La pareja gallega que recorrió las grandes rutas a pie del mundo

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Raúl y Alba hicieron las cuatro grandes rutas a pie del mundo y reflejan la experiencia en el documental «The Great Way», «O gran camiño», que estrenan en cines este junio
Raúl y Alba hicieron las cuatro grandes rutas a pie del mundo y reflejan la experiencia en el documental «The Great Way», «O gran camiño», que estrenan en cines este junio O Gran Camiño

Miles de kilómetros e historias rompen la quietud de las postales en la aventura de cine de Alba y Raúl, en la que hay un tercero: su perro Limón, que también ganó la compostela

07 jun 2021 . Actualizado a las 17:03 h.

Desde la salvaje cresta del Pacífico hasta un Camino de Santiago con los peregrinos contados a causa de la pandemia lleva la aventura de Raúl García y Alba Prol, dos cineastas gallegos que en el 2019 se echaron la mochila a la espalda y la cámara al cuello para recorrer miles de kilómetros por las cuatro grandes rutas a pie del mundo. Una experiencia de cine, que veremos pronto en la pantalla grande. Estreno nacional, el 25 de junio.

«Los dos somos viajeros, mochileros, por naturaleza. Y cineastas de vocación y de trabajo», comienza Raúl. Con Alba forma un tándem personal, profesional y creativo que ha superado miles de kilómetros, el mal de altura, la prueba de fuego de recorrer en cuatro meses, con una planificación abierta a fluir sobre la marcha, el Pacific Crest Trail, el camino inca a Machu Picchu, el Kumano Kodo y el camino de Santiago. ¿La pareja que camina miles de kilómetros unida permanece unida? «Hubo momentos difíciles... Pero esto nos unió. ¡No hay fallo, nos amamos con locura!», asegura Raúl. «Ser marido y mujer está por encima de todo, nunca llegamos al extremo de ‘Tú te vas por este camino y yo por el otro'», sonríen.

El audiovisual los unió, en parte al coincidir en el programa Casamos! de TVG. «Hacíamos bodas. Y entre tanto amor y amor surgió el amor...», dice Alba. Raúl asiente. En la ruta más antigua de Europa la pareja sumó a un tercero: a Santiago les acompañó Limón, el perro que les llena la voz de palabras bonitas. Y que también tiene una compostela. Lo adoptaron en la Asociación Protectora de Animales del Camino, que lo acogió tras encontrarlo abandonado en la ruta jacobea.

O Gran Camiño

Si odias los spoilers, no los sigas en redes. Pero igual no te resistes a seguirles si es fuerte el deseo de ver estampas espectaculares, templos milenarios junto a cascadas, montañas como calderos humeantes, árboles que son obras de arte. En Instagram (thegreatwaydocumentary), la pareja ofrece un largo rastro de miguitas de su viaje, historias que te permiten 24 horas asomarte a su aventura. El año xacobeo fue el pretexto (y el proyecto O Teu Xacobeo el empujón) para echar a andar un proyecto personal que «fue creciendo hasta convertirse en muchísimo más» de lo que preveían: el documental The Great Way, O Gran Camiño, que produce su pequeña empresa, Meteórica, y distribuye la productora de Lo que el pulpo me enseñó.

«Todo empezó como un año sabático que, al final, de sabático no tuvo nada, como un proyecto muy humilde... ¡y acabas trabajando con la gente que produce el documental que se acaba de llevar el Oscar!», cuenta Alba. El filme no deja de sumar menciones y premios en diversos lugares del globo, de Nueva York a Turquía, donde los pilla la publicación de este reportaje. «¡Dios mío! ¿Qué está pasando? », expresa Raúl. Y Alba: «Estamos flipando. Esto no tenía más pretensiones que emitirse en televisión, en TVG o algún canal de viajes». «Pero no sé si será el karma que dan los caminos... o que la gente quería que le quitasen de encima la sensación de confinamiento... El caso es que empezamos a enviar el documental a unos festivales de cine en enero de este año, y a las dos semanas empezamos a recibir selecciones, premios, uno tras otro», continúa Raúl.

«Al final se trata de ir a buscar historias, historias de personas, más que caminos. Lo que importa son las historias de los caminantes»

Los dos son de Ourense, pero llevan años en Santiago. «Me vine a estudiar Comunicación Audiovisual en el 2005 y me quedé. Pasé todos los días durante años por el Obradoiro, y veía las caras de los peregrinos, los abrazos, la emoción... tal como era antes del covid. Veía esas caras y decía: ‘Jo, soy de aquí y nunca hice el Camino'», era la espina de Alba. Raúl había hecho la ruta dos veces, en pequeños tramos. «Pero esto fue otra historia. Fue ‘Vamos a ir a buscar gente que camina por el mundo, a buscar las razones. Al final se trata de ir a buscar historias, historias de personas, más que caminos. Lo que importa son las historias de los caminantes», asegura Raúl.

O Gran Camiño

RUTAS FAVORITAS

La aventura dejó a la pareja varios días incomunicada. «En EE.UU. hubo veces en que estábamos a casi mil kilómetros del siguiente punto de cobertura», recuerda ella. «A mí lo que más me tocó fue ver las fronteras. El camino de EE.UU. acaba en la frontera con México, ves el alambre que divide un país y otro. En el camino vas caminando y te encuentras con personas de distintas culturas, razas, religiones... Cuando caminas eres una persona que camina. Esos compañeros de viaje son la familia que vas creando al andar, y de repente llega un momento en que hay un muro y te paras. Verlo me hizo pensar mucho que las fronteras cada vez tienen menos sentido», reflexiona él.

¿Los caminantes son muy distintos en cada ruta? «Los perfiles sí son diferentes -dice Raúl-. Los que hacen el Pacific Crest Trail son aventureros dispuestos a caminar seis meses seguidos alejados de todo, durmiendo en una tienda de campaña o en un saco de dormir a la intemperie. Son aventureros natos, gente que lo lleva en la sangre. «Se pasan semanas sin cruzarse con nadie, en la alta montaña, sin cobertura. Kumano Kodo o el Camino de Santiago -explica Alba- son caminos más relajados, en los que puedes ver todo tipo de gente... Tienen menor exigencia física, y más aporte cultural. El camino Inca es el punto medio. Son cinco días en que debes atravesar por la selva, pero solo cinco días. Es exigente, pero también es muy popular».

En el Pacific Crest Trail, su punto de partida, la pareja seleccionó el sendero de John Muir -completo solo lo hacen thru-hikers, caminantes forjados en largas distancias-. A ella el que le enamoró más de los caminos fue el inca. «Probablemente, porque fueron cinco días de desconexión total, llevábamos guía, porteadores que nos contaban historias ancestrales y, no sé, a lo mejor entré más en conexión con la tierra. Es un camino más profundo», cuenta. A él le marcó mucho el Camino de Santiago. «Lo vivimos interrumpido por la pandemia. Lo retomamos cuando se abrió el confinamiento, no había casi nadie». Hacer el camino de Santiago con su perro Limón «fue la mejor decisión» para volver a casa. «Fue bonito, como cerrar un círculo, porque el de Santiago fue el último de nuestros caminos y tenía un sentido especial recorrerlo con él, que fue abandonado en el Camino», dice Alba.

De una de sus compañeras de viaje a Compostela, una chica de Lituania, aprendieron que «no hay que pensar en superplanes para mañana, sino caminar ahora, vivir el día, sin preocuparse de nada grande, porque cualquier cosa que no esperes te puede pasar. Keep walking», invita Raúl.

Esta pareja de trotamundos que no se ven en los Goya se dejan llevar en ruta, viajan con reserva solo para una noche y van decidiendo el resto sobre la marcha. Les gusta viajar así, dejando que los pies vayan fluyendo y parando según las circunstancias del camino y las personas que se van encontrando en él. Prefieren la mochila a la maleta y mezclarse con las maneras y costumbres de la vida local al resort. «Aunque una cosa no quita la otra», matiza Raúl. Un guau-guau de Limón pone el cierre a esta entrevista, porque hay que seguir andando, ellos deben continuar su recorrido de cine, el sendero de éxito de sus caminos, que al final siempre conducen, aseguran, a uno mismo.

O Gran Camiño