Beatriz Mora, psicóloga de la Clínica López Ibor: «Que los niños no vean los rostros o las expresiones, puede traer problemas de interacción social en el futuro»

Esta profesional de la salud mental señala que las peticiones de consulta han aumentado considerablemente principalmente por episodios de ansiedad y depresión. «Sería insano que esta situación no nos afectara anímicamente», subraya


Beatriz Mora, coordinadora de psicología de la Clínica López Ibor, un referente en el campo de la salud mental a nivel nacional, advierte de las consecuencias psicológicas que puede desencadenar esta pandemia a medio-largo plazo, aunque insiste en que debemos diferenciar entre tristeza o desilusión puntualmente, debido a estas circunstancias, de una depresión. Explica que es normal, a estas alturas, sentir cansancio o agotamiento, aunque no cree que esto derive en un incumplimiento de las normas. «Lo que sí podemos generar es un sentimiento de indefensión, es decir, «estoy haciendo las cosas bien y haga lo que haga parece que no avanza, asegura. 

-La salud mental de todos se está viendo afectada por la pandemia aunque no nos demos cuenta. ¿En qué se refleja?

-Sobre todo en el cansancio y en el agotamiento por lo que está durando esta situación. Todos, en algún momento, hemos podido sentir estrés, ansiedad, angustia, preocupación, incertidumbre… pero estamos preparados, porque igual que tenemos un sistema inmunitario a nivel físico/fisiológico, también lo tenemos a nivel psíquico y podemos soportar esa sobrecarga a nivel emocional. Ahora bien, cuando esta situación se alarga en el tiempo empezamos a ser más vulnerables y a flaquear, vemos restringidas muchas de las acciones de nuestro día a día y esto tiene que afectar psicológicamente sí o sí.

 -¿Cómo lo podemos notar?

-Tristeza, apatía, desilusión… No podemos confundir, ojo. Los estados emocionales están el día a día, y el sentir tristeza o desilusión puntualmente debido a estas circunstancias no tiene que significar caer en una depresión. Eso sí, si estas emociones se prolongan en el tiempo y afectan a otras áreas de la persona, corremos el riesgo de padecer un episodio depresivo o de ansiedad, y esto nos puede restar funcionalidad en nuestro día a día.

 -¿Cuánto tiempo tardaremos en recuperarnos emocionalmente?

-Todo dependerá del individuo, pero tenemos una gran capacidad de adaptación al medio. En función de cómo sea la persona, de la personalidad que tenga, de su actitud, de sus recursos y estrategias para afrontar dificultades, costará más o menos, y en ese costarles más podrá tener afectación en la salud mental.

 -Dicen que la mayor parte de la población desarrollará estrés postraumático. ¿Esto en qué se traduce?

-Yo discrepo un poco. Es verdad que los profesionales que han podido estar en primera línea, o personas muy afectadas por esta situación, pueden haber sufrido un trauma. Es decir, es una situación emocional muy intensa y puede tener esa afectación, pero yo no considero que sea un porcentaje mayoritario de la población.

 -Las peticiones de consulta han aumentado considerablemente. ¿Cuál es el principal motivo?

-Han aumentado muchísimo los episodios de ansiedad y depresión, porque o bien la persona ha ido perdiendo capacidad y funcionalidad en su día a día o por la afectación que ha podido tener por la pérdida de seres queridos, sentimientos de soledad… Eso se va interpretando como vacío, desesperanza, y prolongados en el tiemp, provocan esa desactivación, que es lo que significa caer en un estado depresivo. Por otro lado, todo el miedo, la preocupación por el virus ha acrecentado muchísimo síntomas de ansiedad, sobre todo, al principio de la pandemia, donde teníamos que tener unos protocolos de higiene muy exhaustivos, de lavado de manos, de limpieza… Todo eso se ha podido magnificar y llevar al extremo, que al final deja de ser sano, porque centramos nuestra vida en comprobaciones, rituales de limpieza, y puede llevar a conductas muy impulsivas de ansiedad. También el miedo al contagio, el no salir de casa, el aislarse de la interacción social conduce a la desesperanza, desánimo, desilusión, miedo irracional o preocupación exacerbada. Y los efectos colaterales, no solo la pérdida de seres queridos, también la incertidumbre laboral, que ya se vivió en la anterior crisis. 

 -La mayoría de los ciudadanos muestran signos de cansancio, ¿esto deriva en un incumplimiento de las normas?

-No quiero creer eso, porque somos seres racionales y salvo excepciones, como hemos visto, no ha sido la mayoría. Pese a todas las restricciones, seguimos siendo coherentes y responsables. Eso no significa que no podamos quejarnos, de hecho, hacerlo es sano. Otra cosa es la actitud que tengamos, porque instalarnos en la queja no nos sirve de nada. Es necesario liberar ese malestar para reconducirlo hacia algo útil y sano, porque de lo contrario, va afectar a tu equilibrio emocional. Lo que sí podemos generar es un sentimiento de indefensión, es decir, «estoy haciendo las cosas bien y haga lo que haga parece que no avanza», que tiene un peligro, porque nos hace decaer y supone un coste emocional más fuerte.

 -A estas alturas de pandemia, ¿habría que equilibrar las restricciones con el agotamiento físico y mental?

-Hay que tener en cuenta la afectación mental que todo esto tiene, y para ello se está trabajando, los profesionales de la salud estamos cuidando estos aspectos y dando las recomendaciones oportunas para reconducir, cuidar y prevenir, y no llegar a ese punto. Pero a veces hay que evaluar coste-beneficio. Tenemos que tomar las soluciones más eficaces, a pesar de que las consecuencias puedan deteriorar otros aspectos. Es más importante controlar el virus y los contagios que el desgaste emocional que esta situación pueda tener, dentro del equilibrio y de los niveles que vamos avanzando. Si comparamos el mes de abril del año pasado con el de este, hemos avanzado mucho.

 -Dicen los expertos que esta situación nos ha llevado a un estado predepresivo, que hará que un acontecimiento "x" desencadene un estado de angustia o depresivo, y que este será el principal problema al que nos vamos a enfrentar.

-No lo comparto del todo. Es cierto que si se van acumulando estresores y estamos algo vulnerables emocionalmente por esta situación, ese estresor más puede ser acumulativo y esa vulnerabilidad nos puede llevar a caer, por ahí puede ser, pero los profesionales estamos trabajando para intentar aliviar, reparar o ayudar a aquellas personas que en este momento puedan necesitar un empujón para restablecer de nuevo su equilibrio. Además, muchas veces lo que nos puede llevar a esta situación, y es un peligro, es caer en la resignación. Pensar que después de esto va a venir otra cosa, y otra, y esto es lo que nos hace perder cualquier posibilidad de evolución o de mejora. También se ha hablado mucho durante este proceso, y tenemos que tenerlo muy presente, de la capacidad de resiliencia que tiene el ser humano. Es una cuestión de actitud, de no caer en esa resignación, sino de trabajar la capacidad resolutiva y ver opciones de poder salir adelante.

 -Ya hemos escuchado eso de que la siguiente pandemia será la de la salud mental… ¿estás de acuerdo?

-La salud mental está afectada, y no porque ahora estemos pasando esto. Tenemos una cultura y una trayectoria en la que ha habido mucha estigmatización con la salud mental, muchos prejuicios, y a día de hoy, quedan resquicios. Ir al psicólogo tiene una connotación bastante negativa en la sociedad y en nuestro entorno, no se acepta. Hemos avanzado muchísimo, pero queda todavía por trabajar. Esta situación a medio-largo plazo puede tener sus consecuencias, porque ha habido muchos cambios en nuestra forma de vivir y de entender el mundo, y hasta que se pueda recuperar, si es que algún día podemos recuperar esa normalidad, nos va a costar, y la afectación que eso pueda tener es importante, significativa, y vamos a tener que trabajarlo todos. Empezando por los niños, que aunque han tenido mucha capacidad de adaptación, son mucho más flexibles, y por esa espontaneidad, tienen una capacidad de valorar las cosas y verlas con cierto matiz de humor, incluso, de optimismo y de ilusión, pero, evidentemente, el cómo se están enfrentando a un mundo donde no ven expresiones, no ven rostros, vamos con mascarillas, donde se extrañan cuando alguien se la quita y ven la cara completa… esto a medio-largo plazo va a traer problemas en la interacción social que habrá que reconducir.

 -Según una encuesta del CIS, más de la mitad de los encuestados se ha sentido muy triste o deprimido.

-Hay que diferenciar un estado emocional de una depresión o de una ansiedad. Evidentemente ha tenido un impacto emocional, sería insano que no nos hubiera afectado, no seríamos personas si no sintiéramos preocupación, miedo o angustia por todo lo que ha pasado y las consecuencias que puede tener. Hay que normalizar las emociones, validarlas, y entender que el sentirse preocupado ante esta situación es normal, lo que no sería normal es que nos generara indiferencia. Estamos en un sistema en el que huimos de las emociones desagradables, y tiene que ser todo lo contrario, porque son adecuadas a las circunstancias que las desencadenan y nos sirven para aprender y valorar. Esa emoción está advirtiendo que se ha roto un equilibrio en una estabilidad y tenemos que hacer algo con ella, ser capaces de aceptar y adaptarnos a ese cambio. Si no hacemos eso, y nos empeñamos en que la vida tiene que ser maravillosa y en estar siempre felices, vamos a tener serios problemas.

 -Me hablabas de los niños, podemos ver en los próximos meses problemas de comportamiento como una forma de manifestar todo esto que estamos viviendo.

-Ya los estamos viendo. Los niños no tienen la madurez ni los recursos a nivel cognitivo, y su manera de expresar cuando algo no les gusta o están cansados es través de las conductas. Desde todos los ámbitos, familia, sistemas educativos… se están haciendo muchísimos esfuerzos por paliarles lo máximo posible el impacto que todo esto puede tener. También la adolescencia, es una etapa muy compleja en el ser humano, y evidentemente, podemos tener muchos problemas de conducta, porque la persona está desarrollando la personalidad, su identidad, está buscando su sitio en el mundo. Ha sido difícil para ellos porque todo esto les ha restado y también es la etapa de rebeldía por naturaleza, de transgredir los límites con la familia y la sociedad, y esto ha sido como una prueba dura de adaptación, de echar el freno, de valorar consecuencias complicadas en el momento que están viviendo ahora mismo, de ahí la dificultad que muchos de ellos han tenido para cumplir las normas.

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