Beth: «He recuperado canciones que mi expareja me decía que no valían»

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CEDIDAS

Fue y será siempre la chica de las rastas de «OT». Se muestra muy orgullosa de ello, pero ni de lejos quiere volver allí. Desde la calma actual acaba de editar «Origen», un disco de pop trilingüe que sirve para reafirmarse en la madurez total

04 jun 2021 . Actualizado a las 11:16 h.

No hay problema alguno en hablar con Elisabeth Rodergas de Operación Triunfo. «Sería muy hipócrita si dijera que no me ha beneficiado. Acabo de sacar un disco y me atienden un montón de medios que, a lo mejor, si yo no hubiera estado en el festival, no se acordarían de mí. Me gustaría pensar que sí, pero es poco probable», admite. El disco al que se refiere se titula Origen, un álbum de pop amable con el que ajusta cuentas consigo misma dándole una oportunidad a piezas que estaban guardadas en un cajón desde hace mucho tiempo.  

—Tuviste un gran foco mediático con tu participación en Eurovisión y «OT». ¿Se está más relajada así?

—Totalmente. Mis inicios no fueron los habituales en la música. OT fue un fenómeno social. Estuvo muy bien, pero ahí ya vi claro que quería llevar una vida tranquila en el futuro. Si mantenía ese nivel de trabajo y de popularidad iba a ir atado a hacer una música muy comercial. Eso hubiera supuesto unas cosas que no quería. La consecuencia principal era no llevar la vida que llevo desde hace años, que es la que me hace feliz y la que me hace escribir canciones que estén de acuerdo con ello.

 —¿Había necesidad de bajar revoluciones para tener una familia?

—Sí, la verdad es que profesionalmente nunca he sido muy ambiciosa. De hecho, peco de serlo poco. A mi alrededor siempre me aconsejaban hacer cosas distintas. Pero a mí me pesa más la parte personal cuando tomo decisiones. Cuando estés a punto de morir no te acordarás de los Grammy que has ganado, sino de las personas que has querido. No es que no me gustaría ganar un Grammy, que me encantaría, pero mi misión en la vida no es esa.

 —Rescatas canciones muy antiguas y dices que te hicieron creer que no eran lo suficientemente buenas. ¿Este es un disco de reafirmación, en ese sentido?

—Totalmente. Esta creencia me vino de fuera, pero yo fui quien la permití y la acepté. Dije: «Ah, quizá es verdad, quizá no molan». Y las aparté. Luego saqué los discos en catalán, pero esas canciones me iban persiguiendo. Si hay una vocecita que te va diciendo algo, tú no la atiendes y al cabo de un año desaparece, pues bueno. Pero en mi caso no desaparecía y era siempre: «¡Tienes que grabarlas! ¡Tienes que grabarlas!». Al final les hice caso y estoy muy liberada. 

—¿Esto ocurrió al principio, en la época de «Operación Triunfo»?

—No, fue un poco más tarde. La canción que abre el disco, Love The Music es la más antigua, del 2005. Hacía solo dos años que había salido del programa. Me había ido a vivir a Inglaterra y la escribí allí. Las demás, que son ya en castellano y hablan de una época personal un poco más turbia, son posteriores. Eran las primeras canciones que yo escribía como autora. Como cantante siempre he tenido seguridad, pero como compositora siempre era más insegura. Faltó que alguien dijera que no valían como para que yo decidiera enterrarlas. Ahora estoy reconciliándome con ellas. Me siento fatal por haberlas abandonado tanto tiempo. Creo que no me va a volver a pasar. 

—¿Quién te dijo que no valían?

—Mi pareja de ese momento. Algunas de las canciones que he recuperado en este disco eran las que mi expareja me decía que no valían hace unos años. 

—¿Qué ocurrió?

—No voy a hacer mucho salseo con esto, pero fue así. A veces nos metemos en relaciones que anulan algunas partes de nuestra personalidad. A mí esta relación en concreto me anuló bastante como artista. He necesitado mucho tiempo para verlo con perspectiva y comprobar que él estaba totalmente equivocado. Luego, también está el hecho de mimar esas canciones, porque entiendo lo que esa persona me quería decir, pero es que estas canciones son lo que son. No hay que pretender que sean otra cosa. Como ahí hay verdad eso las hace bonitas y buenas.

—¿Lo puedes explicar?

—Sí, yo me comparo con artistas que escriben y hacen obras de arte, como Jorge Drexler, Serrat o Sabina pues nunca sacaría un disco en mi vida. Pero siempre te puedes comparar con gente que lo hace peor que tú [risas]. Todo depende de cómo se mire. Ahora flipo porque estoy recibiendo mensajes, stories y tal de gente que le encantan y que me dice que son sus favoritas. Eso es maravilloso. A veces, uno mismo es su mayor enemigo.

—En todo caso, a ti te tocó la primera época de «OT», en donde daba la sensación de que los artistas se modelaban de un modo muy rígido. ¿Te pasó?

—Una de las cosas que me gustan de OT ahora es que ha evolucionado y parece que se respeta más la identidad de cada artista. No todos tienen que hacer el mismo estilo musical. Entonces era otro momento, la sociedad no estaba tan acostumbrada a tanta diversidad y sí que me encontré de frente con una industria que era más hostil y dictatorial. Te decía que o hacías las cosas de una manera o no sonabas en la radio. Ahora hay muchos más matices.

—¿Había que hacer entonces sonido latino comercial sí o sí?

—Sí, pero imagínate yo con mis 21 añitos, las rastras y eso. Todo aquello no tenía nada que ver conmigo. En cuanto pude, salí de allí.

—Se ve claramente en su actuación de Eurovisión cantando «Dime». No te pegaba en absoluto.

—Sí, aquello fue algo que me encontré y una maravillosa experiencia. Pero estaba claro que no era mi cosa.

—Pues seguramente la mayoría de los lectores al verte dirá: «Anda, la chica de Eurovisión, ¿qué está haciendo ahora»?

—Claro, lo normal [risas]. Lo asumo.

—Muchas de las canciones del disco hablan de la infancia. ¿Eso tiene que ver con el hecho de ser madre?

—Siempre he tenido la infancia muy presente, incluso antes de ser madre. Me gusta jugar, los niños y su manera de ver el mundo. Mi niña interior la he tenido muy despierta siempre. Pero sí que es cierto que, al ser madre, lo redescubres y conectas aún más con ello.

—Tanto que hasta diseñas ropa infantil.

—Sí, es LittleLia, un proyecto que tengo con mi madre, que siempre ha sido muy creativa y que me encanta.

—Hablabas antes de Drexler, Serrat y Sabina. ¿Es lo que escuchabas de joven y te metió en la música?

—Sabina y Serrat ya vienen de la niñez, porque se escuchaban en mi casa. A Drexler sí lo descubrí en la adolescencia. En ese disco veo que muchas de mis canciones tienen referencias muy claras a artistas como Mecano, Rosana o grupos del rock catalán como Sau o Sopa de Cabra, que escuchaba mucho entonces. Me influye mucho todo eso.

—¿Te reconoces en la chica que estaba en «OT» queriéndose comer el mundo?

-He cambiado, pero me reconozco. Ya era yo y lo tenía clarísimo. Ahora alucino y digo: «Pobrecita». Era muy joven.

—¿Sigues viendo el programa o eres de las que le guarda rencor?

—No, qué va. Yo tengo agradecimiento eterno. Me lo pasé genial y, gracias a que un día decidí presentarme, vino todo lo demás. Me encanta verlo. Las últimas ediciones me han enganchado especialmente. El casting estaba muy bien hecho. Noemí de directora era muy guay. Roberto Leal me encanta. Y el programa ha evolucionado en una dirección muy buena. Más libre. Se ha cantado en gallego y catalán. Ha madurado.

—¿Cuando lo ves te imaginas estar ahí otra vez concursando?

—Alguna vez lo he pensado. Concursar sí que lo veo, pero toda la locura que viene después con redes sociales y eso se la regalo a los chicos [risas]. ¡Me hubiera vuelto loca! Ya casi me volví sin eso. Ahora con Twitter, los haters y todo eso creo que no hubiera podido soportarlo.