Ana Souto, neumóloga: «Desde la exposición al amianto hasta el desarrollo de un cáncer pueden pasar 50 años»

La especialista del Chuac habla del de José María Íñigo y alerta de que tumores como el de ovarios o colon también pueden estar relacionados con la inhalación


Una baldosa, un tejado o el freno de algún coche pueden contener amianto. Prohibido desde todo lo fabricado a partir del 2002, muchas estructuras antiguas continúan teniéndolo. Si las fibras de ese asbesto se desprenden y las inhalamos de forma intensa y continuada, tendremos el riesgo de desarrollar algún tipo de patología relacionada con el amianto. «La más grave es el mesiotelioma maligno, un tumor de la pleura infrecuente, pero que sabemos que es causado directamente por el amianto. Es el que tenía José María Íñigo», señala Ana Souto, que forma parte de la Consulta de Asbesto del servicio de Neumología del Chuac.

-¿Qué enfermedades derivan de la exposición al amianto?

-La exposición al amianto, a las fibras del asbesto, con el paso de los años sabemos que puede derivar en varias cosas. Una es que simplemente tengas rasgos de la exposición, que se traduce en enfermedades pleurales benignas. Pero es cierto que se hace una vigilancia porque el tiempo en el que se pueden presentar las enfermedades relacionadas con el amianto pueden ser de hasta diez, veinte o incluso cincuenta años después de la exposición. El período de latencia, es decir, el tiempo desde la exposición hasta el desarrollo de la enfermedad, puede llegar hasta ahí.

-¿Qué es lo que hace del asbesto algo tan peligroso para el organismo?

-El asbesto es un buenísimo material para las obras porque aísla, es económico y con muchísimas ventajas, pero el problema es que no se digiere por nuestro cuerpo. Cuando lo inhalamos, eso deriva en una especie de efectos en nuestro organismo que se traducen en alteraciones pleurales benignas. Eso es lo más frecuente, es decir, la mayoría de los expuestos, si tienen algo, son este tipo de alteraciones. Mayoritariamente, en forma de placas pleurales, como parchecillos en la pleura -membrana que recubre las paredes de la cavidad torácica y los pulmones-. Pero estas placas en sí no son una enfermedad, no limitan la función pulmonar. Después hay otro tipo de enfermedades pleurales también benignas, como puede ser un derrame pleural, líquido en la pleura. Generalmente se autolimita, se resuelve en un tiempo, y es un diagnóstico de exclusión, es decir, para el cual no encontramos otra causa alternativa.

-También las hay limitativas.

-Sí, puede afectar al parénquima, al tejido pulmonar, en forma de fibrosis. Esto sí que ya puede tener limitación funcional para el paciente. Y también sabemos que el asbesto se relaciona con cáncer. En el de pulmón tiene un papel el asbesto, también el tabaco, y se potencian. Pero aunque solo fuera asbesto, también tiene riesgo de cáncer. Se multiplica el riesgo de los que fuman si también se exponen al asbesto, pero ambas tienen riesgos de potenciar el cáncer de pulmón independientemente. Pero hay un tumor de la pleura, el mesiotelioma maligno, que es infrecuente pero que sí sabemos que es causado directamente por el amianto.

-El que tenía José María Íñigo.

-Sí. Este sí que es un tumor muy complicado de tratar. Se presenta con dolor, para diagnosticarlo hacen falta muestras ya un poquito grandes y su tratamiento depende del estadío en el que se coja, pero es quirúrgico, con quimioterapia... Es un tumor de mal pronóstico, porque la pleura empieza a crecer desordenadamente. Pero también hay otros tipos de tumores cuya relación con el amianto está reconocida, como es el de laringe, ovario y también digestivos como los de faringe, esófago, intestino o colon.

Hay casos excepcionales en los que encuentras placas pleurales y te dice el paciente: «¿Yo? Si nunca trabajé con amianto»

-Casos como este demuestran que no es necesario manipularlo o trabajar en la construcción para padecer cáncer a consecuencia del amianto.

-Sí, pero fíjate que también ha salido estos días la noticia sobre la empresa Uralita y de la sentencia que reconoce a los vecinos de la zona. Es que es un riesgo el vivir cerca de una fábrica de asbesto. Trabajar en un sitio que lo contiene por supuesto, pero vivir cerca también si no se toman todas las medidas de protección garantizadas, por así decirlo. De hecho es lo que parece que estima la sentencia. Hay sentencias clásicas de enfermedades reconocidas de familiares, de personas que lavaban la ropa de los empleados de Navantia en Ferrol, por ejemplo.

-A pesar de su prohibición, hay muchas casas con tejado de amianto. ¿Supone un riesgo?

-Está prohibido desde el 2002 para todo lo nuevo, pero claro, quedan muchas construcciones previas de amianto. Es un riesgo por las partículas que se desprenden. El riesgo viene del contacto y de la manipulación, porque las inhalas. El mayor riesgo está en las obras, o cuando se quita el revestimiento de buques antiguos en los astilleros, o en casas en las que se reforma. Tienen que ir con equipos especializados, y los vecinos no estén allí.

-¿Hay muchos casos?

-Llamarle enfermedad a la placa pleural me cuesta, porque es un marcador de exposición. Hay más de casos de fibrosis pleural hay como grados, lo más frecuente es que sea una afectación leve y que el paciente sea asintomático. Pero a ese paciente lo que tenemos que hacer es seguirlo. El riesgo de la enfermedad sí que sabemos que se relaciona con la intensidad y el tiempo de exposición. Cuantas más fibras haya en el ambiente y más tiempo pases desprotegido, más posibilidades tienes, aunque la exposición sea intermitente.

-También tratáis el tabaquismo, ¿tenéis datos de cuánto afecta en comparación con la exposición al amianto?

-El tabaco es el mayor arma de destrucción masiva que hay hoy en día, sigue siéndolo. No tiene parangón en cuanto a mortalidad y malignididad. El mesiotelioma sí que no tiene que ver con el tabaco, porque es directamente por el asbesto. El tabaco sí tiene que ver con el cáncer de pulmón, el 90 % está relacionado con el tabaquismo. En nuestra área sanitaria, del 2012 al 2018 en nuestra consulta de Vía Rápida de Cáncer se diagnosticaron 12 casos de mesotelioma y más de 1.400 de cáncer de pulmón.

-Las revisiones son fundamentales.

Cualquier persona con sospecha tiene que revisarse. Que le hagan una radiografía de tórax, una espirometría. Nosotros además de la consulta de neumología general tenemos una consulta monográfica en A Coruña, dedicada a la exposición al amianto, con todos los procedimientos necesarios para un diagnóstico, como la criobiopsia, y también la unidad de pleura y la cirugía torácica. Y luego cualquier médico que crea que la enfermedad del paciente que tiene delante puede ser por la exposición al asbesto, tiene obligación de notificarlo. Para eso existe un modelo de declaración al INSST para que reconozca la enfermedad y se reconozca como profesional si tiene relación con el trabajo. Es importante saber que el derecho del trabajador a que se reconozca una enfermedad como profesional no caduca, aunque este haya fallecido, como es el caso de José María Íñigo. Además, para el sistema sanitario los gastos derivados serían a cargo de las mutuas o del INSST.

-¿Resulta difícil identificar la relación de determinadas enfermedades con el amianto?

-El mesiotelioma sí que es fácil reconocerlo, porque no puede tener otra causa, pero para el resto se piden biopsias de pulmón y demás para objetivar que en el pulmón hay fibras de asbesto. Incluso se hace también a veces en autopsias.

-En cualquier caso, este no es un problema del pasado.

-Es cierto que en nuestra área no tenemos el problema de prevalencia que tienen en Ferrol, con una consulta monográfica que funciona varios días por semana. Nuestro nivel de peso de la consulta en A Coruña es menor, porque aquí hay menos empresas relacionadas con el amianto. En Galicia desde al año 2001 se tiene una especial sensibilidad en este tema y creo que estamos avanzados en cuanto a la organización del sistema para vigilar. Cuando el trabajador está en activo, la vigilancia se realiza por la mutua. Pero como en estas enfermedades el período de latencia es tan largo, muchas veces ya han dejado de trabajar.

-Suelen ser enfermedades de tipo laboral, ¿pero tenéis pacientes que no las contraen así?

-Una cosa es una exposición puntual por una obra, por ejemplo, con un riesgo menor, que la de quien está trabajando continua e intensamente expuesto.

-¿Los casos se mantienen o van a menos?

-Lo esperado, como el tiempo de latencia es tan largo, es que aún estemos en momento de que vayan a más. Las medidas hace treinta años tampoco eran las mismas que ahora, había otro conocimiento. Ahora nos parece impensable estar sin protegerse, pero antes no era así, y llevaban los monos a lavar a casa. Las empresas relacionadas con la exposición al amianto tienen ahora la obligación de informar, todo se está regulando mucho más para que se reconozca como enfermedad profesional. Porque la realidad que vimos cuando trabajé en Ferrol es que no solo es Navantia. Son también las empresas auxiliares. Es que el amianto está en los frenos de los coches, no es solo la placa que te imaginas del techo o del barco. En baldosas de hace treinta años también está. A veces te encuentras placas pleurales y te dice el paciente: «¿Yo? Si nunca trabajé con amianto». Y le dices: «Pues alguna cicatriz parece que tiene». Pero estos casos son casi excepcionales.

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