Katia Hueso, educadora: «Los niños necesitan un poco de caos»

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Katia Hueso, cofundadora de la primera escuela al aire libre de España, Saltamontes, publica «Educar en la naturaleza: mejores personas para un planeta mejor»
Katia Hueso, cofundadora de la primera escuela al aire libre de España, Saltamontes, publica «Educar en la naturaleza: mejores personas para un planeta mejor»

«Estamos creando una generación que no sabe decidir por sí misma, que está siempre pendiente de que otro tome las riendas», advierte la fundadora de la primera escuela infantil al aire libre de España, que receta más juego libre

02 jun 2021 . Actualizado a las 17:34 h.

Educar en la naturaleza es una necesidad de siempre que hoy es urgente e importante, apunta la bióloga, consultora y docente universitaria en medio ambiente Katia Hueso, que acaba de publicar Educar en la naturaleza. «En educación necesitamos actualizarnos, pero actualizarnos en el sentido de relajarnos», dice la fundadora de Saltamontes, la primera escuela infantil al aire libre de España. ¡Entonces nada de ponernos las pilas, al revés! «Sí, hay que relajarse, quitar burocracia por un lado, abrir la mano en cuanto a modelos pedagógicos, pero no en cuanto a calidad... Y tener claro que no hace falta que los niños hagan fichas con 2 años».

-¿Qué beneficios tiene aprender en contacto con la naturaleza?

-Hay múltiples beneficios. Los hay a corto plazo: el bienestar que da simplemente estar ahí fuera. Y otros a largo plazo. Yo suelo distinguir cuatro grandes bloques de beneficios: los relacionados con el desarrollo, los que tienen que ver con el desarrollo cognitivo, que son los que interesan a las autoridades. Y dentro de ese bloque de desarrollo estarían los aprendizajes relacionados con las habilidades líquidas: habilidad en las relaciones, en la gestión de emociones, de conflictos, la empatía, la flexibilidad, la resiliencia... Luego está el bloque del bienestar y la salud personal, y otro, que se ve a largo plazo, es el de la salud ambiental. Llevamos mucho tiempo presionando de tal manera a la naturaleza que nos estamos quedando sin recursos. La cuestión no es tanto si el planeta va a sobrevivir como si lo vamos a hacer nosotros.

-Si hubiera que usar una palabra para definir la relación entre infancia y naturaleza, sería «injusticia», señalas. ¿Por qué?

-Los niños son receptores de nuestra manera de actuar, no tienen capacidad de gestionar ni de decidir ellos mismos. Tampoco tienen los elementos de juicio necesarios, pero no se les facilita participar en decisiones importantes que les afectan. El estilo de vida que tenemos en los países más pudientes genera un consumo y una demanda de recursos que se percibe en otros sitios, en Asia, en África, en zonas de América... donde las condiciones de vida no son tan estupendas como las nuestras.

-¿Qué urge cambiar sobre todo en los coles convencionales?

-Aquí cada uno rema en una dirección diferente. Por una parte están las autoridades; por otra, los maestros (bastante desbordados de trabajo, de trabajo burocrático), y por otra, las familias. Debería haber más diálogo, entendimiento y escucha. Las autoridades deberían abrir la mano en cuanto a oferta, no ser tan rígidos, no estar tan atados a esa herencia de los 70.

-¿Qué define a un aula de la naturaleza en España?

-La característica común que tienen todos los proyectos (en Galicia, en Málaga, en Cataluña o en el centro de la Península...) es la necesidad de crear un vínculo con la naturaleza, emocional, afectivo, sólido. Da igual el paisaje, puedes estar incluso en medio de una ciudad. La cuestión es conectar, ver qué experiencias puedes tener al aire libre. Pueden ser sencillas, desde tener un insecto en la mano, ver un arcoíris, pasar un chaparrón o una tormenta... cosas que no experimentarías de ninguna otra manera. Son experiencias determinantes en la construcción de tu personalidad y el desarrollo. En España tenemos un clima que pide a gritos aprender al aire libre. Parece inconcebible el miedo que le tenemos ya no a la lluvia, ¡sino a una nube!

-¿Son posibles modelos mixtos o educar al aire libre pide una ruptura total con el modelo que tenemos?

-En absoluto hay que romper, puedes aplicar los principios de una escuela al aire libre en un colegio normal y corriente con su patio de cemento. Pero vas a tener que tirar más de imaginación.

-Habrá que salir del aula...

-Sí, a parques, plazas..., pero sobre todo es la actitud. Un «vamos a ver qué pasa». Cuando estás fuera, no controlas lo que pasa, no puedes.

-Es interesante, aprender que no todo está bajo tu control.

-Sí, así empieza la resiliencia, que permite soportar confinamientos y cambios de rumbo grandes. Si estás acostumbrado a que todo siga un patrón, y que sea el patrón que decides tú, cualquier pequeña cosa te desestabiliza.

«El aire libre lo que te permite es espontaneidad, vivir el momento sin perder de vista lo que tienes que trabajar, lo que los alumnos deben haber adquirido al final del curso»

-Dar clase al aire libre rompe «en mil pedazos el sistema habitual» que siguen los profesores en un aula convencional, nos adviertes.

-Pero depende un poco del docente. Si el profesor es de manual, de planificación estricta, va a ser muy diferente. El aire libre lo que te permite es espontaneidad, vivir el momento sin perder de vista lo que tienes que trabajar, lo que los alumnos deben haber adquirido al final del curso. Pero, en lugar de ser el docente quien decide qué y cómo y cuándo sucede, las cosas van sucediendo y el docente las va registrando. Y si hay algo que no acaba de darse, tiene capacidad de maniobra. Pero deja mucho espacio a la libertad de los alumnos y a lo que sucede alrededor para aprovecharlo a su favor.

 «En este mundo tan competitivo, los padres pensamos: «Que haga chino, que haga violín...». Y al final el niño sabe chino, violín y macramé, pero no sabe quién es, no sabe qué le interesa de verdad»

-¿Por qué necesitan los niños el juego libre, por qué ayuda a aprender? Hoy hasta les decimos cómo deben jugar.

-Estamos creando una generación, y lo vemos ya en adultos, de personas que no saben decidir por sí mismas, que están siempre pendientes de que alguien tome las decisiones, de que otro se responsabilice, de que alguien ajeno lleve las riendas. Y eso genera una dependencia y una falta de capacidad de toma de decisiones grande. Y, a largo plazo, una falta de responsabilidad. Se está llegando a ver en algunos gobernantes, ¿no? El juego libre te da autonomía, te ayuda a tomar las riendas, les permite a los niños saber lo que quieren, quiénes son, lo que les gusta. En este mundo tan competitivo, los padres pensamos: «Que haga chino, que haga violín...». Y al final el niño sabe chino, violín y macramé, pero no sabe quién es, no sabe qué le interesa de verdad.

-¿El juego libre es hoy la gran asignatura pendiente en la infancia?

-Sí, yo diría que tenemos que empezar a aceptar un poco de caos, un caos controlado, y esto se consigue mucho a través del juego libre. Es muy enriquecedor. Debemos aceptar un cierto descontrol en nuestras vidas.

-¿En las aulas también?

-¿Por qué no? Pero también tiene que haber unos límites claros de convivencia, de respeto, de seguridad. No vale todo ni es un viva la Virgen. Son pocas normas, pero hay que cumplirlas.

-¿Deben ser pocas?

-Sí, porque con estas agendas que tenemos y que trasladamos a los niños, al final, los saturamos, no respetamos sus ritmos de sueño, de alimentación, de aprendizaje.

«En un grupo que mezcla edades, como los que tenemos las aulas de la naturaleza, el niño no percibe la presión por aprender antes»

-Pero seguimos cediendo a la prisa, poniendo atención en ver qué niño aprende antes a leer o a sumar.

-En un grupo que mezcla edades, como los de las aulas de la naturaleza, el niño no percibe esa presión por aprender antes. En un aula con una sola edad la presión es tremenda. Estamos en una sociedad que tiende a calificarlo todo, que a todo quiere ponerle una nota, y a ser posible numérica, con cinco decimales. Capacidades tan importantes como la resiliencia, la flexibilidad, la autonomía o la capacidad de adaptación son más importantes que competencias muy concretas, pero, claro, no son fáciles de evaluar. Estamos poniendo toda la carne en el asador en habilidades y conocimientos evaluables, pero son los otros (resiliencia, capacidad de adaptación...) los que le van a permitir vivir.

-A muchos les da seguridad la nota.

-Es muy cómodo, pero es un arma de doble filo. También hay padres que dicen: «Mañana tenemos examen». ¡No, no, el examen lo tiene tu hijo!

-Al no ser un modelo público en España, la escuela al aire libre se ve como elitista. ¿Lo es?

-Es elitista. Menos que un colegio privado, pero hay que poder pagarlo. Es elitista también en un sentido cultural y geográfico. Con el tiempo se irá solucionando, por lo que yo veo en otros países, donde se ha democratizado bastante este tipo de educación.

«Es importante la calma, dejar espacios para el tedio y un cierto caos»

-Danos una receta para un verano relajado y alegre con los niños. ¿Cómo lo enfocamos?

-En la medida de lo posible, hay que relajarse. No es necesario apuntarse a tres campamentos, como empieza a suceder, a menos que lo necesitemos los adultos por razones laborales, claro. No pasa nada si se aburren, si hay días que no hay nada que hacer. Esto es bueno. Es importante la calma, dejar espacios para el tedio y un cierto caos, porque es de ahí de donde salen las cosas bonitas, el aprendizaje de habilidades muy importantes, y la creatividad.