Esta tarta es para celebrar las meteduras de pata

¡Pruébala! El pastelero Christian Escribá y Pep Torres han creado esta tarta que deshace los malos rollos. Los hermanos Roca y José Andrés ya se han hecho eco


¿Tienes mal de amores? Queda con tus amigos y celébralo compartiendo The Miscake para solemnizar los malos momentos. Christian Escribá es la cuarta generación de una saga de pasteleros que comenzaron en 1906. En 1987 Ferran Adrià le pidió al maestro que le enseñara a su hermano Albert en su obrador. A partir de ahí comenzó una relación de intercambio del personal con el objeto de formarlos que duró hasta el cierre del restaurante El Bulli, en el 2011, evento donde participó Christian construyendo un buldog de merengue de 2 metros de alto. El creativo Pep Torres fue considerado en el 2009 por la revista Time como uno de los mejores inventores del mundo. Hace unos meses Pep llamó al maestro pastelero y le dijo: «He tenido una idea pero solo la llevaré a cabo si tu me acompañas y si te gusta el proyecto». El concepto del pastel es suyo, pero es un proyecto para ofrecerlo en todo el mundo únicamente mediante venta online. Los hermanos Roca ya la venden en sus heladerías Rocambolesc y el chef José Andrés ya ha contactado con ellos para introducirla en Nueva York y a partir de ahí extenderla por el resto de Estados Unidos. Los pasteleros que tienen licencia para hacer el pastel son los miscakers y para Galicia los hace Adriana Cabot, en la pastelería del mismo nombre de Arteixo

EL CONJURO

Antes de hincarle el diente a tan singular creación, hay que seguir un ritual que consiste en atravesar cuidadosamente unos palillos en la tarta, sorteando una maraña de chocolate como si se tratara de un muñeco vudú, a la vez que vamos contando el drama por el que hemos pasado. El siguiente paso es, como si fuera una queimada, recitar un divertido conjuro: «Cuando esta tarta sea comida todo el drama desaparecerá porque ningún error en esta vida una sola lágrima derramará».

Tras estas palabras mágicas, hemos de retirar los palillos junto con el lío de chocolate y, según Christian, los problemas desaparecerán. El pastelero sabe mucho de desgracias, pues hasta ahora se ha arruinado en tres ocasiones, pero ha sabido recuperarse y mirar el futuro con optimismo. Por cierto, cuando le pregunto al maestro si hay algún político que no merezca su exclusivo pastel, es tajante: «Todos tendrían que celebrar sus errores, incluso hay alguno que la merece estampada en la cara». Y es que en estos momentos tan difíciles reír es muy necesario.

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