Patricia Ramírez, psicóloga: «El cerebro no es optimista por naturaleza, hay que entrenarlo»

Señala que no solo podemos estar serenos cuando la vida nos va a favor, sino que las crisis también se pueden vivir desde la serenidad. Además, quiere desmontar la idea de que siempre se sale reforzado de las situaciones complicadas


No todo es cuestión de actitud, aunque a veces nos trasladen este mensaje. Patricia Ramírez (Zaragoza, 1971) cree que es una parte muy importante, pero hay entornos desfavorecedores que nos pueden hacer partir en desventaja. Tampoco, señala @patri_ psicologa, como se la conoce en Instagram, se sale siempre reforzado de las situaciones complicadas. «Para ello hay que elaborar un plan de acción, la experiencia de sufrimiento no llega para cambiar», señala Patricia.

- «Somos fuerza», dice el título de tu libro. ¿Tenemos de sobra?

-Más de la que creemos, solo que hasta que no tenemos necesidad, no lo descubrimos. Tenemos una reserva que solo destapamos ante la necesidad. Es como el correr, a no ser que te guste hacer running, ¿qué necesidad tienes de ponerte a correr por la calle y desgastarte a nivel físico, si nadie te persigue? Con las reservas pasa lo mismo, cuando llega la ocasión todos tenemos capacidad resolutiva. Imagínate que fuéramos por la vida dando el 100 %, sería agotador.

-¿Venimos de una época en la que hemos tenido muchas necesidades?

-Estamos pasando un mal año por la pandemia, y no solo ha llevado a una crisis de incertidumbre, sino que ha llevado a gente a perder empleo, a enfermar o estar en rehabilitación, a perder a seres queridos... Otras familias llevan sin verse meses porque viven en ciudades diferentes, como yo con mi padre, que ahora va a hacer un año y medio. Aunque no te haya afectado el virus, esta pandemia ha traído otra serie de crisis que nos están vapuleando porque ya dura demasiado.

-¿Es normal que, aunque intentemos ser fuertes, nos vayamos desmoronando?

-Completamente, porque algo importante en la resiliencia es pensar en que esto que estoy pasando y que me está afectando tanto es pasajero. Pensábamos que esta crisis iba a ser un poco más corta y parece que lo pasajero nunca llega. No tiene fin, y esto suele ser muy desesperanzador para la gente, el no verle fin a algo.

-En esta pandemia están los que lo llevan mal y los que lo llevan no tan mal. Bien, bien, deben de ser muy poquitos.

-Bien, bien, poquitos. Sí es cierto que hay personas que tienen mucha facilidad para sacarle una lectura positiva, y se la han sacado. No es lo mismo una familia con hijos adolescentes que tienen más autonomía e independencia, que te permiten teletrabajar, que viven en una casa más o menos amplia, que cada uno tiene un ordenador y wifi… A una situación con niños pequeños, donde es imposible teletrabajar, que necesitan darse un paseo porque en casa se terminan agobiando o esa familia con varios hijos que solo dispone de un ordenador y tienen que trabajar juntos en el salón. No podemos pensar que todo lo que nos diferencia para ver las cosas positivas o negativas es la actitud, sino que también tenemos una serie de circunstancias en nuestro entorno que nos facilitan o nos debilitan.

- A veces escuchamos el mensaje contrario: todo es cuestión de actitud.

- Esto es muy importante, además me parece una tiranía. Nos venden en las redes sociales, gente que no son psicólogos, que son speakers o motivadores, que si hay algo que tú controlas al 100 % es la actitud, y es completamente falso. La actitud es muy importante en la vida, porque nos permite tener esa capacidad de reacción, pero antes tenemos unos neurotransmisores que pueden funcionar mejor o peor. No todo el mundo tiene la serotonina igual de bien, hay gente que tiene que tomar antidepresivos, no todo el mundo tiene un entorno favorable en el que se ha sentido cómodo durante la pandemia, o personas que se han separado y no han tenido el apoyo de sus padres o una economía más solvente, o cuando eran pequeños no tuvieron unos padres que los protegieron, les dieron seguridad y fomentaron su autoestima… Hay gente que parte en desventaja en cuanto a su actitud, y hay que tenerlo en cuenta. Cuando se dicen frases de este tipo, que quedan muy bonitas, para mí encierran un desastre emocional y hacemos sentir culpable a la gente, porque sienten que no tienen la actitud suficiente para tirar del carro. Y lo que tienen es un entorno desfavorecedor.

-De las situaciones complicadas, ¿siempre se sale reforzado?

- No, no, y este es otro mito. La frase de que «de cualquier fracaso, uno sale mejor persona», no es verdad. Cualquier situación dura en nuestra vida, en un principio nos impacta, momentáneamente nos hace replantearnos las cosas, pero solo con eso no tenemos capacidad de aprendizaje, sino que el aprendizaje viene porque de eso que tú te has replanteado, elaboras un plan de acción. Yo he conocido gente que ha tenido un accidente de tráfico por ir hablando con el móvil, durante tres meses ha tenido miedo, pero ese miedo no le ha hecho luego no volver a coger el móvil. Lo que te lleva a no cogerlo es que cuando te metes en el coche, lo dejes en el portabultos. Esto es lo que te genera el aprendizaje, pero el simple hecho de haberlo pasado mal no te lleva a dejar de fumar o beber, si has tenido un cáncer, o a dejar el móvil, si has tenido un accidente… La experiencia de sufrimiento no llega para cambiar.

-Elaborar ese plan no es sencillo.

- No es sencillo porque no le dedicamos tiempo al autoconocimiento, la gente le dedica tiempo a cosas que no tienen mucha importancia como ver tres capítulos de una serie al día. Tiempo tenemos, pero hay que saber elegir nuestras prioridades y para la gente, a veces, esto no lo es. Después de superar una crisis, pensamos: «Ya ha pasado, ahora no me voy a poner a darle vueltas», y precisamente, es lo que tenemos que hacer.

-Salir victorioso de una situación no es sinónimo de ganar.

- No, a veces sales victorioso cuando haces renuncias, porque no todas las batallas se pueden ganar. Cuando hacemos renuncias estamos ganando salud mental. Igual no consigues el objetivo de la batalla, pero ganas un bienestar para ti que tiene más valor que lo otro.

-¿Se puede vivir un momento difícil y salir airoso?

-Claro, date cuenta de que la vida tiene que tener muchos momentos difíciles y no solo se puede salir airoso, que significa que has superado la crisis y sacado un aprendizaje, sino que las crisis se pueden vivir desde la serenidad. Que tengas una crisis no significa que tengas que estar triste y llorando, que te hundas, estés irascible, insoportable con todo el mundo, incluso en plena crisis puedes decidir regular tus emociones para vivir esa crisis desde la serenidad.

-¿Cómo?

-Cuidando nuestro bienestar y autocuidado, cosas que solemos abandonar cuando estamos en una crisis. Esto tiene que ver con la meditación, el ejercicio físico, rutinas de higiene, la alimentación, el tiempo que nos dedicamos… Suelen ser cosas que abandonamos porque en una crisis no tenemos ganas, pero realmente es muy importante porque nos ayuda a estar bien y en paz con nosotros, y desde esta emoción podemos resolver los conflictos y verlos desde otra perspectiva. No solamente podemos estar serenos cuando la vida va a favor, una persona que vive con serenidad no es que tenga la vida de cara, es que es capaz de manejar esas emociones en los momentos complicados.

-¿Cuál es la adversidad más dura a la que nos enfrentamos?

- La pérdida de los hijos. Las crisis que generan la pérdida de empleos o enfermedades, tarde o temprano, las regulas y sales de ahí, pero la pérdida de un hijo es algo que va contra natura y de lo que cuesta muchísimo recuperarse.

-¿Cuál es el recurso emocional que más nos puede ayudar?

- No sé si el más útil, pero sí de los primeros, encontrar un propósito. Yo comento en el libro que cuando nació mi hija, a los pocos días perdí a su padre. A mí lo que me ayudó a luchar y el propósito de mi vida era mi hija, poder tener una solvencia económica y trabajar duro para pagarle un colegio. Yo quería que fuera a un colegio bilingüe, como había ido yo de pequeña, para que tuviera una calidad de vida, para que no le faltara nada. Eso fue lo que me movilizaba para que yo no me hundiera.

-¡Qué mezcla de emociones: la alegría más grande y la tristeza más grande!

- Sí, exactamente. No tuve tiempo a pensar en la tristeza porque no te da tiempo a reaccionar. En ese momento priorizas y dices: «Lo más importante es la niña». Además, una como la mía que no te dejaba dormir, pues no te da tiempo ni a llorar.

-Y cuando solapas una emoción y no le das espacio, ¿qué sucede?

-Sí hay que darle espacio a la emoción, hay que escucharla, pero cuando se solapan varias, creo que tu instinto en ese momento tiende a escuchar la emoción de la supervivencia.

-¿La otra emoción a la larga acaba saliendo? ¿El bajón vino después?

-Esa cuestión es algo que yo me he planteado durante veinte años, me decía: «¿Cuándo vas a caer?». Igual no he caído de forma brusca, pero sí que he pasado momentos durísimos. Cuando han aparecido, he tirado del apoyo social, tengo un grupo de amigos que es una bendición, y de esas actividades que me ayudan a regular mis emociones, como el ejercicio. Y no dramatizar, a mí me gusta mucho el humor y trato de ver la parte humorística de la vida.

-¿El optimismo se entrena?

- Sí, porque el cerebro no tiene la capacidad de ser optimista por naturaleza, al revés, lo que hace es buscar las amenazas, las cosas que pueden salir mal, porque es la manera que hemos tenido de sobrevivir, nos ayuda a ponernos a salvo. Hoy en día vivimos una vida en la que estamos bastante a salvo, no hay nadie persiguiéndonos en la sabana, y tenemos que educar a nuestro cerebro para fijarse en la parte positiva. Yo lo llamo entrenar al cerebro para el placer anticipatorio, y normalmente lo que hacemos es el miedo anticipatorio y la ansiedad anticipatoria: «¿Y si me contagio?, ¿y si es grave?, ¿y si se muere mi padre?, ¿y si me quedo sin trabajo? Anticipar todo eso, aunque luego no ocurra, nos genera un sufrimiento enorme. Tenemos que entrenar al cerebro para todo lo contrario: «¿Y si no me contagio? ¿Y si salimos bien de esta?, ¿y si resulta que mi empresa se reinventa?» Vamos a mirar la otra parte también.

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