos días por semana y hacer un placaje sin pensar si el niño llora qué le pasa o si la caca está más verde o menos...», se moja con naturalidad.

Con tres hijos, Micaela ganó una Liga con el CRAT. En la primera temporada se llevó a su bebé a los viajes, y en la segunda ya podía dejarlo en casa con su marido. Un pilar para ella, dice, es la voluntad de su familia por que siga jugando. «Pero yo no soy la misma jugadora. Voy a cumplir 33 años, soy joven, pero para competir es difícil. Mis compañeras duermen, yo no. Mi juego es más inteligente, pero menos físico», concreta sobre los efectos colaterales de la maternidad. Pero las ganas siempre son un combustible. Ella se acostumbró a delegar el cuidado una parte del tiempo y a la vez a sentirse un poco en todas partes, pero no ha dejado de ver el deporte como «una cultura» que está bien tener en casa, que favorece a sus hijos. «Esa regulación de hormonas y esa gestión psicológica que da el deporte desaparece si lo dejas. Estás peor sin él», afirma quien comprende la reinvidicación de Ona Carbonell en las pasadas Olimpiadas de Tokio, cuando lamentó que el Comité Olímpico Internacional (COI) no le hubiera permitido viajar junto a su hijo Kai, para amamantarlo.

El plan para el partido de su vida fue saliendo con un punto claro de partida, el deseo que Micaela compartía con su marido, militar, ahora de misión en el Líbano: tener dos hijos, darse un descanso y luego tener otros dos. Pero no hubo intermedio, y nacieron, en tres hospitales distintos, sus rubios soles, Jost (2015), Ciro (2017) y Jerónimo (2018). La cuarta todavía no tiene nombre, confiesa Micaela. «Siempre lo decidimos al final o una vez que ya han nacido...», sonríe con aire infantil.